Port Sudán.- 27/1/2026 – Millones de niños y niñas en Sudán han perdido casi 500 días de aprendizaje desde que comenzó la guerra en abril de 2023. Una situación que se ha convertido en uno de los cierres escolares más largos del mundo, superando los peores cierres durante la pandemia de COVID‑19, según Save the Children.
Un nuevo análisis de Save the Children sobre la magnitud de la crisis de emergencia en Sudán se publica antes del Día Internacional de la Educación, que fue establecido para destacar el papel que desempeña la educación en la paz, el desarrollo y la ruptura del ciclo de pobreza.
En todo Sudán, más de 8 millones de niños y niñas —casi la mitad de los 17 millones de niños y niñas en edad escolar del país— han pasado unos 484 días sin entrar en un aula. Esto es un 10% más que los aproximadamente 440 días de clase perdidos durante la pandemia de COVID‑19 en Filipinas, que fue el último país en reanudar la enseñanza presencial regular tras la COVID. Pocos conflictos modernos han cerrado las escuelas durante tanto tiempo.
A diferencia de la pandemia, el aprendizaje a distancia no es una opción para la mayoría de los niños y niñas en Sudán, donde más de 1.000 días de combates han interrumpido la educación en todo el país, destruido familias y devastado comunidades.
Una de las peores crisis educativas del mundo
Sudán se enfrenta ahora a una de las peores crisis educativas del mundo, con muchas escuelas cerradas mientras otras han sido dañadas por el conflicto o están siendo utilizadas como refugios para familias desplazadas, dejando a los niños y niñas sin lugares seguros para aprender y a millones de ellos, cada vez, con menos posibilidades de completar sus estudios.
El estado de Darfur del Norte, donde el conflicto continúa, es la región más afectada, con solo el 3% de más de 1.100 escuelas abiertas. Kordofán Occidental, Darfur del Sur y Darfur Occidental siguen en la lista de las regiones con menor número de escuelas en funcionamiento, con un 15%, 13% y 27% respectivamente, según datos del grupo educativo de Sudán que se publicarán esta semana.
Además, muchos docentes no han recibido salarios durante meses, lo que afecta gravemente a la moral y obliga a algunos a abandonar sus trabajos. «Sin financiación inmediata para pagar y formar a los docentes, restaurar los espacios de aprendizaje y proporcionar suministros educativos esenciales, el sistema educativo corre el riesgo de un colapso total», ha advertido Save the Children.
La educación en contextos de crisis salva vidas: protege a los niños y niñas de la violencia, el abuso sexual y de género, la explotación y la reclutación por parte de grupos armados.
Un salvavidas
La directora ejecutiva de Save the Children International, Inger Ashing, ha viajado por Sudán este mes, visitando escuelas y centros en Port Sudán, Nilo River y Jartum: “los niños y niñas que han huido de una violencia inimaginable en Sudán merecen más que solo seguridad: merecen la oportunidad de aprender, de tener esperanza y de reconstruir sus vidas. La educación no es un lujo para la infancia; es un salvavidas que los protege de la explotación, el matrimonio infantil y el reclutamiento en grupos armados. Proporciona seguridad, estabilidad y esperanza para el futuro”.
“Conocí a Amina, una niña de 9 años que vivía en Jartum cuando comenzó el conflicto y se vio obligada a huir. Perdió casi un año de escuela. Hoy, al igual que otros niños y niñas con los que hablé, camina varios kilómetros cada día sola para asistir a clase. Amina me contó lo feliz que está de volver con sus amigos y aprender de sus maestros. Su actividad favorita es escribir en inglés”, ha añadido la directora ejecutiva de la ONG. “Para llegar a cada niño y niña, debemos escucharlos y encontrar las formas —y la financiación— para ampliar este apoyo y cerrar las brechas de aprendizaje. Cada niño y niña en Sudán tiene derecho a una educación y a la posibilidad de perseguir sus sueños —ser médicos, enfermeras, maestros e ingenieros, como me dijeron los niños y las niñas esta semana—. No podemos fallarles”, explica Ashing.
La ONG en derechos de la infancia pide “urgentemente” más fondos para restaurar y ampliar servicios educativos seguros y de calidad, rehabilitar escuelas dañadas y proporcionar al personal docente condiciones de trabajo justas. “Si no apoyamos la educación ahora, una generación entera crecerá sin oportunidades y quedará atrapada en un futuro marcado por el conflicto”, concluye la directora ejecutiva.

