«Cuando una norma es injusta, lo correcto es desobedecerla»

Cayetano Manchón

Daniel Arenas lleva más de 10 años vinculado a Greenpeace realizando labores de coordinación, formación o activismo.

Daniel Arenas lleva más de 10 años vinculado a Greenpeace. Dentro de la organización ha desarrollado roles de coordinación, formación, comunicación y divulgación. Durante 8 años coordinó el grupo de voluntariado de Valencia, pero lo que más le apasiona es el activismo. Como él mismo afirma, confía en la acción directa y no violenta como una herramienta de transformación social.

Todos tenemos en la retina aquellas imágenes de activistas descolgadándose de torres de refrigeración, irrumpiendo en actos empresariales y gubernamentales o bloqueando petroleros con balsas inflables. Pero, ¿qué hay detrás de estas acciones? El activismo ambiental requiere un compromiso firme, una formación específica y una fortaleza mental que permita seguir adelante ante la frustración ecológica. 

¿Cómo empieza tu vinculación a Greenpeace?

Yo entro en contacto con Greenpeace allá por el 2014, que es cuando entré en el grupo local de Valencia. Sin embargo, mi vinculación con las causas que defienden viene de mucho más atrás. Cuando estaba en la ESO, tenía una profesora que impartía Conocimiento del Medio y nos hablaba en aquella época (2008) de temas como el Protocolo de Kyoto y demás. Es en ese momento cuando descubrí lo que significaba el ecologismo y que había gente que luchaba por preservar el planeta. 

Más tarde, en 2009, fue mi primer contacto con la organización. Vi en la televisión (por aquella época aún abríamos telediarios) como Greenpeace irrumpía en el evento de la COP15, en Copenhague, con una pancarta que decía “Los políticos hablan, los líderes actúan”. Ahí es cuando supe que quería estar ahí.

A partir de ese momento fui informándome un poco más hasta que en 2014 conocí al grupo de voluntariado de Valencia, el cual no sabía ni que existía. Me invitaron a una reunión de bienvenida y empecé a echar una mano en todo lo que podía dentro de la organización.

¿Qué diferencias establece Greenpeace entre voluntariado y activismo?

La diferencia principal es que en el voluntariado no hay ningún riesgo legal, más allá de algún caso concreto, es un tipo de ayuda más relajada en ese sentido. Por otro lado, el activismo que lleva a cabo la organización sí que pueden conllevar ciertos tipos de riesgo legal.

¿En función de qué factores prioriza la organización un tipo de causa u otra a la hora de actuar? 

Greenpeace tiene un marco estratégico en el que hay unas metas y unas palancas de cambio. A partir de estas directrices se llevan a cabo unas líneas de trabajo. 

De esta forma, cuando hay que hacer incidencia en cierta problemática, desde la parte de voluntariado se realizan una serie de actividades de sensibilización, charlas informativas, etc., que vayan en esa misma línea.

Para Greenpeace, la acción directa no violenta, que son las actividades que más puede conocer la gente, no es la primera opción. Siempre se intenta utilizar la palabra para proponer soluciones y demás.

¿Contáis con una serie de parámetros o ‘líneas rojas’ a la hora de llevar a cabo estas acciones directas no violentas?

Una de nuestras máximas es el pacifismo. Entonces, cuando los activistas vamos a realizar una serie de acciones, tenemos que hacernos una serie de preguntas.

La primera pregunta es si mi integridad física o la de otra persona está en riesgo, si la respuesta es ‘sí’, paramos. No tiene sentido seguir.

Si la respuesta es ‘no’ lo siguiente que hay que preguntarse es si lo que vamos a hacer es violento. De nuevo, si la respuesta es ‘sí’, no seguimos adelante. 

Por el contrario, si la integridad física propia y la de otras personas no está en juego, la acción no es violenta y está en línea con el objetivo, adelante. 

¿De qué manera se lleva a cabo la formación del activista dentro de Greenpeace?

Hay una serie de formaciones con unos manuales y unas herramientas para que tú obtengas ese conocimiento.

Más allá de eso, hay mucha gente que tiene miedo a la desobediencia civil o a la protesta, por las posibles consecuencias que puedan tener. Por ello, en los campamentos de activismo que realizamos, informamos a la gente sobre todo el abanico de posibilidades que hay cuando se realiza una acción, cómo se suele desarrollar, qué tipo de roles hay dentro, etc.  

Más allá del impacto social, con vuestras acciones buscáis un impacto mediático que dé visibilidad a la causa que defendéis. En este sentido, ¿cómo crees que ha cambiado el tratamiento de los medios hacia el activismo?

Hoy en día estamos sobresaturados de información. Cualquier persona con un móvil en la mano, sin serlo, puede ejercer de periodista en cualquier momento. 

Antes, tenía que venir, sí o sí, el medio de comunicación con sus cámaras, mandar las cintas, etc.  Ahora, en cambio, prácticamente le tiene que enviar la organización los materiales a los diferentes medios de comunicación. En ese sentido, digamos que tienes que ‘liarla mucho’ para abrir un telediario.

Además, las presiones de las grandes empresas y multinacionales influyen mucho. Estas compañías invierten mucho dinero en publicidad, por lo que una cadena o un medio no va a arriesgarse a dar voz a las críticas que pueda haber contra una empresa con la que colaboran publicitariamente. 

¿Cómo gestionáis la respuesta de las autoridades policiales cuando lleváis a cabo estas acciones disruptivas?  

Al final están haciendo su trabajo. Ellos siguen unas órdenes si tienen que desalojar el espacio y demás.

Por nuestra parte, somos amables, respetamos, mostramos una actitud pacífica y entendemos también lo que están haciendo estas personas. 

¿Qué diferencias crees que hay entre el activismo en España y el de otros países?

Cada país tiene una legislación y ese es un factor diferencial. Yo, personalmente, he participado en alguna acción en Francia o Portugal y he de decir que el trato con la policía ha sido bastante similar al de aquí. 

En general, más allá de las diferencias que pueda haber a nivel legal, diría que la forma de hacer activismo es bastante similar en todos los países. Por lo menos en lo que yo he podido experimentar. 

¿Hay alguna acción reivindicativa de la que te sientas más orgulloso por el impacto que haya tenido?

Hace unos años, con todo el tema de los combustibles fósiles y la descarbonización en España, llevamos a cabo una acción en Galicia en la que Greenpeace pintó una brecha en una torre de refrigeración, simulando la brecha que se hace en el carbón, de la que emergía un sol. Fue una acción preciosa y muy visual.

Además, con los años, España ha eliminado el carbón. Por ello, esta acción quedó como un símbolo de esa victoria ecologista. De hecho, nos consta que a día de hoy sigue pintado ese sol.

¿Has notado una evolución en la conciencia ecológica colectiva en España?

Yo creo que sí. Sí que es verdad que llevamos muchísimos años dando un tipo de discurso desde las organizaciones ecologistas. Por ello, en los últimos años ha habido un aumento de gente que en sus conversaciones del día a día habla de estos temas. 

Más allá de eso, también hemos tenido fenómenos como la figura de Greta Thunberg que han dado mucha más fuerza a los movimientos ecologistas.

¿Cómo se gestiona la frustración de luchar por una causa sabiendo que, sin el compromiso de los poderes gubernamentales o fácticos, no se logrará un cambio real?

Es complicado. Nosotros al final, cuando creemos que una norma es injusta, lo correcto es desobedecerla y que por más que intenten silenciarnos, vamos a estar ahí. Y seguiremos.

Desde que entré en la organización, y con la suerte que he tenido de haber participado en tantas acciones, yo encadenado es como más libre me he sentido. Por más que lo intenten, vamos a estar ahí.

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