Madrid.-19/10/2026-. Con motivo del Día de las Personas sin Hogar, que se celebra el próximo 25 de octubre, Cáritas ha lanzado una campaña bajo el lema “Un hogar, un lugar al que pertenecer”. Esta iniciativa ha contado por cuarto año consecutivo con la participación de personas que han vivido o viven situaciones de sinhogarismo.
Sus testimonios reflejan con claridad la dureza de esta realidad: “El primer derecho que necesitamos es que nos traten como seres humanos, y no como una lata que no sirve para nada. Mi sueño es poder tener una vivienda para poder tener conmigo a mis hijos”, asegura Libertad, una persona acompañada por Cáritas Córdoba.
“Detrás de estas situaciones no hay cifras ni etiquetas. Hay personas. Personas con historias de dolor y lucha, de pérdida y resistencia, de caídas y esperanza. Personas que, demasiadas veces, han sido reducidas a estereotipos como ‘sin techo’, ‘indigente’ o ‘pobre’, invisibilizando todo lo que son y todo lo que pueden llegar a ser”, señala María Santos, responsable de la campaña y del programa de Personas sin Hogar de Cáritas Española.
La campaña de Cáritas busca ampliar la mirada sobre esta realidad y recordar que el sinhogarismo va mucho más allá de la imagen de quien duerme en la calle. “El sinhogarismo supone la ruptura del vínculo más esencial para cualquier ser humano: el hogar. Es la pérdida de la familia que sostiene, de la red que protege y de la certeza de contar con un lugar en el mundo donde desarrollar la propia vida con dignidad y plenitud”, añade Santos.
Crisis social y residencial
La realidad de las personas en situación de sin hogar en España refleja una crisis social y residencial profunda y persistente que afecta cada vez a más personas y familias. El año pasado, Cáritas acompañó a 44.475 personas en situación de sin hogar, un 3,8 % más que el año anterior.
Entre los principales factores que empujan a estas situaciones destacan la pérdida de empleo, la imposibilidad de acceder o mantener una vivienda por su elevado coste, los desahucios o los procesos migratorios forzados.
“En cada una de estas historias comprobamos, día tras día, cómo la vulneración reiterada de los derechos fundamentales empuja a muchas personas hacia situaciones cada vez más extremas de exclusión social. Aunque seguimos acompañando sus procesos de recuperación, detectamos graves dificultades para acceder a derechos básicos como la vivienda, la salud, el empleo, la protección social o la participación ciudadana”, explica Santos.

