MADRID, 18/07/25. Ya es una realidad que el pasado mes de junio fue el más cálido en España desde que comenzaron los registros de la Agencia Española de Meteorología (Aemet) en 1961. Este calor de récord pone de manifiesto la peligrosidad de las altas temperaturas, así como las carencias que presenta el país ante una situación que, según los expertos, será la tónica general durante los próximos años.
Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC), el verano tan extremo que se está viviendo en España es «consecuencia directa» del calentamiento global causado por actividades humanas.
Un informe del IPCC publicado entre 2021 y 2023 advirtió que las olas de calor extremas que antes se producían cada 50 años ahora ocurren «casi cinco veces más a menudo«. Además, este estudio asegura que en las zonas del Mediterráneo y el sur de Europa, el riesgo de calor extremo está muy por encima del promedio mundial.
En este sentido, otro estudio publicado por el IPCC en 2022 bajo el título ‘Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad‘, estableció que España es una región «altamente vulnerable» a olas de calor en la que en los próximos años aumentarán las noches tropicales, los golpes de calor mortales y la pérdida de rendimiento laboral y agrícola.
Ante esta preocupante situación, convendría que el país estuviese sensibilizado y preparado a la hora de mitigar los efectos desastrosos de las temperaturas extremas. Sin embargo, por lo que se ha podido comprobar durante las últimas semanas, aún queda mucho trabajo por hacer en este sentido.
Mortalidad
El sistema de monitorización de la mortalidad diaria por todas las causas (MoMo) elaborado por el Instituto de Salud Carlos III estima que en el mes de julio se produjeron entre 380 y 407 muertes en España atribuibles a las altas temperaturas. Esta cifra multiplica por 10 las del mismo mes en 2024 (32 fallecimientos), lo que confirma que se trata del mes de junio más letal hasta la fecha en este sentido.
Las personas mayores son las más vulnerables en cuanto a la mortalidad del calor extremo. Sin embargo, más allá de esa peligrosidad constante, en muchos casos estas muertes pudieron ser evitables.
El episodio más sonado, tal vez sea el que se produjo el pasado sábado 28 de junio en Barcelona, cuando una trabajadora de limpieza del Ayuntamiento de Barcelona falleció poco después de finalizar su turno, en un día en el que se registraron temperaturas superiores a 35 °C.
En este sentido, es necesario apelar al sentido de la responsabilidad de las instituciones públicas y privadas para evitar que los trabajadores desempeñen sus tareas en condiciones tan extremas como las que se están viviendo este verano.
Por otro lado, también hay que hacer hincapié en las negligencias individuales que ponen en riesgo la vida de otros seres humanos. Este es el caso de un niño de 2 años que murió en el interior de un coche a causa de un golpe de calor en Valls (Tarragona) el pasado 1 de julio.
Según las primeras investigaciones, el padre del menor se fue a trabajar sin recordar que había dejado a su propio hijo encerrado en el interior del vehículo en unos de los días más calurosos del año en toda Cataluña.
Pobreza energética
La pobreza energética es la incapacidad de un hogar para mantener condiciones térmicas adecuadas, ya sea por falta de ingresos, precios elevados de la energía o el mal aislamiento de la vivienda.
Este tipo de pobreza es una situación de vulnerabilidad que se suele asociar al invierno. Sin embargo, durante las olas de calor, estos hogares se enfrentan a unas condiciones que en algunos casos puede conducir a golpes de calor mortales.
Según la Fundación Renovables, en España se estima que más del 17% de la población vive en condiciones de pobreza energética en verano. Además, según un estudio de la Red Europea contra la Pobreza, estos hogares sufren temperaturas interiores superiores a 30 ºC durante las olas de calor, unas temperaturas muy por encima del umbral saludable.
Falta de recursos públicos
Por otro lado, la falta de medios y de recursos no solo afecta a la individualidad del hogar. Sobre las instituciones gubernamentales recae la responsabilidad de adaptar los espacios públicos, en la medida que sea posible, a las altas temperaturas estivales.
Según un estudio llevado a cabo por varias universidades y publicado en la revista de Investigaciones Turísticas de la Universidad de Alicante, España dispone únicamente de 2.122 refugios climáticos, lo que supone uno cada 23.000 habitantes.
Los refugios climáticos u “oasis urbanos” son espacios de libre acceso, al aire libre o cubiertos que ofrecen condiciones ambientales agradables, como pueden ser sombra, agua potable o climatización.
Los autores de este estudio consideran que la falta de refugios puede tener efectos perjudiciales en la salud pública y señalan que «incorporar estos espacios en el tejido urbano es una estrategia clave para mejorar el confort térmico, tanto para residentes como para visitantes».
Estos oasis urbanos son fundamentales para asegurar en los municipios de todo el país unas condiciones vitales mínimas. En este sentido, los parques públicos son uno de los pilares fundamentales para aclimatar las ciudades. Sin embargo, en algunas ciudades como Madrid, los vecinos no comprenden, ya no la negativa a crear nuevos espacios, si no el cierre de los ya existentes justo en los días de más calor.
Más allá de las labores de prevención a largo plazo, las temperaturas estivales extremas son ya una realidad con la que todos debemos lidiar. Es necesario un ejercicio de reflexión y actuación por parte de las instituciones públicas (más allá de la responsabilidad individual) para paliar los efectos inmediatos de un calentamiento global que encuentra en el verano su mayor arma.

