Madrid.-07/10/2026-. Ciudades Habitables: proximidad, cuidados y vínculos humanitarios es el nombre de una jornada que ha permitido analizar cómo la revolución demográfica, el envejecimiento de la población y las desigualdades territoriales exigen replantear el diseño urbano para lograr modelos de ciudad que prioricen los cuidados y la calidad de vida.
La Fundación Cruz Roja Española ha celebrado la quinta sesión de los encuentros Conversaciones Humanitarias generadoras de Talento, un foro dedicado a la reflexión sobre los grandes retos sociales donde se ha abordado la necesidad de redefinir los modelos de ciudad. Ha contado como moderador con el periodista Sergio C. Fanjul y ha contado con Carlos Moreno, de la Sorbona; María Ángeles Durán, catedrática de Sociología y Alexandre Kalache, epidemiólogo.
Un examen
Al abrir la sesión, Sergio C. Fanjul planteó a las personas ponentes qué criterios mínimos debería cumplir una ciudad para ser considerada habitable. Fanjul aportó su propia experiencia criando a su hija de cinco años en el barrio de Lavapiés (Madrid), destacando la hostilidad espacial y horaria de las grandes urbes, pero también la fuerza de las redes comunitarias invisibles que sostienen la crianza colectiva.
Carlos Moreno señaló que el primer requisito es que la ciudad «no enferme ni física ni mentalmente». Recordó que la contaminación y la falta de zonas verdes provocan patologías fisiológicas, mientras que el ritmo urbano genera un estrés crónico y soledad. Citando varios informes, advirtió que la soledad urbana equivale al impacto de fumar 13 cigarrillos al día. Por ello, defendió la necesidad de garantizar un entorno limpio, espacio público para la sociabilidad y «tiempo útil» para vivir.
Por su parte, María Ángeles Durán contrapuso las ciudades que crecen porque ofrecen empleo a las «buenas ciudades». A su juicio, una ciudad habitable debe ser segura, evitando el estrés derivado del miedo, y disponer de capacidad redistributiva para atender a quienes no pueden obtener recursos en el mercado, especialmente niños, personas mayores, dependientes y colectivos migrantes.
Alexandre Kalache resumió sus exigencias en tres aspectos: el protagonismo de los mayores escuchando sus demandas; el combate directo al edadismo como «el último gran tabú social»; y la eliminación de las desigualdades territoriales, recordando los históricos estudios de la doctora Vicky Zonzini en Leganés sobre la precariedad en el envejecimiento urbano.

