¿Cómo puede una bici vieja cambiar la vida de un colegio? ¿Cómo es que entre el alumnado causa tanto revuelo la ‘jubilación’ de un tándem? Estas son algunas de las preguntas que le rondaron a Nacho Niño, director de “El último vuelo del tándem”, cuando se lanzó a realizar este documental. El segundo día de rodaje, tras escuchar los testimonios de los padres, madres y estudiantes de la Escuela IDEO, lo entendió. Cuando hay voluntad y conciencia social, casi todo es posible.
Este documental cuenta el último viaje de Órbita, un tándem que llevaba años consiguiendo que infancia con diversidad funcional no se sintiera excluida y participara en actividades con bici. El vídeo reportaje ayuda a creer en el arte y la cultura como herramienta crucial para transmitir historias humanas, crear conciencia y servir de inspiración para otras personas.
¿Cómo surge la idea del documental? ¿Por qué decidís contar esta historia?
Todo empieza porque mis hijos son alumnos de la Escuela IDEO. Yo ya sabía que era un colegio que utiliza mucho la bicicleta a la hora de realizar actividades deportivas para promocionar la movilidad sostenible. A partir de ahí, a raíz de hablar con profesores y demás, nos enteramos de que existe un tándem en el cole que utilizan para que alumnado con diversidad funcional pueda montar en bici, como el resto.
Tras hablar con David, una de las personas que tuvo la idea de esta iniciativa, desde la productora decidimos lanzarnos a contar la historia de este tándem, que tiene más de 40 años y que estaban a punto de jubilar. Aunque nos dedicamos a la producción audiovisual más enfocada a empresas, desde GameTV creímos que era una historia curiosa y que merecía la pena contarla.
Empezamos grabando el último recorrido del tándem, que se trata de una etapa de 100 km para recaudar fondos y comprar uno nuevo. Sin embargo, durante una jornada posterior de grabación, cuando entrevistamos a las familias y a los niños y niñas de la escuela, nos dimos cuenta de todo lo que había detrás. De la importancia de esta iniciativa para la escuela.
¿Qué busca “El último vuelo del tándem”? ¿Qué impacto espera provocar?
Lo que buscábamos fue visibilizar una historia que no sabíamos que existía. Conforme la fuimos conociendo, creímos que la gente debía enterarse de este curioso proyecto.
Por otro lado, también se busca concienciar de que todas las personas, con sus necesidades, pueden requerir ayuda en algún momento de su vida. En este sentido, se busca inspirar a otras familias o a otros centros educativos a llevar a cabo proyectos similares. Es decir, si un tándem tan viejo ha sido capaz de ayudar e integrar así a tantos niños y niñas, imagina la de cosas que pueden utilizarse para iniciativas similares, desde instrumentos musicales hasta herramientas deportivas.
Nosotros hemos retratado lo que hay, sin intención de hacerlo más bonito o más feo. Por eso creo que tiene tanta fuerza el mensaje. En definitiva, con que haya algún padre, madre o profe al que le inspire el documental, ya habrá valido la pena.
¿Qué os ha aportado al equipo de grabación el conocer de cerca esta historia y a sus protagonistas?
El día de grabación con las familias, los niños y las niñas, todo el equipo se quedó impactado. Cuando ves a esos padres y a esas madres contar lo que cuentan y cómo lo cuentan te hace cambiar un poco tu perspectiva, salir de tu bucle diario y ver que hay cosas que realmente importan.
Personalmente, como padre de tres hijos, me emocionó mucho escuchar esas historias.
En general, ¿cómo puede el arte, y en concreto la producción audiovisual, generar conciencias, empatía o sensibilización social?
Creo que lo importante, sobre todo en el género del documental, es intentar retratar sin edulcorar. Esto es algo bastante complicado algunas veces.
Yo creo que lo primordial es contar la historias como son, ya que de por sí, los temas sociales tienen mucha fuerza. Obviamente, influyen recursos audiovisuales como la música, los planos o las entrevistas, pero son aportes que lo que hacen es ayudar a contar la historia de forma más clara.
En cuanto al documental social, creo que hay que olvidarse del género y estar dispuesto a que te cuenten una historia sin prejuicios previos. Además, el hecho de aunar el entretenimiento y la sensibilización social es muy importante. En este sentido, directores como Javier Fesser lo saben hacer muy bien: consiguen que te lo pases genial delante de una pantalla al mismo tiempo que transmiten unos mensajes muy potentes que socialmente construyen.
En un mundo dominado por la dopamina audiovisual, ¿por qué es importante utilizar el arte y la cultura para crear productos más trabajados y que den voz a causas sociales?
En general hay proyectos que te aportan más que otros. En ese sentido, las historias que tratan de construir algo desde la perspectiva social siempre te van a aportar más.
Luego hay otra cuestión de saber adaptar los mensajes. Es decir, si hoy en día es todo dopamina y velocidad, hay que pensar de qué forma trabajar en este tipo de formatos, ya que cambiar el consumo de la gente es muy complicado.
Sin embargo, también es importante que el público (sobre todo el público joven) tenga cierto criterio para combinar contenidos más instantáneos con otros productos más elaborados y que aporten más. Hay momentos que sí toca prestar atención de otra manera a contenidos trabajados que traten de transmitir valores y concienciar.
¿Crees que en el mundo de la producción audiovisual interesa contar historias de carácter social?
Para empezar, yo no creo que el ámbito del documental social sea un negocio al no tratarse de grandes producciones tipo ‘blockbuster’. Por ello, este tipo de contenidos se realizan con otra intencionalidad que no sea la monetización pura y dura. Esto hace que sea más difícil que proliferen estos contenidos en la industria.
Yo pienso que el documental social es un género que debería ponerse a disposición de la televisión pública, abriendo líneas de trabajo en esta dirección. Sería fantástico si se crearan más huecos y espacios a creadores de este ámbito.
Aun así, vuelvo a lo de antes, si estos contenidos no generan audiencia, hasta la televisión pública está condicionada y se puede mostrar reticente a apostar al 100% por este tipo de producto.
En general, creo que es muy importante crear contenido social que sepas que va a llegar a la gente, que sea atractivo y que interese.
Y desde el público, ¿cómo podemos impulsar este tipo de contenidos?
Lo más importante que puede hacer el público es compartir. Por ejemplo, nuestro documental está en Youtube y es de libre acceso, por eso creo que es positivo que todo aquel al que le haya interesado ponga de su parte y se preste a compartirlo.
Al final el público es ‘el dueño del mando’ en el mundo audiovisual; cambia y elige. Sin embargo, cuando a la gente se le recomienda algo, sí que presta algo más de atención. La fuerza de la recomendación o del ‘boca-oreja’ es crucial en la sociedad actual.
Por otro lado, hoy en día también hay altavoces potentes, como pueden ser los influencers. Este colectivo creo que tiene que empezar a tener cierta responsabilidad social y desde la sociedad debemos ‘exigírsela’. Son figuras públicas que llegan a miles de personas y no deberían acotarse a contenidos que promocionan por pura monetización.
Más allá de las acciones solidarias que realizan puntualmente, creo que es importante que utilicen su altavoz, que en muchos casos es más potente que el de los medios de comunicación, para promocionar ciertas causas que, aunque no les genere dinero, van a ayudar a la construcción social.
Antes has hablado de proyectos que consiguen combinar el entretenimiento y la sensibilización social, ¿cómo se puede crear un producto entretenido que también sirva para concienciar?
El ‘qué voy a contar’ y el ‘cómo lo voy a contar’ es clave en la producción audiovisual. Por ello, hay que pensar siempre en cómo va a consumir el espectador nuestro contenido. En este sentido, el entretenimiento es el mejor vehículo para concienciar al público sobre cualquier causa social.
Como he dicho antes, esto es algo que directores como Javier Fesser realizan de forma muy certera: a través del humor consigue transmitir valores tan importantes como la integración.
En definitiva, cuando realizas productos audiovisuales, es importante entender que no lo haces para ti, sino para la audiencia. Hay que determinar a quién queremos llegar y como queremos llegar para que el mensaje cale entre el público.
La historias sociales siempre van a estar ahí, por lo que hay que encontrar la fórmula para darles visibilidad. Y en este sentido, el entretenimiento siempre va a ser una buena vía para conseguirlo.

