A través de la crisis humanitaria de Ceuta están saliendo a la luz carencias, grandes y pequeñas, en estos territorios. Las necesidades que existen en las dos ciudades autónomas, más allá de la crisis migratoria. Aunque parezca mentira, la ciudadanía también participa de otras preocupaciones. Temas de los que no se habla pero que forman parte de la vida diaria.
En Melilla, por ejemplo, existe un voluntariado que defiende el bienestar animal. José Valdivieso es el presidente de la asociación Huellas de la Solidaridad y desde este espacio de compromiso nos cuenta cómo se vertebra el voluntariado animalista en un territorio demasiado olvidado cuando no se activan las alarmas.
¿Cómo nace este proyecto? ¿Qué te hizo ver que los gatos en Melilla necesitaban ayuda?
Personalmente, me impliqué en el mundo de las colonias felinas a partir de la pandemia. Durante aquella época, cuando paseaba a mi perra por la periferia de Melilla, me encontraba con muchos gatos que estaban completamente abandonados, sin nadie que les diera de comer. A partir de ese momento, fui llevando comida a los felinos de estas zonas hasta que se acabó generando un nexo irrompible. Es decir, lo que empezó como algo ocasional se fue convirtiendo poco a poco en un compromiso ético.
Con el paso del tiempo, me di cuenta de que estos animales necesitaban mucho más que comida, por lo que cada vez me fui involucrando más. De esta forma, en octubre de ese año, creamos la asociación para dar respuesta a toda la problemática a la que se enfrentaban los gatos de la calle, además de demandar respuestas a las administraciones para tratar de que acabasen con este problema.
Por otro lado, durante aquella época también existía un problema con la rabia entre los animales de Melilla, muchas veces contagiada a través de los perros que venían de Marruecos. Por ello, comenzamos a crear refugios para salvar a los gatos de zonas en las que se propagaba esta enfermedad. Y así, poco a poco, estos refugios pasaron de ser una solución temporal para convertirse en algo permanente.
Durante los cinco años que lleva activo este proyecto, ¿cómo ha cambiado la labor de las personas voluntarias que lo conforman?
Al principio, todo empezó con nuestros recursos propios. Más tarde, conforme nos fuimos organizando, comenzamos a buscar la colaboración de las diferentes administraciones públicas a través de subvenciones de la Dirección General de Derechos de los Animales o la ayuda de la administración de la Ciudad Autónoma. Todo ello nos abrió la posibilidad de profesionalizar la gestión de la entidad y de poder contratar a más personas para que las personas voluntarias pudieran centrar sus esfuerzos en distintas labores.
Por otra parte, con el tiempo, también pudimos centrarnos en otros aspectos, como las campañas de concienciación, la creación de un mega refugio felino o el hecho de trabajar con asociaciones de mayores para que puedan realizar diversas actividades con nuestra entidad.
¿Qué diferencia hay entre atender una colonia felina y gestionar un refugio?
La principal diferencia se basa en el nivel de compromiso. En un refugio, la vida de los gatos depende enteramente de ti: si les fallas, el gato se muere. Es decir, se requiere un nivel de compromiso absoluto para que estos animales estén bien alimentados, vivan en unas condiciones higiénicas y reciban los tratamientos sanitarios que necesitan. Por otro lado, las colonias felinas están formadas por animales que viven en la calle y que tienen otros recursos y vías para poder subsistir y moverse libremente.
Desde tu experiencia, ¿qué nivel de involucración observas en el voluntariado de Melilla?
Melilla es una ciudad que tiene unas circunstancias diferentes a las de la península. Desde mi experiencia, te puedo decir que la implicación ciudadana aquí es menor, aunque esto no quiere decir que no exista.
Un buen ejemplo de todo esto es el programa de control de colonias felinas que realiza la Ciudad Autónoma. Existen muchísimas personas dispuestas a alimentar a estos animales, sin embargo, no se hace de forma responsable: muchas personas dejan la comida de malas formas en las puertas de las casas, lo que hace que se atente contra el bienestar de los animales y la salubridad de las calles. Además, existen muchas labores más allá en las que no todas las personas están dispuestas a colaborar, como puede ser el tema de las castraciones, la vacunación, la identificación, etc.
En definitiva, diría que en Melilla existen personas muy implicadas en el voluntariado, pero no las suficientes para hacer frente a muchas situaciones que requieren de la labor del voluntariado.
¿Qué labores realizan esas personas voluntarias que sí están comprometidas con la labor de la entidad?
Lo más importante es la alimentación y las capturas. En cuanto a esto último, algo crucial en una ciudad como Melilla, en la que la población felina estaba totalmente descontrolada, es la castración de estos animales.
Por otro lado, está la parte veterinaria. En este punto se presta especial atención a aspectos como la castración, la vacunación, la desparasitación, etc. Estas acciones son muy importantes, ya no para el bienestar animal, si no para la salud pública en general.
Además, en muchas ocasiones también generamos mobiliario para que los gatos puedan refugiarse los días en los que les pueden afectar las inclemencias metereológicas.
¿Cómo detectáis que un gato que vive en la calle necesita ayuda?
Hay tal cantidad de animales que necesitan ayuda que el verdadero problema, el conflicto ético es no poder atenderlos a todos.
En este sentido, cualquier gato que viva en la calle precisa ayuda de algún tipo. En la asociación recibimos muchas peticiones vecinales pero por un tema de logística y de recursos no podemos llegar a todo. A pesar de las colonias y refugios con los que contamos, ya no tenemos donde acoger a más animales.
¿Dónde termina la labor del voluntariado y empieza la de la administración pública?
En un mundo ideal todas las labores que realiza el voluntariado las deberían realizar las administraciones públicas. Sin embargo, siendo realistas, la mayoría de estas administraciones no tienen ese nivel de sensibilidad animalista.
Dicho esto, tanto desde Salud Pública como desde las administraciones de la Ciudad Autónoma sí sentimos algo de respaldo, como se está viendo en las diferentes asignaciones presupuestarias durante los últimos años. Lo que ocurre es que las medidas se van produciendo de forma lenta y paulatina.
En definitiva, todavía se tiene que mejorar mucho en este aspecto y falta mucho por hacer, pero sí que hemos observado que se van dando pasos para implicarse más en el bienestar animal.

