José Luis Rabadán es un psiquiatra especialista en adicciones, ligado desde hace décadas a UNAD, la Red de Atención a las Adicciones. Tal y como relata, esta organización surgió hace 40 años durante la crisis de la heroína, como respuesta al problema que había en las calles. El coraje de muchas madres propició la unión de un grupo de asociaciones que demandaban recursos y servicios para hacer frente a una auténtica epidemia entre sus hijos e hijas. De ahí nació UNAD, una organización que sigue, a día, acompañando a las personas con problemas de adicciones y luchando contra el estigma social.
¿Cómo han cambiado las adicciones y su concepción en el siglo XXI? ¿Qué diferencias hay respecto a otras épocas?
La principal diferencia es que ha aumentado el número de personas que tienen problemas con las drogas, porque también ha aumentado el número de sustancias. Hace unas décadas nos centrábamos casi exclusivamente en la heroína, que afectó a un porcentaje de la población. Ahora mismo hablamos de drogas estimulantes, o de la marihuana y el hachís (de las que no hay conciencia de peligro), también están las adicciones sin sustancia, como el juego… En general, existe una variedad de tan amplia que cada vez hay más personas adictas.
Otra cosa que observo es que parece que la sociedad ha olvidado lo que pasó en el pasado. Por ejemplo, en las encuestas del CIS de hoy en día, cuando se pregunta cuáles son los mayores problemas de España, las drogas no suelen estar más abajo del puesto número 30. Sin embargo, en los años 80 y 90 estaba entre los tres primeros.
¿Cuál es la media edad actual a la que se inicia el consumo?
Pues estamos hablando de edades muy, muy tempranas. La prevención es la gran asignatura pendiente de las adicciones en España. Parece que no está funcionando, por no decir que ya no se hace prevención. Las dificultades económicas que se vivieron en el 2008 dieron lugar a recortes y abandono de las prácticas de prevención. Ya casi no se destina dinero público. Nosotros ya avisamos desde UNAD de que no se debía de ahorrar en este sentido y que además esa inversión no se iba a recuperar nunca. Con el tiempo y la mejora de la economía, se ha demostrado que, desgraciadamente, teníamos razón.
Creemos que no hay que ser cortoplacistas en este asunto. Como la prevención es un proyecto a largo plazo, se ve como un gasto y no como una inversión. Pero es una inversión necesaria.
¿Qué sustancias están generando más alarma en la actualidad?
Las alarmas son un poco ‘periodísticas’. Por ejemplo, el tema del fentanilo es algo que la prensa no ha tratado como debía, porque se ha mezclado el fentanilo de uso médico (con un gran control médico) con lo que ha pasado en Estados Unidos.
El fentanilo supone un problema en los EEUU desde el año 96, y fue potenciado por farmacéuticas que lo vendían como la ‘panacea’. Sin embargo, no se empezó a tomar conciencia hasta que un cantante murió de una sobredosis y la prensa y la sociedad comenzaron a echarse las manos a la cabeza.
Muchas veces se trata de una cuestión de conocimiento y moralidad. Hay una organización que trabaja con UNAD, Energy Control, que se dedica a ir a festivales para analizar las drogas que consume la gente. Tú sabes que el consumo existe y de lo que se trata muchas veces es de paliar los efectos que produce este consumo. En este sentido, hay mucha gente que consideraba estos programas como inductores del consumo, pero no es así. Por poner un símil, lo compararía con las campañas que promocionan preservativos para luchar contra enfermedades venéreas: no es que se esté promocionando el sexo, sino una forma segura de practicarlo.
¿Ha cambiado el perfil de las personas que consumen? ¿Se ha roto ya el estigma del “adicto típico”?
Nosotros estamos continuamente haciendo campañas contra esa percepción, porque consideramos que el estigma hacia las personas adictas es un problema.
Aquí también entra en juego la autoestima, ya que ese estigma hace que estas personas se sientan avergonzadas de relacionarse con el resto de la sociedad y eso les afecta a la hora de acceder a centros de rehabilitación. La sociedad les hace pensar que es un vicio y no un problema.
Eso es algo contra lo que seguimos luchando continuamente, y si hablamos de mujeres, es aún peor. El estigma contra las mujeres adictas es muy grande: son descalificadas por su entorno y se las ve como malas mujeres, malas madres…
¿Existe relación entre violencia de género y adicciones?
Sí; desde luego que la hay. De hecho, en UNAD hemos desarrollado un proyecto con la Universidad de Salamanca que se llama Comunidades GPS (Generadoras de Saberes, Participativas y Sociales) con el que pretendemos detectar y tratar a mujeres víctimas de violencia de género que tienen problemas de adicciones.
Que una mujer que está siendo maltratada, beba mucho me parece lo menos importante. El problema es el maltrato. Se da la paradoja de que en la mayor parte de las provincias españolas no hay centros especializados para las mujeres, en los que se puedan tratar la violencia de género y las adicciones a la vez. De hecho, hay centros donde atienden a las víctimas de violencia de género, pero que si detectan que una es mujer adicta, no la admiten. No ven la relación entre ambos problemas.
Desde su experiencia médica, ¿cuáles son las claves para detectar una adicción a tiempo?
Hay que tener en cuenta que el uso de drogas, se produce, sobre todo, en la adolescencia, que es una época de cambios hormonales. Los padres tienen la obligación de estar pendientes para conocer esa realidad. En este sentido, creo que los padres de hoy en día apenas saben lo que hacen sus hijos y sus hijas, y el conocimiento es muy importante para saber qué les puede estar pasando.
En general, las personas adictas tienen un denominador común: la ocultación. Pero hay muchas veces que cuando “les pillan”, lo agradecen. Es decir, se quitan un gran peso de encima al verse forzadas a hacer frente a un problema que mantenían en secreto y sin posibilidad de ayuda.
¿Cómo se diferencian las adicciones físicas de las psicológicas en su tratamiento?
Al dejar de consumir sustancias que son depresoras del sistema nervioso central, como la heroína o el alcohol, se produce un síndrome de abstinencia físico, para el cual hay una medicación específica. En estos casos se lleva mejor la recuperación.
Sin embargo, las drogas estimulantes, como la cocaína o las metanfetaminas, producen un síndrome de abstinencia psíquico que es mucho más difícil de abordar. En este caso, se podría decir que no es medible, ya que influyen factores como ver a un amigo que consume. Hay un claro deseo psicológico porque hay muchas situaciones que se asocian con el consumo.
En el caso del síndrome de abstinencia psíquico hay que ‘reeducar’ la forma de disfrutar del ocio y del tiempo libre, lo cual es algo muy difícil porque no hay ningún tratamiento médico específico.
Desde UNAD defendemos los tratamientos biopsicosociales, que son planes integrales. Lo digo como médico que es consciente de la necesidad de que haya colaboración de los tres ámbitos (biológico, psicológico y social) para que exista una recuperación real.
¿Qué cambios legislativos o políticas públicas urge implementar para abordar mejor las adicciones?
Yo pienso que lo punitivo no sirve absolutamente para nada. Hay que facilitar las supresiones de condena a personas adictas.
Algo que ha hecho mucho daño en este sentido es la ‘Ley Mordaza’. Antes, si te pillaban con algún tipo de droga, te daban la opción de cambiar el pago de la sanción por un tratamiento serio en una organización reconocida.
Nosotros creemos que desde las instituciones se debe ayudar a las personas que lo quieran dejar y no poner innumerables sanciones a las mismas personas.
¿Cuál es el mayor reto al que nos enfrentamos en materia de adicciones?
El mayor reto es lograr que aumente la edad de inicio en el consumo. Hay muchos estudios internacionales que dicen que atrasando la edad de inicio hay un porcentaje muy grande de probabilidades de que la persona no consuma determinadas sustancias. Y si la consume, al menos, que no lo haga de forma tan nociva.
Otro reto importante es que los años de consumo hasta acceder al tratamiento se reduzcan. Aquí hay que hacer un gran esfuerzo.

