Graduada en Psicología y con experiencia en residencias y administraciones públicas, Elena Laguía dedica su semana a acompañar, ayudar y apoyar a personas mayores de la comarca del Rincón de Ademuz, en la Comunidad Valenciana. Nos habla sobre la soledad no deseada en zonas rurales y en cómo atajarla. Ella pone el foco en factores como la ausencia de familiares, la falta de transportes y en conceptos como el auto edadismo y la necesidad de aprender a envejecer.
¿Cómo empezaste a colaborar en la Fundación Colisée?
Cuando acabé la carrera de psicología empecé a trabajar en la residencia de personas mayores Ademuz, capital de la comarca. Estuve dos años en esta residencia y surgió la posibilidad, de entrar en el programa de la Red de Acción Rural de la fundación, que ya llevaba un par de años en funcionamiento.
También estuve trabajando en el Ayuntamiento de Teruel en programas sociales y de juventud.
¿En qué se basa tu trabajo en la Fundación Colisée?
Básicamente, consiste en acompañar y escuchar, que es algo muy necesario y a lo que, a veces, se le da poco valor, pero es muy importante.
Trabajo con personas con niveles de soledad altos. Muchas veces la única persona con la que hablan en toda la semana es conmigo. Hay veces que tocamos temas profundos y delicados, pero en otras ocasiones es, únicamente, contarme cómo les ha ido la semana.
¿En qué se basa vuestra Red de Acción Rural?
Es un programa de acompañamiento para personas mayores que tiene el objetivo de reducir la soledad no deseada en el ámbito rural.
Desde la fundación impulsamos una red de apoyo en la comarca del Rincón de Ademuz a través del acompañamiento psicosocial y también de la dinamización de actividades comunitarias.
Son muy importantes las visitas, el acompañamiento e intentar implicar a estas personas en su comunidad, pues de nada sirve que tú vayas semanalmente si luego no consiguen dar ese último paso para volver a implicarse.
El objetivo es ser intermediaria y que sean ellos y ellas las que acaben involucrándose en su comunidad. Por este motivo, tenemos dos líneas de actuación: el acompañamiento individual semanal y la dinamización de actividades.
¿Qué tipo de actividades lleváis a cabo?
Tenemos dos actividades que realizamos de manera fija durante todo el año: el Rincón del Ocio y el Huerto Intergeneracional.
El primero consiste en talleres de estimulación cognitiva, pues un buen nivel cognitivo puede ser un factor de protección frente a la soledad. Son espacios abiertos en los que hacemos lecturas, tertulias y donde estas personas mayores puedan hacer algo que les motive para que sigan viniendo y socializando.
Por su parte, el Huerto Intergeneracional se basa en que los tres colegios de la comarca y los beneficiarios de nuestro programa hacen un huerto y, cada semana, acudimos a él para ver su evolución y seguir plantando cosas nuevas. Los mayores van, enseñan sus conocimientos a los más jóvenes y a final de curso recogemos todo lo sembrado y hacemos un taller de cocina conjunto.
Para las personas mayores es una manera de reforzar su sentimiento de utilidad y empoderarlas, mientras que las mas jóvenes es enriquecerse de todo ese legado y aprender del peso cultural de su zona, la agricultura y de cómo trabajar esa tierra.
Al ser pueblos pequeñitos, se ven fuera del aula y les hace mucha ilusión. Se saludan, se conocen y se ponen cara. Es una actividad preciosa y de la que estamos viendo mucho beneficio.
¿Hay complicidad con las autoridades locales?
Sí, por supuesto. Sin el apoyo de la Administración y las entidades de la zona sería prácticamente imposible llevar este proyecto a cabo. Cuando comenzó este plan, se realizaron exploratorias de la zona y reuniones con las residencias, ayuntamientos, mancomunidades y servicios sociales.
En el caso de la soledad no deseada en zonas rurales, ¿qué factores pueden terminar provocándola?
El índice de despoblación. En las aldeas, por ejemplo, hay gente que vive con ocho vecinos más en todo su municipio. Estas personas, incluso viviendo en pueblos más grandes, nos comentan que están solas en sus calles y que, en el caso de que les sucediese algo, nadie las vería porque nadie pasa por ahí.
Otro factor es la falta de servicios, pues el centro de salud está en Adamuz, mientras que en el resto de los municipios solo hay médicos itinerantes que van un número de veces por semana a pasar consulta, pero también existe un problema muy grave con la falta de médicos y enfermeras. Asimismo, otros factores agravantes son la falta de farmacias y de transportes que conecten a todos los pueblos.
Estamos hablando de muchas personas mayores cuyas parejas han fallecido y que sus hijos están fuera porque aquí no tienen oportunidades laborales. Otros factores son la discapacidad, los problemas de salud y la renta.
¿Crees que se subestima mediática y políticamente esta problemática de la soledad no deseada en zonas rurales?
Sí, por supuesto. Creo que se normaliza, principalmente con las personas mayores. No por ser mayor tienes menos derechos ni debes dejar de relacionarte con la comunidad. Existe un enorme prejuicio e, incluso, auto edadismo: “¿para qué voy a salir con la edad que tengo?”
Precisamente, uno de los puntos por los que quisimos abrir este programa en el mundo rural fue porque se habla poco de la soledad no deseada y, cuando se hace, se habla de las grandes ciudades y de las zonas urbanas.
¿Puedes ampliar el concepto de auto edadismo?
Es algo que los machaca por dentro y es muy difícil de trabajar, pues es un pensamiento que traen desde años atrás. Es muy relevante trabajar el cómo envejecer y poner en marcha planes para después de la jubilación y aprender a hacernos mayores.
Yo tengo muchos beneficiarios cuya vida, en estas zonas rurales, se ha basado en trabajar, trabajar y trabajar. Una vez dejan de hacerlo, ya no saben qué hacer ni se permiten hacer nada ni disfrutar de la vida, al igual que lo que comentaba antes sobre las personas que han perdido a sus parejas.
Estamos poniendo el foco en las personas mayores pero también trabajáis con personas jóvenes…
Sí. De hecho, trabajamos en colaboración con el servicio de juventud de la mancomunidad para actividades como un huerto intergeneracional y otras actividades. Muchas de estas personas jóvenes se tienen que ir de estas zonas porque no hay recursos.
Hablabas de los factores que pueden causar esta problemática, ¿cuáles son las consecuencias?
Las consecuencias de la soledad son la ausencia de salud física, mental o la calidad de vida. También hay consecuencias a nivel cognitivo e, incluso, económico. Los costes se elevan por esta soledad y provoca una saturación de las consultas médicas.
La soledad no deseada en zonas rurales no solo es un problema social, afecta a toda la estructura de una comarca.
¿Algo más que quieras añadir?
Sí. Quería comentaros otra iniciativa que hemos puesto en marcha aquí: el consejo de salud. Un espacio de participación ciudadana donde tratamos todo lo relacionado con la salud comunitaria de la comarca y donde participamos entidades, administraciones, colegios, parroquias y vecinos.
En este consejo de salud nos dimos cuenta de que una de las mayores problemáticas de la zona eran la soledad no deseada y el bienestar emocional en toda la población. Por este motivo, decidimos crear otro proyecto, el PACA (Plan de Autocuidado Comunitario y Autoestima).
Dentro de este proyecto llevamos a cabo una preinscripción social, que consiste en llevar lo comunitario a lo sanitario. Por ejemplo, en los centros de salud, además de hacer recetas farmacológicas, se están empezando a recetar activos de salud, como actividades sociales que pueden favorecer el bienestar emocional de todas.

