Cayetano Manchón
MADRID, 16/07/25. Los recientes hechos ocurridos en Torre Pacheco evidencian, no una proliferación de los discursos de odio, sino un ‘paso a la acción’ por parte de grupos extremistas organizados, alimentados por estos mensajes. La escalada de violencia que se ha producido en la localidad murciana también nos lleva a plantearnos si esta dinámica y este clima de beligerancia se puede extender a lo largo del país. En esta entrevista, Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia, aborda y analiza con detalle la gravedad de esta peligrosa deriva violenta en nuestro país.
Esta situación de violencia reactiva es algo que se venía gestando desde hace tiempo, ¿por qué se ha dado justo ahora?
Lo primero es describir correctamente lo sucedido: la agresión a Domingo Tomás es inicialmente de origen delincuencial. Sin embargo, llama la atención que no le roben y que se grabe. Por eso yo me pregunto qué hay detrás de esa agresión: ¿se lleva a cabo para humillar? ¿Es para sentirse supremacista?
La segunda cuestión que hay que plantearse es que esa agresión se produce en un contexto en el que se han producido más situaciones delincuenciales y por el que hubo una situación de enfado y de hartazgo por parte de muchos vecinos de Torre Pacheco.
El elemento que se produce es que, tras una manifestación pacífica (en la que también había extranjeros), los grupos más extremistas instan a los más jóvenes y a los más enfadados, al grito de “a por ellos”, a una especie de ataque hacia jóvenes magrebíes. Ahí es cuando empieza el lío porque, en un principio, ese ‘ataque’ no es contra todos los extranjeros, sino contra jóvenes magrebíes a los que tienen identificados o señalados como gente que está perturbando, delinquiendo o generando un daño.
A partir de ahí, se genera todo un caldo de cultivo, con expresiones claramente xenófobas y racistas, en el que se pasa de una cuestión focalizada a una cuestión mucho más general, influenciada por las redes sociales, con mentiras y bulos.
Por otra parte, nos encontramos con mensajes en el escenario magrebí que hacen caso omiso a los llamamientos que van haciendo las personas de respeto (los más mayores) o, incluso, a los imanes, que piden a los jóvenes que no entren al enfrentamiento.
¿Puede suponer este episodio un punto de inflexión en la actuación de grupos de extrema derecha en nuestro país?
En España se produjo en la década del dos mil una desarticulación de grupos neonazis (esto lo digo habiendo sido parte de la acusación popular contra grupos como Hamerskin o Bastión, en su momento). Por ello, el paso por la cárcel de muchos de los integrantes de estos grupos, hizo que se desarticularan. Es entonces cuando se da una recomposición, que mantiene un perfil bajo.
En este sentido, tras la pandemia, estos grupos se volvieron a organizar bastante bien a nivel de redes sociales. Durante este tiempo han disfrutado de cierta opacidad porque nadie ha querido señalar este problema, ya que no tenía proyección política. Y así ha ido creciendo el monstruo.
Lo que yo observo es que, sobre todo en la última etapa, con las redes sociales, han conseguido un poder de organización tremendo. Muchos de los mensajes que estos grupos han difundido se llevaban viendo durante algún tiempo en redes sociales como Instagram o Telegram. Sin embargo, poco a poco se han ido metiendo en la clandestinidad y han mejorado su organización interna.
En este sentido, creo que ha habido una mejora en la organización, no solo de los neonazis, sino de todos los extremistas, sean del color que sean. Además, yo creo que su gran baza está en la impunidad.
Por otro lado, el hecho de que la Guardia Civil haya actuado con eficacia, no quiere decir que esta situación se haya saldado con una derrota de los grupos neonazis, para nada. Solo se saldará con derrota cuando haya detenciones y se ponga a los autores de la violencia a disposición judicial.
Hablando de las fuerzas de seguridad, ¿ha hecho suficiente la policía para parar este episodio?
Después de cuatro o cinco días de enfrentamientos, hay muy pocos detenidos. Ha habido otras ocasiones en las que por desórdenes públicos se ha puesto a gente a disposición judicial, por lo que creo que, de un bando y otro, hay que detener a todos aquellos que practiquen la violencia.
Cuando te ponen delante de un juez significa que las cosas van en serio. Para muchos de los protagonistas de esta violencia, hay algo de emocionante en el enfrentamiento, es algo que les gusta.
¿Qué parte de culpa tienen las redes sociales en las que se difunden estos mensajes de odio?
Para mí, las redes sociales son un infierno. Como ya he dicho, muchos de estos discursos se potenciaron enormemente tras el inicio de la pandemia, pero ha ido a más con el paso del tiempo.
Lo que han propuesto desde la Unión Europea a este respecto es la aplicación de un código ético de un protocolo para eliminar este tipo de mensajes. Para mí esto ha sido un fracaso rotundo porque pienso que lo que hay que hacer con las personas o grupos que difunden los discursos de odio es ponerlos ante los jueces: la fiscalía contra delitos de odio tiene que actuar y los jueces tienen que valorar.
Sin embargo, si nos quedamos en el plano de notificar a la plataforma para que eliminen estos mensajes, no vamos a conseguir nada. Además, no se elimina más del 10% de los contenidos que son denunciados por estos motivos.
¿Y los medios de comunicación y los partidos políticos?
En primer lugar, creo que en todo esto hay cierta responsabilidad de los medios que llaman al alarmismo excesivo en estas situaciones.
Para analizar esto bien, hay que ponerse en la mentalidad de un neonazi que se siente protagonista de lo que ha hecho. En ese momento, él mismo se considera una persona notoria en los medios de comunicación y así se envalentona y se autorreconoce en su entorno más próximo.
Por otro lado, para mí los políticos son los que más responsabilidad tienen a la hora de alimentar estas situaciones. Considero que hay que llamar más a la calma y que las fuerzas y cuerpos de seguridad sean las que actúen.
¿Crees que estos hechos pueden provocar un ‘efecto dominó’ que afecte a territorios con una coyuntura parecida?
Yo no diría tanto un efecto dominó, como ‘brotes’. Esta situación es como un sarpullido, algo que tan pronto se produce aquí, mañana se puede producir en otra parte.
Por ello, si no se atajan estos brotes y no se cortan de raíz, sí que puede tener un efecto de expansión importante. Sin embargo, insisto en que ahora mismo la emergencia sería la aparición de esta serie de brotes: agresiones racistas y xenófobas a partir de hechos delincuenciales.
Todo esto podría llevar a una polarización enorme, por lo que es muy importante que los medios y los líderes políticos y sociales sean sensatos y pongan el foco donde hay que ponerlo.
En este sentido, lo primero es erradicar y condenar la violencia, sea de origen racista o de origen delicuencial, y poner a los ejecutores ante un juez. Por otro lado, urge una política de integración que impida la marginalización de jóvenes inmigrantes. En tercer lugar, es importante detectar a tiempo ciertas conductas racistas y no negar en la práctica la existencia de estos grupos o convertirlos en una simple marginalidad.
En general, hay que parar de forma efectiva la violencia y los discursos que, desde ambos lados, la exculpan o la dinamizan.

