«El 80% de las mujeres con adicciones han sufrido violencia machista»

Irene Ortiz

Auxiliadora Fernández es directora general de la Fundación EMET Arco Iris que presta ayuda a las personas con problemas de adicciones. En esta entrevista, expone la realidad de las mujeres con drogodependencia con la mirada puesta en un horizonte igualitario.
Auxiliadora Fernández, directora general de Fundación EMET Arcoíris
Auxiliadora Fernández, directora general de Fundación EMET Arcoíris

Auxiliadora Fernández es de esas personas que siempre llevan una sonrisa como complemento. Como ella dice, es «optimista por naturaleza» y nunca descansa la vista del horizonte que delinea la palabra ‘Igualdad’. Porque sí, confía en que es posible un mundo más justo e igualitario para todas las personas. Desde que comenzó su andadura en el Tercer Sector, ha tenido muy claro por dónde quiere que caminen sus pasos y día a día se esfuerza porque todo sea un poquito mejor para las personas más vulnerables. En concreto, para aquellas que sufren problemas de adicciones, que es donde centra su trabajo como directora general de la Fundación EMET Arco Iris en Córdoba.

Primero de todo, quería felicitarla porque le han concedido el Premio Córdoba Avanza en Igualdad 2025 en la categoría de ámbito social. Enhorabuena.

Muchas gracias. La verdad que es un premio que me ha hecho mucha ilusión porque soy una convencida de la necesidad de la igualdad e intento trabajar mucho en ese enfoque.

He visto que empezó su carrera profesional en el sector del comercio internacional en Andalucía. ¿Cuándo y por qué decide adentrarse en el sector de lo social?

No fue una decisión premeditada. En mi familia siempre ha habido esa sensibilidad social y me han hecho ser consciente de que hay situaciones muy duras fuera de nuestro entorno y que no podemos cerrarnos a no verla. La Fundación EMET Arcoirís partió de una necesidad en la que se encontraba mi padre, de ayudar a cuatro o cinco drogodependientes -yonkis en aquel momento-. Y trabajó con mi tío que estaba de voluntario en otra entidad de personas con problemas de alcohol.

En definitiva, el nacimiento de la Fundación, por entonces Asociación, fue casi familiar. Lo he vivido de primera mano y aquí estoy, 25 años después.

Ahora es directora general de la Fundación y también vocal de UNAD, la Red Estatal de Atención a las Adicciones. En resumen, ¿qué es lo que ha aprendido en estos 25 años en materia de igualdad?

He aprendido muchas cosas. Como digo, he crecido con apoyo curtiéndome profesionalmente, pero también en el ámbito personal. He aprendido mucho porque vivo a diario la implicación y la vocación que hay en este sector.

También que las personas que consumen droga o que tienen cualquier otro tipo de adicción, les importan a mucha gente. Somos conscientes de que las adicciones no han desaparecido, pero sí ha mejorado bastante la atención por esa implicación y vocación de la que te hablaba.

Creo que el Tercer Sector somos gente que no nos conformamos, queremos ir siempre más allá y adaptar los programas, las intervenciones y también la mirada a la situación cambiante de estas personas. Todas estas cosas me empujan a seguir adelante en mi trabajo.

¿Ha hecho voluntariado?

Yo hice voluntariado antes de empezar a trabajar aquí profesionalmente. Tal y como yo lo siento desde mi responsabilidad como directora, creo que el voluntariado es una parte fundamental porque implica no solo horas de dedicación, sino esa implicación y ganas de seguir creciendo.

También formo parte de la Junta Directiva de la Plataforma de Voluntariado de Córdoba, porque pienso que de alguna forma el voluntariado complementa y mejora el trabajo que hacemos como profesionales.

Hay muchas personas que siguen asociando a las personas con adicciones con el perfil de un hombre. ¿Cómo afecta esto a la hora de tratar a una mujer que sufre algún tipo de adicción?

De entrada, si lo que se ve o lo que se vive son cosas de hombres, esto va a significar que se les va a perdonar mucho más que a las mujeres. Esto las lleva al estigma. Ellas sienten vergüenza de sí mismas y ante su familia, y por supuesto, ante del resto de la sociedad.

¿Qué es lo que provoca? Se esconden mucho más que los hombres; no buscan ayuda. Y cuando lo hacen, llegan mucho más deterioradas que los hombres y se encuentran que la mayoría de centros o de programas están diseñados para hombres.

¿Cuál es la base para cambiar esos modelos?

Aquí me sale la vena optimista que tengo por naturaleza. Yo creo que estamos en camino. Aquí tenemos una comunidad terapéutica para mujer, que la abrimos en 1990. Tengo que decir que en aquel entonces, no estaba bien visto que hubiese recursos solo para mujeres, no estaba bien visto que estuviesen separadas.

Hoy en día, la gente que trabajamos en adicciones y trabajamos con perspectiva de género sabemos que ese es uno de los caminos para que a las mujeres les sea más fácil cuando llegan. Hay recursos que son mixtos, que no pasa nada. Pero hay muchas situaciones de mujeres que abusan de las drogas y que necesitan un espacio solo para ellas para que la intervención sea más adaptada.

Lo que habría que estudiar ahora es la forma de llegar a estas mujeres que no acceden a los recursos de adicciones.

Comenta que muchas veces, por no estar adaptados estos espacios, tienen dificultades para solicitar la ayuda. Imagino que las mujeres migrantes, por el hecho de ser migrantes, tienen aún más dificultades. ¿Qué obstáculos añadidos pueden encontrarse?

De entrada, la situación en la que se encuentran es de irregularidad documental; son personas irregulares, no ilegales. Por el hecho de ser mujeres pueden acabar en contextos muy poco favorables, de abuso laboral y de todo tipo.

Nosotros tenemos un programa para acoger a mujeres migrantes que vienen acompañadas de un hijo o hija o de menores con los que tienen alguna relación. Nos podemos imaginar dificultades para conciliar en el caso de que la vida le vaya bien y puedan conseguir un trabajo o entrar en un programa de protección internacional… Como digo, diría que tienen dificultades para conciliar en la vida laboral o de formación, con el cuidado de hijos e hijas.

Esto es todo un reto, incluso para las mujeres españolas, imagina para las mujeres migrantes…

¿Qué tipo de violencias sufren principalmente las mujeres con adicciones?

De entrada la violencia estructural, por todo lo que contaba antes de cómo están diseñados los programas y recursos. También la violencia social por el rechazo, por el estigma que sufren, por la falta de empatía hacia ellas, por el sentimiento de culpabilidad que tienen… Violencia machista, por supuesto. No podemos olvidar que más del 80% de las mujeres con adicciones han sufrido violencia machista. Esto es uno de los motivos por los que nos parece que debe de haber recursos específicos para ellas.

Luego, el propio contexto del consumo ya es un contexto violento, que por el hecho de ser mujer se agrava.

¿Cree que la sociedad está realmente preparada para hablar de adicciones sin estigmatizar a las mujeres?

Aquí me cuesta ser más optimista. Yo creo que la sociedad está abriéndose un poco a conocer estas situaciones. Como decía antes, el consumo de las mujeres está mucho más oculto y todo lo que está oculto tiende a estigmatizarse porque nos produce rechazo. Y esto sigue pasando, en el caso de las mujeres más todavía.

La verdad que no se cuánto podemos tardar en que la sociedad esté preparada. Siempre digo que con poquito vamos avanzando, pero no es fácil.

Antes comentaba que uno de los avances es que se están adaptando los modelos a perspectiva de género. Desde que comenzaste a trabajar, ¿ha notado algún otro avance sustancial en materia de igualdad?

Creo que sí. Personalmente, yo he avanzado en deconstruirme a mí misma y quiero pensar que ese es el modelo de muchas personas.

Hemos avanzado en esta materia, aunque eso no quiere decir que no nos quede mucho por hacer. Yo creo que el tema de la igualdad está en el horizonte, empiezan a haber estudios que ponen a la mujer en el centro en relación con las adicciones.

Para cerrar, en este 8M, ¿qué mensaje le gustaría lanzar a las mujeres que hoy están atravesando un proceso de adicción y quizás no se atreven a pedir ayuda?

Si no se atreven a pedir ayuda es muy difícil. El mensaje es que se atrevan, aunque se aun pasito cortito. Que tienen el mismo derecho que tiene cualquier otra persona a intentar mejorar su vida, su situación, si quieren dejar las drogas como si no. Hay programas que no exigen un abandono absoluto de las drogas.

Les diría que las van a escuchar, las van a ayudar. Tenemos recursos y profesionales que están preocupadas por ellas. Es un proceso «un poquito durillo», porque se tienen que trabajar muchas cosas, pero hay magníficas profesionales que las van a ayudar en lo que necesiten.

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