Cayetano Manchón
Septiembre es un mes de contrastes: miles de personas relacionan esta época del año con la vuelta al trabajo o al cole tras las vacaciones. Ese cambio de dinámica, sobre todo si se produce de forma brusca, puede tener efectos negativos en nuestra salud mental. Además, se trata de un mes especialmente difícil para aquellas personas que viven una situación de vulnerabilidad en sus entornos laborales o escolares.
Para Guillermo Fouce, psicólogo experto en intervención social y presidente de Psicología sin Fronteras, el síndrome postvacacional está relacionado con el contexto al que se enfrenta cada persona cuando vuelve a la rutina. Una situación de vulnerabilidad previa, especialmente en la infancia, puede hacer que la incorporación a la vida diaria sea muy difícil. En este sentido, Fouce señala el importante papel que juegan la familia y la escuela a la hora de detectar problemas.
¿Se puede considerar el síndrome posvacacional como un problema mental?
El término presenta algunas controversias, no es algo que esté totalmente aceptado. En concreto, tiene que ver con las dificultades para adaptarse a los cambios y depende mucho de la ‘mochila’ que uno lleve.
Condiciona mucho si se trata de una persona que ya está en una situación previa de vulnerabilidad en el trabajo (está en una situación de precariedad, está insatisfecho…) y tiene que volver a esa realidad. Por otro lado, también influye el cómo hayan ido las vacaciones. Aquí juegan los dos extremos: si han sido muy buenas puedes tener un síndrome de vuelta peor y, también, si han sido muy malas y no has podido desconectar.
Hay que verlo todo en el marco de cómo han ido las cosas: a qué realidad vuelvo y qué ‘mochila’ llevo conmigo.
¿Qué síntomas presenta una persona con este síndrome?
Fundamentalmente, se basa en dos ejes: el estrés y la depresión. El estrés supone no dormir bien, estar constantemente tenso o irritarse. En cuanto a la depresión, se produce una falta de motivación para levantarte por la mañana o relacionarte en el trabajo.
Cabe decir que se pueden producir más reacciones si los cambios se producen de manera brusca. Por ejemplo, estás en otro país y al día siguiente de volver te pones a trabajar. En este caso tu cuerpo no está preparado para adaptarse a esta realidad; no está preparado para una transición tan rápida.
¿Qué impacto puede tener la vuelta al colegio tras un largo período vacacional?
Depende de cómo se gestione. Tras un período largo de vacaciones hay que trabajar las transiciones. Es decir, no se debe pasar de no tener ningún tipo de rutina a meterse de lleno en la rutina escolar. Hay que introducir a los niños y niñas, en esa realidad, poco a poco.
Las escuelas incluyen ese proceso de adaptación al principio de curso. Los padres y madres deben ir adaptando y acomodando los horarios antes de la incorporación definitiva al colegio. Los niños y niñas deberían tener cierta carga de trabajo, de lectura, de actualización… Como digo, todo depende de cómo se lleve a cabo el proceso.
Además, influye el colegio o el instituto al que vuelven. Si es un entorno seguro y saludable, esa adaptación siempre va a ser mucho más fácil. En cambio, si es un entorno hostil o un sitio nuevo, va a generar una cierta dificultad para adaptarse.
¿Qué perfil de niño o niña suele ser más vulnerable?
Quienes no han tenido vacaciones o no han experimentado ningún cambio en este período, o aquellos que han tenido un cambio muy brusco.
Por otro lado, puede ser complicado si van a vivir una situación nueva. En este sentido, es especialmente difícil el tránsito del colegio al instituto.
En tercer lugar, la vuelta al cole es muy difícil para los niños y niñas que no tienen apoyo social o tienen unas peores relaciones con sus iguales. Aquí se podría hablar de quienes vienen de una situación de vulnerabilidad previa: pobreza, exclusión, rechazo…
En muchos casos, también influye el hecho de pertenecer a un colectivo que ya genera una dificultad «per se»: ser migrante, tener una discapacidad o tener problemas de salud mental.
En los casos de haber sufrido acoso escolar el curso anterior ¿qué efectos puede traer consigo la vuelta al cole?
Aquí nuevamente entran en juego una serie de factores. Por ejemplo, influye cuánto tiempo lleva sufriendo acoso el niño o la niña, si se ha hecho algo para cambiar esa situación, si es una situación reconocida…
En el caso de ser una situación reconocida, se supone que ya se han tomado medidas para cambiarla. Aquí, la vuelta puede ser muy positiva, sería como volver a empezar. En este sentido, los niños y niñas tienen la capacidad de resetear y de recuperar sus vidas allá donde estaban.
Sin embargo, si es una realidad que se mantiene desde el curso anterior, el nivel de vulnerabilidad va a ser mayor, ya que ha visto el contraste entre estar de vacaciones y volver a un sitio en el que no está a gusto.
¿Qué papel juegan los padres y madres en estas situaciones?
Lo primero que hay que hacer es denunciar el acoso, ponerle nombre y hacer cosas para que no se vuelva a producir esta situación. Aquí juegan un papel importante las familias, el propio centro escolar y el resto del alumnado (sus iguales).
Es importante darle al niño o niña las habilidades para que se enfrente a la situación. Estas habilidades pueden ser el reconocimiento de sus emociones: el poder levantar la voz si el acoso se vuelve a producir.
La familia también tiene que generar un espacio de seguridad, para que sientan el apoyo necesarios para contar qué les está pasando.
Por todo ello, estas prácticas suponen una labor fundamental a la hora de intervenir. Cuanto antes lo denunciemos, cuanto antes le pongamos nombre y antes el niño o la niña sea consciente, antes se podrá resolver la situación.
¿Cómo pueden las familias diferenciar entre una incomodidad normal ante la vuelta y un malestar más profundo?
Lo más importante es hablar de ello. Lo que pasa en muchos casos de acoso es que es como tener un elefante en la habitación, pero del que nadie habla.
En este sentido hay que saber que muchas de estas reacciones vienen dadas por la inseguridad, por el miedo o por no saber a qué se enfrentan. El niño o la niña tiene las herramientas para enfrentarse a estas situaciones y tiene que saber que sus padres van a estar a su lado. Sobre todo, es importante reducir esa incertidumbre.
Y el centro escolar, ¿qué responsabilidad tiene para que la vuelta sea segura?
El papel de la propia estructura del centro es fundamental porque el acoso se produce en sitios muy diversos: en el patio, a la salida del centro, a través de redes sociales…
Hay que tener en cuenta que muchos profesores pasan casi más tiempo con los menores que sus propios padres, por lo que es un elemento fundamental. Además, es un profesional que conoce y está formado para detectar estas situaciones.
En cuanto a la detección o la prevención, los docentes son quienes tiene que proporcionar el espacio de seguridad y de intervención necesarios para que se produzca esa recuperación o el deterioro sea el menor posible.
De hecho, en términos de psicología se insiste mucho en que la escuela tiene una gran responsabilidad para que estas situaciones se detecten lo antes posible.
¿Qué importancia tienen las redes de apoyo entre iguales?
Son fundamentales. Diría que es casi lo que más incide en la salud mental y en la salud en general de los niños y niñas.
El hecho de no tener relaciones significativas o alguien a quien contar lo que te está pasando, hace que la situación sea muchísimo peor. Hay que tener en cuenta que tanto colegios, como institutos, universidades y centros de trabajo no solo forman educativamente y profesionalmente, sino que forman personas y relaciones. Hay veces que un centro con peores resultados académicos puede formar mejores personas y mejor ciudadanía, porque cuidan las relaciones.

