«El Estado de Bienestar debe ‘ponerse las pilas’ y adaptar sus políticas a las nuevas necesidades»

Cayetano Manchón

Matilde Fernández, ex ministra de Asuntos Sociales y actual presidenta del Observatorio de la Soledad no Deseada.
soledad
Matilde Fernández cuenta con una larga trayectoria en la política y el activismo social

El pasado martes se aprobó en Consejo de Ministros una estrategia estatal para prevenir soledades. No cualquier soledad, solo esa que hace daño. La que no se elige pero afecta en todas las etapas de la vida y a millones de personas. Para abordar en profundidad el tema, hablamos con Matilde Fernández, ex ministra de Asuntos Sociales, con una larga trayectoria política. En la actualidad, preside el Observatorio de la Soledad no Deseada, un espacio que desde su creación en 2021 no para de cobrar protagonismo en nuestra sociedad. 

Cuando hablamos de soledad no deseada parece no existir un perfil concreto, ¿hay grupos de población más vulnerables ante esta situación? 

Los países que han empezado a trabajar y a investigar la soledad en sus sociedades, como pueden ser el Reino Unido, Japón o los países nórdicos, nos adelantaron que la soledad es muy transversal. Es decir, es algo que aparece a lo largo de la vida de las personas y que no conviene caer en el estigma o en el edadismo de pensar que un colectivo es más propenso a la soledad que otro.  

Esto es algo que se ha podido comprobar a través de los estudios que hemos hecho en el Observatorio. Cuando comenzamos a preguntar a las personas cual era su percepción sobre este asunto, la respuesta solía apuntar a las personas mayores y a las personas con discapacidad. Sin embargo, de pronto apareció la figura de personas jóvenes como colectivo que también se ve afectado por estas situaciones de soledad. 

Y de forma más concreta, ¿qué información arrojan los datos de estos estudios? 

A partir de estas investigaciones, se han comenzado a extraer algunas conclusiones. En primer lugar, se ha podido saber que la prevalencia de la soledad en nuestro país es de un 20%. Sin embargo, al preguntar si esa soledad dura más de dos años (tal y como recomiendan investigaciones de la OMS), el porcentaje es de un 13’5%.  

En tercer lugar, otra de las grandes conclusiones es que el 50% de las personas con discapacidad siente soledad. Además, los datos también muestran que en población joven, la prevalencia es de un 25’5%. 

Cuando se cruzan todas las estadísticas, se puede observar que jóvenes que viven en zonas rurales y las personas mayores de 75 años que viven solas (sin haber sido su proyecto de vida) son las más afectadas por esta soledad forzosa. 

¿Qué factores influyen más en este tipo de soledad? 

Para empezar, cabe decir que los estudios demuestran que es un problema subjetivo (“cómo me siento yo”). Aquí entra en juego la diferencia entre lo que espera una persona y lo que recibe, o como lo valora.  

Sin embargo, las investigaciones dejan patente que el ser humano es un ser social que necesita establecer conexiones y hacer comunidad. En este punto me gustaría poner en valor la tarea de asociaciones vecinales, colectivos de voluntarios o administraciones que se preocupan de “hacer barrio” y de ayudar a establecer esas conexiones tan importantes. 

En tercer lugar, también influye ese Estado de Bienestar que durante décadas se ha impulsado en los países europeos. Aquí es importante señalar que las sociedades cambian más rápido de lo que lo hacen los sistemas, por lo que ese Estado de Bienestar debe ‘ponerse las pilas’ para ser capaz de adaptar las políticas a las nuevas necesidades.  

Más allá de afectar al bienestar emocional, ¿qué otras consecuencias acarrea la soledad no deseada? 

Para empezar, los datos demuestran que estas situaciones suponen un crecimiento de costes. Tras un estudio macroeconómico que realizamos en el Observatorio en 2021, se observó que la soledad genera una gran pérdida en la productividad del país: personas que “colapsan” y necesitan reducir su jornada, pedirse una excedencia o que no rinden como lo hacían antes.  

También existe un mayor gasto por frecuentación en el sistema sanitario. Dada la medicalización del problema, cada vez acuden más personas a atención primaria, especializada e, incluso, hospitalaria, para paliar su situación de soledad mediante fármacos, que no dejan de ser un mero parche.  

En definitiva, se trata de un aumento de costes que no están enfocados en ir a la raíz del problema. Si una parte de ese presupuesto se destinara a movimientos vecinales o plataformas de voluntarios que ofrecen alternativas a la soledad, se gastaría menos y las políticas serían más efectivas. 

Me gustaría añadir que la soledad también tiene consecuencias en la salud física de las personas que la padecen, como el aumento de la diabetes o de las enfermedades coronarias. 

¿Cómo evitamos medicalizar un problema que es sobre todo social? 

El error principal es creer que se necesita una receta médica cuando lo que se necesita es una receta social. Es decir, el conjunto de la sociedad (desde las administraciones hasta las organizaciones sociales) debe ofrecer proyectos grupales culturales, deportivos o sociales de proximidad que ayuden a crear comunidad.  

En definitiva, y esto es algo que incluye el Marco Estratégico recién aprobado, se trata de realizar políticas verticales y transversales. Por un lado, esa verticalidad ha de implicar a las cuatro adiministraciones (desde el plano local hasta el estatal). En cuanto a la transversalidad, son muy importantes las dinámicas y actividades intergeneracionales, que buscan puntos de encuentro entre personas de edades muy dispares para ayudarse mutuamente. 

¿Cómo afecta el modelo individualista de esta sociedad?    

El desarrollo de la cultura del individualismo aisla a las personas y, además, provoca que muchas se autoaíslen. Por otro lado, la cultura de la competitividad en la que vivimos provoca que la solidaridad no opere y no se pueda imponer esa cooperación tan necesaria de la que hablaba antes. 

Si se analizan los datos, se observa que estos factores hacen mucho daño, sobre todo, a la población joven, la cual podría aprender mucho más si existiera una cultura real de trabajo en equipo. 

Este sentido de comunidad es algo que se debería inculcar en todos los aspectos de la sociedad: en el sistema académico, en el laboral o el sanitario. Sin embargo, conforme están dispuestos estos sistemas, existen otras metas y procesos que priman más que el bienestar social real. 

El Marco Estratégico Estatal de Soledades recién aprobado es el primer instrumento estatal centrado en la soledad. ¿Por qué es tan importante? 

Porque ha surgido a través del diálogo y el consenso. En este sentido, se ha visto que ha habido una gran colaboración interministerial y que se ha tenido en cuenta la voz de muchas organizaciones sociales que luchan contra la soledad no deseada, las cuales hemos ido aprendiendo mucho durante los últimos años a raíz de todas las investigaciones realizadas.  

Yo no diría que ha llegado tarde, sin embargo, el parto sí que ha sido lento. Es cierto que le puede faltar alguna concreción, pero las grandes líneas sobre cómo trabajar están bien dibujadas. 

En general, creo que el pasado martes fue un día muy importante para iniciar un camino que nos dará ideas que acabarán siendo transformadoras.  

¿Qué destacarías de lo dispuesto en esta iniciativa? 

A nivel estatal, destacaría el compromiso de crear una serie de indicadores que, una vez aprobados, permitirán evaluar las políticas. 

Por otro lado, algo que me parece muy importante es que el marco habla de que en septiembre habrá un gran congreso donde todos podrán presentar sus líneas de actuación o sus proyectos. En este sentido, también se contemplan campañas de sensibilización destinadas a que la sociedad conozca proyectos y opciones que tiene a su alcance para paliar los efectos de esta soledad. 

Además, me gustaría destacar el papel que van a tener (y ya tienen) las administraciones locales para lanzar planes que aunen a personas de cualquier grupo de población para realizar actividades culturales, rurales o deportivas de cercanía. Por ejemplo, en Barcelona llevan tiempo desarrollando actividades culturales, como representaciones teatrales, en las que se anima a acudir a personas de distintas generaciones con el objetivo de crear comunidad o de “hacer barrio”. 

Me parece muy importante que la intención sea la de observar y potenciar las recetas sociales para acabar con el problema. 

El nuevo Marco Estratégico se habla de indicadores de soledad o de su detección temprana. Sobre el terreno, ¿qué herramientas se pueden utilizar para realizar este seguimiento? 

En este punto son imprescindibles los estudios realizados, tanto por universidades como por organizaciones del Tercer Sector. Toda la información recopilada se va a llevar a una mesa que va a haber a nivel estatal y en la que estarán presentes once ministerios, así como diferentes plataformas sociales. La idea es aportar información, basada sobre todo en datos, para prevenir y desarrollar líneas de actuación en la dirección correcta. 

La propia sociedad también cuenta con la opción de llevar a cabo esas labores de prevención. Muchas veces, una gran ayuda puede ser el simple gesto de llamar a la puerta de una persona que parezca que está en una situación de soledad no deseada. 

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