“El odio al colectivo LGTBI+ está organizado y financiado” 

Cayetano Manchón

Paula Iglesias, presidenta de la Federación Estatal LGTBI+.
LGTBI+
LGTBI+

La explosión de color y reivindicación a la que nos acostumbra la celebración del Orgullo cobra más sentido, si cabe, a raíz del contexto reaccionario actual. La normalización de los discursos de odio en plataformas digitales amenaza la libertad de un movimiento que considera vital volver a tomar las calles para dejar claro que en la trinchera de la tolerancia somos más. 

Por todo ello, Paula Iglesias, presidenta de la Federación Estatal LGTBI+, considera muy importante abandonar esa actitud de ‘muro de contención’ a la que las facciones más conservadoras de la sociedad quieren relegar al movimiento, seguir dando pasos para alcanzar nuevos derechos y blindar los ya conseguidos. 

A pesar de los avances conseguidos por el colectivo durante las últimas décadas, desde la FELGTBI+ alertáis de un retroceso de estos derechos. ¿Qué es lo que más os preocupa? 

Es cierto que hemos vivido la época en la que más avances legislativos se han alcanzado: desde la aprobación del matrimonio igualitario hace veinte años, hasta la reciente Ley de Identidad de Género y Ley LGTBI Trans o los últimos avances conseguidos en materia laboral. 

Sin embargo, todo ese avance legislativo convive hoy en día con el auge de los discursos de odio alentados, sobre todo, por las plataformas digitales y los nuevos altavoces surgidos de las redes sociales, los medios de comunicación y algunos representantes públicos. Además, estamos viendo como muchos de esos mensajes se acaban convirtiendo en violencia física, agresiones, discriminación y acoso. 

Por todo ello, la sensación que tenemos es un poco agridulce. Todos esos discursos de odio están legitimando determinadas prácticas políticas que se basan en recortar derechos ya conseguidos o en vaciar las leyes que hemos conseguido aprobar y que nos protegen. Este no es un contexto que solo se esté produciendo en nuestro país, sino que es una ola reaccionaria que se está dando a nivel internacional y que amenaza seriamente la libertad de las personas LGTBI+. 

En este contexto y dentro del marco del mes del Orgullo, ¿por qué crees que sigue siendo tan importante la movilización del colectivo? 

En primer lugar, porque todos estos discursos de odio se basan en un relato de desesperanza y de que la movilización no sirve de nada. Sin embargo, la realidad es que desde la aprobación del matrimonio igualitario, los logros del colectivo LGTBI+ (y no solo dentro del colectivo, sino en las alianzas con todas aquellas personas que creen en la consecución de derechos para todas) siempre han sido fruto de la movilización social. La historia nos ha enseñado que cuando salimos a las calles, y esa movilización va de la mano de voluntad política, es cuando se han conseguido avances

De hecho, durante este mes del Orgullo estamos haciendo un llamamiento a la movilización, debido a que esta ola reaccionaria nos quiere en una figura de muro de contención, y un muro de contención no avanza. Por ello, lo que queremos recordar es que, frente a contextos históricos en los que parecía que no podíamos avanzar, el movimiento y nuestro país, lejos de quedarse en esa figura de muro de contención, ha seguido dando pasos hacia delante y hemos demostrado que quienes apostamos por la diversidad somos mayoría. 

¿Cómo su puede acallar ese clima de odio que prolifera tanto en espacios digitales? 

Al hilo de esto, el año pasado realizamos un estudio específicamente en X (antiguo Twitter) en el que se analizaron los mensajes de odio en período de pre, durante y post Orgullo. Pudimos observar que en los momentos de mayor visibilidad del colectivo, estos mensajes aumentan y se dan, mayoritariamente, por parte de cuentas ‘bots’, por lo que se trata de un odio organizado, financiado y alentado por determinados grupos o partidos políticos. 

Entonces, ¿qué podemos hacer como usuarias? Pues en primer lugar no participar de ese altavoz. Muchas veces creemos que compartiendo el mensaje estamos denunciando lo que dicen estas cuentas, sin embargo, también les estamos dando mayor magnitud. Es decir, se puede lanzar un mensaje de crítica a esos discursos de odio sin necesidad de replicarlos. 

Por otro lado, a nivel de iniciativas, desde la federación estamos liderando, junto con otros colectivos en situación de vulnerabilidad, un Pacto de Estado contra los discursos de odio hacia determinados grupos. Consideramos que no solo las personas LGTBI+ estamos siendo blanco de este odio, sino que hay muchos otros colectivos que también lo sufren. 

¿Qué propuestas concretas defendéis para ese Pacto de Estado? 

En primer lugar, habría que regular todo lo que tiene que ver con redes sociales, plataformas digitales y, en definitiva, todos esos nuevos altavoces. 

Por otro lado, defendemos cuestiones a nivel de sensibilización y de prevención, ya que los discursos de odio son el origen que, más tarde, legitima que se produzca el delito, la agresión, el acoso y la discriminación. 

En tercer lugar, nos gusta poner atención a contextos especialmente sensibles, como puede ser el entorno sanitario y el laboral. En este sentido, según nuestro último estudio Estado del Odio (presentado el mes pasado), el ámbito laboral ha pasado en un año de ser el sexto lugar donde se produce el odio al segundo.    

Otro eje muy importante es el de protección, asistencia y ayuda a las víctimas, ya que muchas veces, por puro desconocimiento, las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado generan un clima de revictimización cuando se producen las denuncias. Se trataría de un refuerzo en la formación de las personas que tienen que asistir a las víctimas para que esa situación de denuncia sea amable y totalmente segura.  

Para nosotras lo más importante es que la aprobación de este pacto incluya medidas efectivas, que tenga una dotación presupuestaria acorde a su importancia y que cuente con herramientas de seguimiento y evaluación para asegurar su efectividad. 

¿Cómo pueden los poderes públicos ‘blindar’ los derechos ya reconocidos? 

A nivel local y autonómico hay muchas cosas que se pueden hacer, debido a que muchas de las competencias están transferidas. La división en autonomías de nuestro país crea situaciones dispares: en algunos territorios se están dando pasos hacia delante y en otros hacia atrás. Esto es algo que se está viendo en la Comunidad Valenciana (donde resido): hace un tiempo tuvo que intervenir el gobierno central a través de un recurso de inconstitucionalidad al ver cómo el poder autonómico de PP y VOX pretendía vaciar de contenido la Ley Trans y dejar desprotegidas a las infancias y adolescencias trans. 

Por otro lado, el poder a nivel local también tiene mucha importancia, ya que el movimiento asociativo local hace mucho por el colectivo. En este sentido, se está viendo como muchos ayuntamientos están alejando al propio movimiento de la celebración del Orgullo y capitalizando algo que debe ser de la ciudadanía y del movimiento LGTBI+. 

En definitiva, desde los poderes públicos se pueden hacer las cosas bien si se escucha al colectivo, se entienden sus demandas y se generan espacios de participación.  

Sobre la Ley Trans, ¿qué propone la federación para que se produzca una aplicación real de la norma?  

Es cierto que la aprobación de la Ley LGTBI Trans fue un hito histórico en nuestro país. Sin embargo, no solo basta con aprobar leyes, sino que hay que aplicarlas y desarrollarlas.  

En ese sentido, algo que habría que desarrollar y que está generando inseguridad entre el colectivo es la situación de las personas trans migrantes. A pesar de que tienen la opción de adecuar su documentación acorde a su identidad cuando llegan a España, el procedimiento no se está dando de forma eficiente. Por todo ello, se están creando escenarios de discrminación y de inseguridad. 

Por otro lado, también habría que desarrollar los protocolos de atención sanitaria. Es cierto que estamos trabajando en ello con el Ministerio de Sanidad, sin embargo, estos procesos siguen yendo muy lentos cuando ya hace tres años de la aprobación de la ley. 

Teniendo en cuenta la diversidad de realidades que existen dentro del colectivo, ¿cuáles dirías que se siguen quedando fuera del foco? 

En este punto deberíamos hablar sobre todo de la personas intersex y las personas no binarias. De hecho, en 2026 la federación ha decidido dedicar su año temático a la comunidad intersex, ya que se trata de un colectivo que históricamente no solo ha sido insensibilizado, sino que también ha sido violentado. Por ejemplo, a nivel sanitario, debido sobre todo al desconocimiento, desde siempre los bebés intersex han sido sometidos a intervenciones no consentidas o poco informadas.  

Desde la federación nos parece muy importante visibilizar esta realidad, ya que muchas de estas personas se han de enfrentar a un clima de secretismo o al hecho de tener una parte de vida oculta.  

Por otro lado, las personas trans no binarias también han sido muy cuestionadas en su identidad, muy poco visibilizadas y muy patologizadas por esa manía de la sociedad de pretener que todo sea o blanco o negro.  

¿Hasta qué punto la lucha por la igualdad LGTBI+ debe tener en cuenta factores como la edad, el origen o el lugar de residencia de las personas del colectivo? 

Precisamente, el año pasado dedicamos el año temático a la ruralidad bajo el lema “Ser LGTBI+ más allá de las grandes ciudades”. Muchas veces parece que las personas del colectivo solo seamos jóvenes, con una expresión de género determinada, residentes en las grandes ciudades (concretamente en el barrio de Chueca) y con una alta capacidad adquisitiva.  

Por ello, y con tal de luchar contra este estigma, realizamos un estudio en el que tratábamos el tema del ‘sexilio’. En este sentido, nos parece importante que existan políticas públicas que erradiquen el sexilio para que, si una persona LGTBI+ decide migrar desde el medio rural, se trate de una decisión libre y que nada tenga que ver con el poder ser o porque haya sufrido discriminación. 

Al fin y al cabo, no todo se basa en ese Orgullo estatal de Madrid o de la gran ciudad. También hay pequeños orgullos en pueblos y pequeñas ciudades en los que el activismo puede cambiar muchas vidas.  

Por otro lado, el tema de la edad también es muy importante. A menudo, en la televisión o en campañas publiciarias la imagen que se da del colectivo es una imagen muy joven, pero existe una gran cantidad de personas LGTBI+ mayores a las que, además, les debemos el hecho de estar hoy aquí. Son personas que han enfrentado no sólo armarios, sino piedras y porras para tratar de conseguir los derechos de los que hoy disfrutamos.  

Más Entrevistas:

Suscríbete:

a nuestra Newsletter

Acepto los Términos y condiciones

Te has suscrito correctamente