Los peligros del juego online ya han empezado a ocupar espacios que antes se consideraban seguros. A través de estrategias como las ‘cajas de recompensa’ en videojuegos, estas prácticas, que combinan dinero y azar, consiguen involucrar cada vez a más niños y niñas, quienes acaban normalizando dinámicas altamente nocivas.
Con motivo del Congreso Nacional de FEJAR (Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados), celebrado el pasado 3 de octubre, el Gobierno presentó un proyecto de ley que pretende proteger a la población menor de la ludopatía, entre otras cuestiones. Por todo ello, hemos querido preguntar a Maxi Gutiérrez, quien acaba de dejar la presidencia de la organización tras casi 20 años, sobre la nueva ley, la desprotección de las personas menores frente al juego y los avances conseguidos durante estas dos décadas.
¿En qué consiste el nuevo proyecto de ley impulsado por el Gobierno?
Las disposiciones de la nueva ley van encaminadas a retomar todas aquellas medidas que en el pasado ya tumbó el Supremo por estar dispuestas en un Decreto-Ley.
Algunos de los aspectos que recoge son los bonos de bienvenida de las casas de apuestas. En este sentido, hay una correlación entre el aumento de nuevos jugadores y la proliferación de estos bonos. Además, esta estrategia también ha hecho que aumenten los jugadores jóvenes, lo que hace que puedan desarrollar una adicción a edades muy tempranas.
Por otro lado, también pretenden regular por primera vez el tema de las ‘lootboxes’ o cajas de recompensas en los videojuegos.
Todo esto es algo de lo que se habló en el Congreso de FEJAR con el Secretario de Juventud e Infancia: la preocupación que existe (por parte de FEJAR y del Gobierno) en cuanto a la relación entre juego y menores.
¿Qué son las ‘lootboxes’? ¿Por qué representan una amenaza para la población menor?
El tema de las cajas de recompensa en videojuegos es perverso. Están metiendo elementos del juego en videojuegos, sin atenerse a la Ley de Juego.
Se trata de ofrecer botines al azar, aumentando la adicción. Un ejemplo de esto se da en el videojuego FIFA: te dan la posibilidad de comprar un paquete aleatorio en el que se obtiene un jugador. El usuario busca obtener un jugador determinado, pero en el 90% de los casos se obtiene otro jugador, no el que el usuario quiere. Por ello, el usuario seguirá gastando dinero hasta obtener la recompensa que desea.
Por todo ello esto me parece algo perverso. Es decir, están mezclando los juegos de azar en un videojuego enfocado a menores. Es como si a los chavales les estuvieran diciendo que con dinero se pueden conseguir los objetivos, y no con su habilidad.
¿Echáis en falta algún aspecto importante que no haya sido incluido en este proyecto de ley?
Nosotros echamos muy en falta en todas las regulaciones la reparación de daños. Está muy bien el tema de la prevención (que no se hace, por cierto) pero nadie plantea disposiciones sobre los afectados por el juego, el cómo se repara ese daño, cómo se saca a gente de la adicción… Sobre estas cuestiones no hay ningún plan. Como mucho, en la ley de 2011 existe un artículo que obliga a las Loterías y Apuestas del Estado a reparar estos daños. Aunque aquí te puedo asegurar que esta entidad no gasta un céntimo en esta reparación de daños.
Yo pienso que si se produce algún tipo de daño (como efectivamente se produce), hay que ver la forma de contemplarlo en la ley.
¿Llega tarde esta ley?
Hay cuestiones que sí que se deberían haber legislado antes. En 2011 (año de la última ley) había muy poca experiencia en el tema del juego online. Se reguló porque nosotros advertimos de que era necesario, ya que se estaba jugando ilegalmente (según los operadores de juego, alegalmente).
Por ello, se acabó regulando sin experiencia ninguna. Aun así, se hizo una buena ley para lo que había entonces y de forma muy colaborativa entre asociaciones y expertos. Pero claro, una buena ley, si no se desarrolla con reglamentos conforme pasa el tiempo, puede quedar en una mera declaración de intenciones.
Por eso, durante estos años ha urgido una modificación de la ley que no ha llegado, sobre todo, para regular la cuestión del juego entre menores.
Desde FEJAR denunciáis que os toca asumir competencias que corresponderían a la Sanidad Pública, ¿qué competencias asumís en cuanto a la rehabilitación de personas adictas al juego?
Todas. Llevamos años diciendo que no nos gusta ser asociaciones “clínicas”. Nos ha tocado asumir el registro de entidad sociosanitaria, cuando no debería ser así. Nos gustaría centrarnos en otros aspectos como el apoyo a la familia, y no en el tema de la rehabilitación. Esto demuestra un fracaso, prácticamente, en todos los sistemas de Sanidad Pública.
Al final se trata de traspasar la responsabilidad del servicio público a una ONG. Por un lado, no nos dan los recursos suficientes y por otro nos piden que tenemos que ser centros de tratamiento.
Además, con la cantidad de dinero que se recauda a raíz del juego en todas las comunidades, yo creo que se debería destinar parte de él a cubrir las necesidades de ámbitos como la rehabilitación.
También denunciáis una falta de recursos a la hora de asumir estas responsabilidades, ¿cómo afecta esta falta de medios a las personas menores con adicciones y a sus familias?
Por un lado, muchas veces las asociaciones no pueden admitir a tratamiento a todas las personas que quisieran.
En España, la prevalencia de la ludopatía es, como mínimo, entre un 0’3 y un 1% de la población (en algunos estudios se habla de hasta un 5%). Además, en los menores se cuadriplican las cifras. Estamos hablando de que hay 400.000 personas con necesidad de ser atendidas y entre todas las asociaciones tendrán, más o menos, la capacidad de atender a unas 100.000. Esto quiere decir que hay unas 300.000 personas que no están llegando a los recursos que necesitan.
Con los millones que están teniendo de beneficio, tanto los operadores como el Estado, es una insignificancia lo que podría destinar a estos recursos y que supondría un gran cambio.
En este sentido, ¿las empresas dedicadas al juego deberían financiar recursos en prevención y rehabilitación?
Yo creo que deberían participar en esta financiación desde un punto de vista de responsabilidad social corporativa.
Muchas veces nos dicen que estamos en contra de estas empresas y no es así. A quienes reclamamos nosotros es al poder legislativo, que es quien debe exigir este tipo de cuestiones a las empresas de juego.
Hablando ya de las dos décadas que has estado al frente de FEJAR, ¿cómo ha evolucionado la percepción social de la ludopatía durante este tiempo?
Una de las cosas con las que más satisfecho me voy es que cuando empecé en el cargo éramos unas 12 o 13 asociaciones en FEJAR y ahora somos 25 asociaciones y dos federaciones autonómicas, lo que suponen unas 40 asociaciones en total.
Otro de los aspectos que han cambiado es que hace 20 años era impensable ver un anuncio sobre los daños que produce el juego en cualquier medio de comunicación. Eso ha cambiado a lo largo de estas dos décadas.
Por otro lado, cuando yo empecé mi rehabilitación, aquellos que jugábamos éramos unos “viciosos”. Hoy en día, la concepción de una persona que está jugando a máquinas de azar en un bar es distinta. Ahora se trata de ayudar más a este tipo de personas. Creo que ese cambio de percepción es uno de los logros más importantes de los últimos años.
Además, ese cambio de mentalidad se ha visto en el reciente Congreso de FEJAR, ya que es la primera o la segunda vez que han estado todas las administraciones representadas.
Ya no hay ninguna duda en la sociedad o en las administraciones de que la ludopatía es un trastorno o una enfermedad.
¿Hay algún reto que haya quedado pendiente?
Me hubiera gustado que se equiparase totalmente el juego con el resto de adicciones que sí que incluyen sustancias. En este sentido, seguimos siendo la “adicción pobre” y la que menos recursos recibe.
Sí que se ha aumentado el presupuesto que se destina, pero en comparación con otras causas sí que seguimos recibiendo muy poco.

