Se define a sí misma como madre de tres hijas, trabajadora social y voluntaria de la organización Entreculturas en su delegación de Vigo. Esta gallega que acaba de cruzar la barrera de los sesenta asegura que siempre tuvo clara la vocación de acompañar a otras personas. Y es que Ángela García Martín forma parte de esa red humana integrada por 4,5 millones de personas que hacen voluntariado en España. Hoy nos acercamos a ella para que nos cuente cómo vive y qué significa este compromiso en su vida.
¿Hacer voluntariado es una buena forma de participar en esta sociedad?
Par mi sí; una forma sincera de solidaridad y de compromiso con la sociedad. Con los años he comprobado que el voluntariado no es solo una ayuda puntual, sino una fuerza que contribuye al cambio social, mejora la vida de las personas y promueve la justicia en el mundo.
¿Y cómo empezaste?
Mi recorrido empezó en la parroquia y en Cáritas, y desde hace siete años colaboro con Entreculturas. Fue mi familia quien me acercó a la organización, pero fue su misión —esas cinco causas justas que abarcan educación, equidad de género, justicia socioambiental, ciudadanía y participación y movilidad humana— la que me animó a sumarme a su voluntariado. La movilidad humana es la que más me atraviesa: me duelen las fronteras y me conmueve profundamente el sufrimiento de quienes se ven obligados a dejar su país y a separarse de su familia para poder vivir.
Háblanos de alguna actividad en la que estés implicada en estos momentos…
Acompaño un proyecto local con personas migrantes que buscan mejorar sus vidas en España, su país de acogida. Junto a ellas estamos construyendo una comunidad de vida y solidaridad, creando espacios de ocio, tiempo libre y escucha que dan respuesta a necesidades y deseos que no están totalmente cubiertas.
¿Has tenido la posibilidad de conocer de cerca, de profundizar más en la causa social a la que te dedicas?
El voluntariado me llevó lejos. Participé en Experiencia Sur, el programa internacional de corta duración de Entreculturas, y viajé a Guatemala para conocer las escuelas rurales de Fe y Alegría, organización local con la que Entreculturas trabaja en el país.
¿Y qué aprendiste?
Allí descubrí la fuerza de la vida sencilla y la valentía cotidiana de tantas personas. Aquellos días fueron un ejercicio profundo de escucha y de mirada abierta. Entendí que lo que hacemos desde aquí tiene sentido porque está conectado con historias reales, con nombres concretos, con vidas que resisten. Esa experiencia aún hoy en día me recuerda por qué sigo comprometida.
Muchas de las ONG de nuestro país cuentan con personas voluntarias al frente de sus juntas directivas, en la dirección de la entidad o en la coordinación como es tu caso…
Sí; en los últimos años, coordino la delegación de Entreculturas en Vigo, lo que me ha dado la oportunidad de vivir el voluntariado en todas sus dimensiones. Este rol me permite acompañar a jóvenes y personas adultas que, al igual que yo, sienten que el voluntariado es una forma de estar en el mundo. Juntas impulsamos la misión de la organización en la ciudad y cuidamos un espacio donde cada gesto suma.
Hay personas que no ven el voluntariado como una vía para promover cambios profundos en la sociedad, ¿qué les dirías?
A mis 61 años me sigue moviendo la indignación ante las injusticias y no concibo mi vida sin este compromiso social. Desde el privilegio y la gratuidad de haber recibido tanto, siento que como ciudadana tengo la responsabilidad de contribuir a una sociedad en donde todas las personas tengan un lugar y unas oportunidades para desarrollar su vida con dignidad. Hoy más que nunca, ante este mundo polarizado, lleno de crisis y de conflictos, de discursos de odio, de rechazo al “diferente”, tenemos que alzar la voz por los que no pueden hacerlo y seguir defendiendo sus derechos.
Se podría decir que voluntariado es compromiso con lo que ocurre. Al otro lado, estaría la indiferencia…
El voluntariado te pone cada día frente a la realidad y te impide permanecer indiferente.
Transforma tu vida para que tú también puedas transformar la de otras personas. Todo, a la vez que te saca de la zona de confort, implicándote y complicándote… pero de una forma hermosa, necesaria, que da sentido a tu vida. Para mí, el voluntariado es una forma profunda de vivir y un aprendizaje continuo y no me conformo: quiero seguir construyendo, una sociedad de acogida, hospitalidad y encuentro junto a otras personas.

