Entra en vigor el Tratado de Alta Mar, un respiro para los océanos

Tratado de Alta Mar

Redacción

21/1/2026.- Tras casi dos décadas de negociaciones, ha entrado en vigor el Tratado de Alta Mar una norma esencial para la protección de los océanos que se encuentran fuera de una jurisdicción nacional. Hasta ahora la superficie marina protegida en alta mar apenas llegaba al uno por ciento, lo que ha supuesto un claro riesgo para la biodiversidad de los mares.

La entrada en vigor del Tratado supone un punto de inflexión para la gobernanza marina global. Según WWF, este momento marca un hito histórico para los océanos del mundo y para la humanidad. Al convertirse en una norma de obligado cumplimiento, inaugura una nueva era de gobernanza y cooperación oceánicas con un inmenso potencial para lograr unos océanos y una economía más saludables y resiliente. Desde esta organización insisten en que esto es solo el comienzo. Es necesario que tanto los gobiernos como las empresas colaboren para ponerlo en marcha de forma eficaz, y animan a los países que aún no se han sumado a que lo hagan cuanto antes. 

Uno de los avances clave del Tratado es que establece un mecanismo jurídicamente vinculante para designar una red de áreas marinas protegidas (AMP) en alta mar. WWF considera que esto es esencial para alcanzar el objetivo global de proteger el 30% del océano para 2030, acordado en el Marco Mundial para la Diversidad Biológica. Actualmente, el 9,6% de la superficie marina está protegida, pero en alta mar la cifra apenas supera el 1%, a pesar de su enorme importancia para la biodiversidad, el bienestar humano y la economía.

Cubrir un vacío histórico

En un contexto de presión creciente sobre la vida marina —por la sobrepesca, el transporte marítimo, la contaminación, el cambio climático y amenazas emergentes como la minería en los fondos marinos—, este Tratado llega para cubrir un vacío histórico. Ningún país ni organismo sectorial puede afrontar estos desafíos por sí solo: hace falta una respuesta coordinada y basada en el mejor conocimiento científico disponible.

El Tratado no solo permitirá crear áreas marinas protegidas acordadas a escala mundial, sino que también refuerza las evaluaciones de impacto ambiental para actividades que puedan causar daños ecológicos, como la pesca, el transporte marítimo, el tendido de cables o la extracción de recursos. Además, mejora la transparencia, fomenta la cooperación científica y establece el principio de una distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de los recursos genéticos marinos. 

WWF señala que ha llegado el momento de que todos los Estados y personas usuarias de los océanos colaboren de verdad para protegerlos. La organización defiende que solo situando la salud del océano en el centro de la pesca, el transporte marítimo y otros usos se podrá conservar la vida marina y los servicios ecosistémicos para las generaciones futuras.

Industrias marítimas

En este sentido, WWF subraya la necesidad de que las industrias marítimas trabajen junto a especialistas en biodiversidad para integrar el asesoramiento científico en la toma de decisiones, tanto sobre niveles y métodos de pesca como sobre rutas marítimas. Manifiesta además su disposición a colaborar con todas las partes implicadas para garantizar que el Tratado cumpla su objetivo. 

La alta mar es vital para la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la economía mundial: sostiene grandes caladeros y el transporte marítimo internacional. También es un pilar fundamental para la estabilidad climática. El océano ha amortiguado los efectos del cambio climático al absorber alrededor del 90% del exceso de calor generado por las emisiones de gases de efecto invernadero y el 25% de las emisiones de dióxido de carbono. Protegerlo es, por tanto, una medida imprescindible para frenar la crisis climática y ecológica. 

Además de impulsar la creación de áreas marinas protegidas, la organización ha defendido durante el proceso de negociación la inclusión de disposiciones esenciales para asegurar la efectividad del Tratado, como la obligación de realizar evaluaciones de impacto ambiental por etapas, el apoyo científico, financiero y tecnológico para que los países en desarrollo puedan participar en su aplicación, y un mecanismo sólido de cumplimiento y resolución de controversias. 

Pieza clave

Este Tratado es una pieza clave para implementar el Marco Mundial para la Diversidad Biológica, que compromete a los países a proteger al menos el 30% del océano y restaurar el 30% de las zonas degradadas para 2030. WWF insiste en que la protección debe centrarse en áreas de alta importancia ecológica y que, para que sea real y efectiva, las actividades humanas en esas zonas deben gestionarse estrictamente o prohibirse.

Por último, la organización recuerda que, aunque alcanzar el 30% de protección es fundamental, el 70% restante del océano debe gestionarse de manera sostenible. Para lograr un futuro positivo para la naturaleza, WWF considera imprescindible transformar las causas profundas de la pérdida de biodiversidad —especialmente en la producción de productos del mar, la extracción de recursos y el transporte marítimo— y, al mismo tiempo, acelerar la acción climática. El Tratado de Alta Mar se presenta así como una herramienta histórica para hacerlo posible.

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