“Hay que redirigir la ecoansiedad hacia el ecoactivismo” 

Cayetano Manchón

Juande Fernández, Responsable de Movilización en Greenpeace España
ecoansiedad
Juande Fernández

España ha vivido uno de los peores veranos de su historia en cuanto a altas temperaturas. Los incendios forestales han arrasado, sobre todo, la mitad norte del país. Son fenómenos que se producen año a año, pero el cambio climático los multiplica y los vuelve más violentos. El círculo vicioso entre calor y pérdida de biodiversidad parece imparable. 

Ante esta preocupante situación, hemos querido charlar con Juande Fernández, Responsable de Movilización en Greenpeace España, para que nos dé las claves de un nuevo escenario climático hacia el que nos avocamos. Juande nos habla de la incertidumbre que producen estos fenómenos, de cómo convertir la ecoansiedad en ecoactivismo y del peligro del poder desmovilizador que tienen las grandes empresas contaminantes. 

Desde Greenpeace, ¿qué valoración hacéis de las temperaturas récord que se han alcanzado este verano? 

Lo primero que hay que tener en cuenta es que lo que está pasando no es algo que no se supiese que iba a pasar. Este asunto ya no es un problema del futuro, es algo que está ocurriendo: lo que el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) decía hace años que iba a ocurrir es lo que estamos viviendo ahora mismo. Es decir, los fenómenos meteorológicos extremos se están produciendo de forma más asidua y extrema.   

En este sentido, la subida de temperatura que estamos experimentando en la zona del Mediterráneo tiene unos efectos directos sobre la salud de las personas y sobre el ecosistema natural a través de los incendios.  

Además, se están viviendo situaciones que son más propias de zonas como el Caribe, en las que se producen fenómenos como huracanes o tormentas tropicales, debido a la subida del nivel del mar en nuestra zona.  

Dada la situación que ya estamos viviendo, ¿qué cabe esperar en los próximos años?  

Por un lado, está el tema del famoso 1.5 °C, el cual se trata de una subida de temperatura media que no se ha de superar, y no un pico de temperatura máxima (el cual ya se ha superado). Por ello, si se sigue con la misma dinámica, a años y décadas vista sí que se va a observar esta tendencia mediante la cual la temperatura media sube año tras año.  

Este aumento de la temperatura media traerá consigo más períodos de lluvias torrenciales y de DANA, que serán cada vez más intensas. También se producirán más olas de calor, lo cual provocará un aumento de la cantidad y la virulencia de los incendios y un mayor número de muertes asociadas al calor.  

Por otro lado, también existe cierta incertidumbre. No sabemos con certeza los fenómenos que se van a producir si la tendencia sigue este camino. Por ejemplo, ¿qué pasa si se frenan las corrientes marinas que nos traen aire caliente de otras zonas? ¿Habrá un período frío en España? Esto es algo que no podemos saber. 

España ha vivido el peor verano de su historia en cuanto a incendios forestales, ¿cuáles pueden ser las consecuencias? 

Cuando hablamos de cambio climático, hablamos de pérdida de biodiversidad en cuanto a pérdida de hábitat. En este sentido, estos hábitats son muy difíciles de recuperar y requieren procesos de restauración ambiental que, con la intervención humana, llevarían décadas y décadas.  

Además, cuando hay un incendio, hay un riesgo muy grande de pérdida de suelo (y no solo de biodiversidad). Esto provoca que la recuperación de estas zonas, si es que es posible, tarde cientos de años.  

Toda esta situación tiene una consecuencia directa para la climatología local de esos espacios, ya que los bosques actúan como reguladores de la temperatura.  

Por último, existe una afección sobre las poblaciones rurales. En un momento en el que se tiene que fomentar el estilo de vida rural sostenible, los incendios dificultan que nos acerquemos a ese modelo. 

¿Crees que desde las instituciones se le da una importancia real a esta pérdida de biodiversidad y sus consecuencias? 

Es muy difícil generalizar porque son muchas comunidades autónomas y muchos partidos políticos con visiones muy distintas. 

Por un lado, hay que trabajar sobre las consecuencias. Este es un trabajo paliativo: invertir para tratar de recuperar los bosques, establecer los medios necesarios cuando existe riesgo de incendio para evitar que sean tan dañinos, apostar por planes de restauración serios y contundentes… Se trata de denuncias públicas que desde Greenpeace llevamos años realizando. 

Por otro lado, de nada vale tratar de paliar estas consecuencias si no seguimos afrontando el problema. A día de hoy, el coste del impacto del cambio climático es mayor de lo que nos costaría frenar el problema.  

Por ello, creemos que es necesario invertir recursos en ambos frentes. 

Más allá del debate en el ámbito político, ¿qué medidas concretas se pueden tomar? 

Totalmente. De hecho, ahora en noviembre será la próxima COP, en la cual las grandes potencias tratarán de ponerse de acuerdo sobre este asunto. Estas reuniones se llevan produciendo año tras año durante décadas para hablar de los mismos problemas. Está claro que ha habido mejoras, pero son insuficientes.  

Tiene que haber más decisiones políticas, pero, sobre todo, han de servir para presionar a quienes están contaminando. Muchas de estas empresas siguen obteniendo beneficios fiscales y subvenciones del gobierno. En este sentido, creo que los gobiernos deberían presionar a las empresas contaminantes y no al revés, como ocurre en la actualidad. 

Además, todo esto ocurre con el beneplácito de la ciudadanía. Con esto no quiero decir que la responsabilidad tenga que recaer sobre la sociedad civil, sino que es el poder el que tiene que recaer sobre ella. Ha de ser la sociedad la que influya en los gobiernos y en las empresas para que generen el mundo que merecemos y necesitamos. 

¿La ecoansiedad es un fenómeno en ascenso entre la ciudadanía? 

Yo creo que sí. Hace diez años el concepto de ‘ecoansiedad’ ni siquiera existía. De hecho, ya existen estudios que hablan sobre esta preocupación, sobre todo entre los jóvenes.  

Creo que es muy importante ser conscientes de la ecoansiedad y de lo que eso genera, pero hay que tener cuidado de no llegar a la inmovilización social que esta puede generar. 

En este contexto entra el juego el concepto conocido como ‘ecotopía’, mediante el cual se cree que otro futuro y otro modelo productivo es posible. Este pensamiento optimista es la clave para luchar contra la ecoansiedad o la frustración que esta pueda generar. 

Hablando de ecoansiedad, ¿a las organizaciones como Greenpeace les preocupa esta tendencia?  

Sin duda. Por ello, esto es algo que trabajamos desde nuestro voluntariado: organizamos espacios en los que la gente pueda manifestar como se siente ante esta situación a la vez que trabajamos ese optimismo consciente del que hablaba antes. 

En general, tratamos de redirigir la ecoansiedad hacia el ecoactivismo, para tratar de ser parte de la solución de un problema que estamos a tiempo de revertir.  

¿Qué mensaje le daría a aquellas personas que piensen que la situación climática es totalmente irreversible? 

La pregunta que hago siempre cuando alguien quiere hacer voluntariado es “¿a ti qué te motiva?”. Al final, todo suma y hay tantas cosas por hacer que cualquier acción que estés dispuesto a realizar va a ser beneficiosa.  

El voluntariado ecologista tiene que realizarse desde lo positivo porque las emociones negativas desmovilizan. Por ello, creo que hay que buscar aquello que nos haga sentir bien y que nos motive.  

Yo creo que sí que estamos a tiempo. Sin embargo, hay intereses en hacernos creer lo contrario. Es decir, a los grandes poderes les interesa que nos desmovilicemos, ya sea negando la existencia del cambio climático o diciendo que ya no hay nada que podamos hacer.     

¿Qué vías tienen las grandes empresas para hacerlo? 

Por un lado, las grandes corporaciones tratan de presionar a los poderes gubernamentales para que les dejen seguir haciendo lo que han hecho hasta ahora. 

Sin embargo, de cara al público, utilizan la estrategia del ‘Greenwashing’ para ocupar nuestros espacios. De esta forma, tratan de convencer a la sociedad de que están tomando decisiones ecologistas para contaminar menos y así desmovilizarnos. Se trata de un disfraz con el que intentan tapar las acciones contaminantes que siguen llevando a cabo. 

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