Hacerles sentir parte de la sociedad, romper con las barreras, escuchar y reivindicar sus derechos son algunos de los objetivos de la Fundación Personas, una entidad dedicada a las personas con discapacidad intelectual y en la que colabora Nuria Manero desde hace cuatro años. Esta voluntaria, que tiene una hermana usuaria, reconoce la importancia de brindar apoyo y sensibilizar porque «todos, aportando un poquito, hacemos un mucho».
¿Cómo y cuándo empezaste a colaborar en la Fundación Personas?
Mi padre fue una de las personas que formaron Asprona, la Asociación de Familiares Pro-personas con discapacidad intelectual. Tengo una hermana, de 67 años, que tiene discapacidad. Es una de las más mayores y, aunque es bastante autónoma, no podemos omitir esta realidad. Un día trajo un folleto diciendo que se lo habían dado en el club de ocio por si queríamos o si conocíamos a alguien para hacer voluntariado. Así empecé y llevo como tres o cuatro años.
¿Cuánto te ha enseñado convivir con esta realidad?
Mi hermana tenía reconocida una discapacidad del 33% y desde que se jubiló pasó a tener un 65%. Yo no fui consciente de esa discapacidad, quizás porque me llevo 11 años. La veía muy autónoma. Fue al cabo de unos años cuando empecé a tener un poco más de consciencia y a darme cuenta de que sí necesitaba apoyo. En mi casa, lo hemos vivido con mucha normalidad. Mis padres creo que han potenciado eso, el que no hubiera diferencias.
Es cierto que, después de que estuviera en una fábrica de caramelos y en unos talleres de muñecas de trapo, les dijeron a mis padres que la veían con capacidad para trabajar. Al principio, les costó. Quizás porque no querían que saliera de su zona de confort o por sobreprotegerla, pero ahora con el tiempo sabemos que es la mejor decisión que pudieron tomar.
¿Consideras que te ha dado grandes lecciones de vida y que esta perspectiva ha mejorado tu forma de hacer voluntariado?
Sí, desde luego. Te quitas prejuicios y ves que son como cualquiera. Mi hermana se puso a trabajar en una empresa de limpieza y ha estado trabajando hasta hace diez años, que se jubiló. Ahora tiene su independencia económica y, aunque mis padres fallecieron en 2018, sigue viviendo en su casa y haciendo su vida independiente.
Cuando pasó no sabíamos cómo iba a reaccionar, pero nos dio una lección de vida increíble. Estuvo mal, pero resurgió cuando vio que nosotros le preguntábamos qué quería hacer y si quería quedarse en casa con otra persona o ir a pisos tutelados. Sintió que contábamos con ella, pero tampoco veíamos hacerlo de otra forma. De hecho, mi hermana se ha dedicado al atletismo y ganó un campeonato de Europa. La vemos feliz e integrada, pese a que nosotros siempre lo hemos llevado con toda la normalidad del mundo.
¿Cuáles son las actividades que realizas en la Fundación Personas?
Habitualmente estoy en el taller de cocina, pero también estoy en todas las actividades que me llaman. Estoy a disposición de la Fundación. Siempre que me necesiten iré porque sé lo importante que es ayudar, brindar apoyo y sensibilizar sobre esto. Me llaman para una excursión, para ir al teatro, para ir a pandillas… Estoy disponible para todo porque todo es importante y les ayuda.
¿Cuál es de las cosas más importantes a la hora de trabajar con personas y familias con estas características?
Es muy importante pararse a escuchar, poner ese granito de arena, colaborar y hacérselo más fácil a las familias y a las personas, que deben sentirse atendidos. El voluntariado ayuda, pero ellos también a nosotros. Me han dado lecciones de vida y de superación.
En el taller de cocina, por ejemplo, he visto cómo una usuaria en silla de ruedas y con las manos torcidas, lo primero que me pidió para cortar era una cebolla. Me quedé alucinada y aprendí mucho. En mi cabeza entraba otra cosa muy distinta, pero ella era más o igual de capaz que yo. Ellos tienen una discapacidad, pero se superan a sí mismos y nos enseñan a nosotros.
¿Cómo has enfrentado las dificultades?
Uf… Cuando se me ha dado una situación un poco especial, he intentado hablar con el usuario en cuestión. Es importante brindar apoyo mediante la comunicación. Hay que hacer que te entiendan o que, al menos, lo intenten. Las situaciones se controlan mejor desde ese punto. Nos tenemos que hacer entender desde la empatía, el tiempo, el razonamiento y la compasión.
Una de las áreas de Personas es el Servicio de Ocio y Deporte Inclusivo. ¿Qué actividades deportivas lleváis a cabo?
Hay muchísimas actividades deportivas, como fútbol, baloncesto o natación. El deporte es importante. Sin embargo, es todavía más importante para ellos porque aprenden a compartir, a ceder y a expresarse. Practicar alguna modalidad les aporta muchos beneficios de superación, no solo a nivel físico, sino también intelectual. El deporte inculca valores y, al igual que lo tenemos muy claro cuando hablamos de cualquier persona sin discapacidad, pasa lo mismo con ellos.
Apostáis por la normalización y la inclusión social con un programa continuado de actividades.
Así es. Cualquier actividad extra, ya sea deportiva o de ocio, les ayuda a integrarse en esa sociedad que, hasta hace poco, les discriminaba. Creo que la sociedad está adaptándose a eso, a ver de una forma normal a estas personas. Aunque tengan una discapacidad intelectual, tienen también derecho a vivir la vida y a disfrutar.
¿Invitarías a todo el mundo a participar en un voluntariado así?
Invitaría a mucha gente a vivir esta experiencia porque se necesita. Es necesario ayudar y que nos enseñen a nosotros. Hay que conseguir que estas personas tengan una inclusión social en todos los ámbitos. Para mí es muy gratificante poner mi granito de arena e insto a todas las personas a que se metan en sociedades de este tipo para poder ayudar. Todos, aportando un poquito, hacemos un mucho.

