“Lo primero que se sacrifica en una guerra es la educación”

José Miguel Márquez Troyano

Damien Marquet, responsable de la respuesta humanitaria y coordinador de los proyectos locales de la ONG Educo en Líbano
Líbano
Foto Damien MARQUET

La escalada de violencia en Oriente Medio durante el último mes ha reactivado con dureza el conflicto latente entre Israel y Líbano, ha destruido el frágil equilibrio en la región. Tras una concatenación de crisis, el sistema educativo libanés se encuentra en riesgo y compromete el futuro de varias generaciones.

Para tener una fotografía más próxima a la realidad, hemos hablado con Damien Marquet, responsable de la respuesta humanitaria y coordinador de los proyectos locales de la ONG Educo en Líbano. Marquet nos ofrece una visión basada en los daños humanos, materiales y psicológicos.

Líbano sufre una grave crisis económica desde 2019 a lo que se suma un conflicto bélico desde 2023 y la situación actual en Oriente Medio, ¿en qué situación se encuentra la infancia?

No podemos pensar en el Líbano como una sola crisis, sino como la multiplicación de varias que han ido acentuando los efectos devastadores de las demás.

La crisis económica de 2019 produjo un problema en el gobierno, un parón de la economía y una superinflación, provocando docentes mal pagados o, directamente, sin sueldo. Luego vino el COVID, coincidiendo con la explosión del puerto de Beirut —en 2020— y, tras ello, el inicio de las hostilidades con Israel el 8 de octubre de 2023.

En 2024 se utilizaron escuelas como refugio —dejando a los niños sin poder estudiar—. Se reanudó el curso escolar en noviembre de aquel año tras el alto el fuego, pero muchos colegios habían sido dañados y, por ello, más niños se quedaron fuera del sistema educativo.

Ahora volvemos con lo mismo: desde hace un mes tenemos escuelas usadas como refugio, así como algunas que han sido destruidas, afectando a todo el sistema.

¿La crisis económica está acentuando enormemente la alimentaria y educativa?

Sí. Es una crisis de las necesidades básicas de los niños y las niñas en el Líbano.

Primero, la crisis económica afectó a todos los hogares, provocando que muchísimos cuidadores dejaran de enviar a sus niños a la escuela porque no podían pagar la matrícula, los materiales o el coste del transporte.

También es importante resaltar el malestar psicológico provocado por la falta de necesidades básicas. Es muy difícil dar una clase a niños que no se encuentran bien porque no están en ese sitio emocionalmente.

Por ello, hablamos de una “generación sacrificada”, pues no es solo por una cuestión de vulnerabilidad, sino varias al mismo tiempo.

¿Qué cifras se manejan respecto a la crisis educativa en la infancia?

En enero de 2025, según UNICEF, más de medio millón de menores se quedaron fuera de la escuela en el Líbano. Esto, sobre una población total de 5 millones de personas, representa un 10%.

Con el conflicto actual se manejan cifras parecidas a las de 2024: 1,2 millones de desplazados y, de estos, un tercio son niños. A nivel de coste humano, estamos hablando de entre tres y diez niños muertos al día. Respecto a los heridos, estos representan el 10% del total.

Además, tres de cada cuatro cuidadores reportan ansiedad en sus niños, así como seis de cada diez infantes presentan síntomas de depresión.

Y no solo es un coste humano o psicológico, sino también físico: hay 300 escuelas usadas actualmente como refugio, mientras que en 2024 tuvimos 14 colegios destruidos por completo y 600 instalaciones educativas dañadas.

Hablabas de 300 escuelas utilizadas actualmente como refugio…

Sí. Hay un problema del que no se habla mucho: ¿qué conlleva utilizar una escuela como refugio? No podemos olvidar que no son espacios dedicados a esto, pues no hay separación entre los niños, tampoco entre estos y los adultos. Además, también hay enormes problemas de higiene cuando en un mismo espacio conviven 300 personas cada día y no hay suficientes lavabos o duchas, por ejemplo.

Desde vuestra organización se ha puesto el foco en señalar las dificultades que entraña suplir la educación presencial por clases telemáticas.

Es realmente complejo. En las zonas duramente azotadas por los bombardeos sí que se imparten más clases digitalmente, siempre y cuando haya conectividad, lo que es un problema.

La conectividad ha sido impactada por todo lo que está ocurriendo y, además, es difícil que los profesores se aseguren, a través de una pantalla, de que sus alumnos se encuentran en buenas condiciones y con la suficiente atención. Nunca deberíamos sacrificar la calidad educativa por una crisis.

El conflicto con Israel se localiza, especialmente, en la zona del sur del Líbano, ¿hay mucha disparidad entre territorios?

Sí. Las tres zonas más afectadas y vulnerables debido a este conflicto son el sur del río Litani, Beirut —especialmente los suburbios de Dahie— y una zona, más al este, que es Bekaa-Baalbek.

El norte no ha recibido tantos ataques y bombardeos por parte de Israel, pero es un foco importante de desplazamientos, pues es la única zona con mucha más seguridad. Además, es un territorio próximo a la frontera con Siria y, tras la marcha de Bashar al Assad, hubo un movimiento muy importante de “nuevos desplazados” desde Siria hasta el territorio libanés.

Y, en relación con esto, ¿cómo es posible educar a gente tan joven en tiempos de guerra?

Hay ejes relevantes respecto a esto. Primero, los docentes, que también viven bajo la misma presión que los niños, que la sufren con sus propios hijos y que, además, cargan con la responsabilidad de tener que impartir las clases.

Por ello, hay que reforzar e invertir en la formación de los profesores, pues son los primeros que se van a sentir desbordados y necesitan herramientas para evacuar ese estrés y, después, el de sus alumnos.

Y otro eje clave es el relativo a la salud mental, pues cuando comienza una crisis de estas características se dejan de dar asignaturas básicas y la prioridad pasa a ser el acompañamiento psicosocial de los alumnos.

El objetivo es que, cuando el alumnado se calme y entienda un poco la situación, puedan retomar sus enseñanzas básicas.

¿Qué otras iniciativa habéis puesto en marcha?

Estamos trabajando con Basmeh C Zeitooneh desde hace medio año y se trata de un proyecto muy diferente al resto, enfocado en niños refugiados sirios.

Estos fueron expulsados por su sistema educativo en 2018 y, adaptando sus asignaturas al currículo libanés, buscamos introducirlos en este sistema educativo.

Asimismo, también trabajamos con esta asociación a través de respuestas de emergencia ante la crisis, en forma de comida, dinero para las familias más necesitadas y la construcción de refugios y viviendas. El objetivo es dar una respuesta integral a todo este problema.

Relacionado con esa prioridad psicosocial que he mencionado antes, también ponemos en marcha campañas de higiene, pues entendemos la escuela como un sitio que cura, salva y que protege a estos niños.

Además, estamos trabajando en un proyecto para los próximos meses enfocado en las niñas palestinas, su empoderamiento y el combate de los estereotipos. Esto nos parece fundamental, pues la desigualdad de género puede afectar muchísimo a la educación y el desarrollo de estas personas.

¿Y qué propuestas concretas tenéis ante esta crisis educativa ?

La reconstrucción educativa del Líbano no puede comenzar cuando la guerra termine, sino que tiene que empezar ya.

Lo primero que queremos hacer en Educo es rehabilitar escuelas destruidas y dañadas, así como garantizar estos entornos seguros y eliminar las barreras económicas, pues el problema es que, por mucho que rehabilitemos las escuelas, los niños no van a poder ir a ellas.

Asimismo, le damos mucha importancia al refuerzo que tenemos que hacer ante la pérdida de aprendizaje. Durante la década de los 70 y 80 se hablaba del Líbano como “la Suiza de Oriente Medio” gracias a su desarrollo y alto nivel de formación, pero hoy es el país de la zona que más ha retrocedido en las evaluaciones internacionales.

¿Qué se está haciendo para ayudar al profesorado en la zona?

Detrás de cada proyecto hay un módulo con formación para docentes y trabajadores comunitarios, siempre adaptado al contexto y las necesidades de cada zona. Esto nos permite establecer unos mínimos estándares que se deben respetar antes de iniciar el proyecto.

En estos módulos se tratan cuestiones como el manejo del estrés de un niño o las herramientas necesarias para gestionar esa clase de estados, relacionadas siempre con el aprendizaje socioemocional.

Además, algo muy relevante es que la primera persona que se va a dar cuenta de una situación de desprotección en un centro educativo es un docente, por lo que es importante que haya una formación relativa a la identificación, detección y derivación de estas situaciones.

Otro módulo fundamental es el del primer auxilio psicológico, enfocado en la gestión de un niño que se encuentra en un estado de angustia o estrés emocional.

¿Cuánto tiempo necesita el Líbano para recuperar su sistema educativo?

Hablamos de una “generación sacrificada” porque son entre siete y ocho años sin educación de calidad. Estamos hablando de niños que son casi adultos y que deben tener, ahora, voluntad para reducir las brechas educativas que existen, pero nunca las van a recuperar del todo. De hecho, en Educo estamos haciendo mucho trabajo en lo relativo a la formación profesional de estas personas, pero el gran problema es la infancia de ahora y respecto a la que hay que actuar ya.

Uno de los grandes obstáculos para lograr este fin es movilizar a la Comunidad Internacional para que ayuden al gobierno del Líbano a mantener su sistema educativo y que no sean dos las generaciones “sacrificadas”, aunque ahí también importan las partes representadas en el conflicto.

Se está hablando mucho sobre la posible invasión de Israel del sur del Líbano, pero la pregunta que todos nos hacemos es cuál va a ser la repercusión de esta sobre los niños. No tenemos la respuesta respecto a eso y a mí me da mucho miedo y vértigo.

¿Se deberían garantizar los derechos básicos de la infancia en cualquier conflicto internacional?

Sí. Algo que hemos aprendido en los últimos años es que lo primero que se sacrifica siempre es la educación.

Los traumas que se generan en un niño de tres, cuatro o cinco años los va a mantener durante toda su vida y no tiene las mismas herramientas que un adulto para afrontarlos.

Esto debería ser lo mínimo y lo básico: no se puede atacar una escuela. Conviene recordarlo: los niños y las niñas no forman parte del conflicto.

Para terminar, ¿cómo puede colaborar la población con su organización?

Además de programas de voluntariado, hemos abierto una campaña de recaudación de fondos, enfocada en la situación del Líbano, para ayudarnos en la creación de respuestas de emergencia, el fortalecimiento del sistema educativo y evitar que los niños no pierdan todo el acceso a la educación.

De vez en cuando, conviene recordar los efectos reales de un conflicto de estas características pues, al estar lejos, no nos sentimos identificados.

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