Madrid.-8/4/2026.- Activistas de Greenpeace en EE. UU. han desplegado una pancarta en la Casa Blanca para exigir la destitución inmediata del presidente estadounidense por crímenes de guerra. Desde todo el país se alzan voces que claman “NO A LA GUERRA”, mientras Trump trama nuevas formas de apropiarse del petróleo, bajo el pretexto de una guerra sin sentido que amenaza la economía mundial.
John Hocevar, director de programas de Greenpeace EE. UU., ha afirmado que “el presidente Trump amenazó con que ‘toda una civilización moriría anoche‘ si Irán no cumplía su plazo, lo que constituye una amenaza evidente de cometer un ataque ilegal contra la población civil. Este es un momento en el que el vicepresidente y el gabinete presidencial deben intervenir para invocar la 25.ª Enmienda». Hay que señalar que esta enmienda de la Constitución de los Estados Unidos es el mecanismo que permite destituir a un presidente considerado incapaz de ejercer el cargo y con ella se podría declarar a Trump no apto para ejercer la presidencia.
Guerra por petroleo
Según Hocevar, «El pueblo estadounidense entiende que esta guerra gira en torno a los intereses económicos de la docena de multimillonarios que parecen dirigir esta administración y que no va a aumentar la seguridad de nadie. Cuando las empresas estadounidenses están a punto de embolsarse más de 60.000 millones de dólares en beneficios extraordinarios gracias a este desastre impulsado por la codicia, Trump no puede mirar la verdad de frente ni mentir al pueblo estadounidense, que percibe claramente los efectos de la guerra en el precio de la gasolina, en sus planes de viaje y en el abastecimiento de bienes y productos de los que dependen millones de personas”, indica el director de programas de Greenpeace EE. UU.
Además, Hocevar ha añadido que “nuestro nombre no es solo una marca, es la verdad que hemos defendido desde el mismo día en que se fundó esta organización hace más de 50 años. No podemos tener un mundo verde y justo sin paz, y eso es lo que pedimos”.
Greenpeace EE. UU. defiende que la paz debe ser una prioridad y considera que su consecución pasa por la adopción de medidas económicas y energéticas concretas. Entre ellas, la organización plantea la necesidad de gravar los beneficios extraordinarios de las grandes compañías petroleras, reinvertir esos ingresos en la población estadounidense y avanzar hacia una política ambiciosa de energías renovables que reduzca la dependencia de los combustibles fósiles.

