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21S: Somos más

En mitad del ruido de las redes sociales, de las llamadas de atención de aquellos que reclaman el foco de forma incendiaria, de las fake news y el clickbait, somos muchas más las que no odiamos, las que construimos, las que somos solidarias.

Por Cristina Álvarez -MPDL-

En un mundo polarizado y resonante como una cámara de eco, donde lo que más se reproduce a nuestro alrededor en los medios y en las redes sociales nos separa, enfada y resta de esperanza, resulta difícil -casi imposible- ver rayos de sol en mitad del tupido bosque.

No seremos naíf al negar el complejísimo contexto global en el que nos encontramos, con la conjunción de diversas crisis, como la climática, económica, energética, alimentaria, social e institucional: nuestra labor es mitigar sus impactos en las personas en situación de mayor vulnerabilidad y cambiar las estructuras que las generan y perpetúan.

Pero abocar -e invocar- constantemente al cataclismo puede generar inmovilidad social: no muestra las causas (y causantes), sus consecuencias y vínculos, ni las posibles soluciones para mitigarlas o ponerles fin. Esos cataclismos abstractos, oscuros, enormes y amorfos hacen que cambiarlos parezca un imposible, una pérdida de tiempo, un «total, para qué».

Bajemos a tierra, miremos alrededor, en nuestro entorno, barrio, pueblo o ciudad. Ahí están, personas, grupos y comunidades en acción para cambiar las cosas.

La pandemia Covid-19 nos hizo mirar muy cerca de nosotras. ¿Y qué vimos al poner el foco? Personas ayudando de forma individual o colectiva, comunidades y redes vecinales puestas en marcha para apoyar y facilitar ante una situación de emergencia nunca vista. Fue inmediato y espontáneo, en ocasiones había una experiencia previa de apoyo mutuo, en otras surgió de forma novedosa, cada una apoyando con sus recursos, capacidades o habilidades.

Según reveló el informe del Observatorio del Voluntariado de la PVE, el voluntariado alcanzó una cifra récord en 2022: 3,3 millones de personas -el 8,2% de la población en España-, lleva a cabo alguna tarea solidaria. Esto supuso un aumento de casi dos puntos con respecto al año pasado.

El compromiso social aparece también en forma de activismo y movimientos sociales: es bien sabido que la lucha contra el cambio climático está siendo liderada por jóvenes de todo el mundo, que los movimientos feministas se abren hueco ante la ola reaccionaria, o que buena parte de la sociedad poco a poco se va plantando frente al racismo y la LGTBIfobia. Un compromiso social que aparece también a través del sentido de pertenencia y vinculación económica con las organizaciones no gubernamentales, tal como indica el estudio de Rebold “¿Cómo es el compromiso social con las ONG en España?”, la cuarta parte de las personas entrevistadas se declaró socia actual de alguna ONG.

Las redes sociales, ese magma de crispación y odio potenciado por algoritmos al servicio de grandes empresas, a prueba de haters y bots, son también espacios donde activistas, referentes y expertas diversas nos abren ese tupido bosque para que pueda salir más el sol.

Nadie dijo que fuera fácil, no lo es, lo sabemos bien. Pero somos más, en todas partes, desde diferentes lugares. A veces se nos ve menos, pero somos muchas más.

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