Cayetano Manchón
El término «niño soldado» es el más extendido para referirnos a aquellas personas menores de edad que, por un motivo u otro entran a formar parte de un grupo o fuerza armada. Sin embargo, es un concepto que desde diversas organizaciones desaconsejan ya que, aunque hayan sido reclutados, son niños y niñas, y sobre todo son víctimas, no perpetradores. Estas organizaciones, como puede ser UNICEF, luchan a diario por la liberación de estos niños y niñas, que son despojados de sus familias de forma traumática y que son obligados a cometer actos de guerra a través de torturas y sometimientos.
Lorena Cobas forma parte del equipo de Programas Internacionales de UNICEF España. Es especialista en programas de emergencia y acción humanitaria, habiendo ampliado su formación con otros ámbitos como la protección de la infancia, y el enfoque de género. Gracias a su vasto conocimiento en este ámbito, Lorena nos detalla en esta entrevista las técnicas de reclutamiento de niños o niñas, los actos que les obligan a cometer y las secuelas que estas prácticas dejan en menores de todo el mundo.
¿Cuál es el perfil sociodemográfico que se busca a la hora de reclutar a menores?
Si bien cada contexto es distinto y cada conflicto tiene unas dinámicas diferentes, hay algo que se podría ver cómo una pauta general, y es que la pobreza está altamente relacionada con el reclutamiento de niños y niñas. Los niños y niñas que no tienen recursos pueden ver este reclutamiento como una manera de sobrevivir, porque les garantiza una mínima alimentación, protección, y muchas veces, hasta les dan algo de dinero con el que pueden ayudar a sus familias. De hecho, el alistamiento de niños y niñas suele aumentar a medida que avanzan los conflictos y las familias agotan sus recursos. Es uno de los que conocemos como ”negative copying mechanism” (mecanismos megativos de afrontamiento), que dan una solución a corto plazo, pero hipotecan los derechos de la población a posteriori.
También hay que destacar que muchas veces un elemento que tienen en cuenta los grupos y fuerzas armadas es hacer daño al enemigo. Es por esto que pueden elegir a niños y niñas de las zonas controladas por el bando enemigo para atacar más profundamente el ánimo de estas poblaciones.
¿Cómo se recluta a estos menores? ¿Qué técnicas se utilizan?
En cada contexto se utilizarán unas u otras técnicas, o incluso, según los grupos armados dentro del mismo conflicto puede variar.
Algunos ejemplos de prácticas de reclutamiento son el secuestro y el «alistamiento».
En cuanto al secuestro de niños y niñas, este puede ser individual, por ejemplo, si los niños o niñas se tienen que desplazar para ir a la escuela, los grupos armados pueden aprovechar ese momento para secuestrarles. Pero también se pueden dar estos secuestros de una manera más organizada, como parte de un saqueo a una aldea, por ejemplo. Muchas veces estos secuestros se dan en los espacios en los que los niños y niñas deberían sentirse más protegidos, como en las escuelas, o mientras duermen en sus hogares por las noches.
Por otro lado, hay casos en los que los niños y niñas «se alistan». Aquí es necesario insistir en que, aunque parezca que esta forma de reclutamiento es voluntaria, no se puede considerar así, porque son las circunstancias las que hacen que tomen esta decisión como única alternativa que ven para sobrevivir y para mantenerse a sí mismos/as (y en muchas ocasiones a sus familias) a salvo. Los motivos que les pueden llevar a tomar esta decisión son variados: la pobreza, el haber perdido a sus familias, deseo de venganza (cuando un grupo armado les ataca), o incluso como respuesta a chantajes (los grupos les amenazan con hacerles daño a ellos o a sus familias si no se unen al grupo).
¿Qué técnicas se utilizan a la hora de forzar a estos menores a cometer actos de guerra?
En primer lugar, en el mismo reclutamiento hay un elemento de aislamiento del niño o niña, el hecho de apartarles de sus familias y de su entorno, y el grupo armado se convierte en lo más parecido a una familia. Uno de los ejemplos más extremos de esta práctica es hacer que los niños y niñas maten a sus propios padres como primer acto de guerra (bajo la amenaza de que, si no, les matarán de una manera más dolorosa).
Una vez hecho este aislamiento, normalmente empiezan fases de “entrenamiento” en las que les someten a torturas y malos tratos para acabar de someter su voluntad. Por ejemplo, les dicen que el arma que le entregan es su madre y que la cuiden como tal, y si le ocurre algo al arma les someten a duros castigos.
Otra técnica que utilizan son las amenazas, por ejemplo, con dañar a sus seres queridos o con enviarles a un ataque suicida si no obedecen.
Una práctica muy común es drogarles en el momento en el que necesiten que actúen de manera agresiva y sin miedo (como cuando tienen que entrar en combate). Muchos/as niños y niñas liberados, presentan adicciones en su vida posterior por esta práctica
¿Cuál crees que es el motivo para la utilización de menores en conflictos armados?
La motivación de los grupos armados es muy cambiante, y puede que tengan diferentes motivaciones en cada decisión.
Por ejemplo, hay casos en los que ya no quedan adultos que puedan combatir, y recurren a la infancia para cubrir sus filas. En otros casos, los grupos armados se aprovechan de que los niños y niñas están en un momento del desarrollo en el que aún no tienen forjada su personalidad y su manera de relacionarse en sociedad, lo que les hace más maleables para que sean obedientes. Por último, otro motivo puede ser hacer daño al grupo enemigo. Es decir, si secuestran a los niños y niñas de las comunidades controladas por ellos, en estas comunidades podrían perder confianza.
¿A qué problemas psicológicos y sociales se enfrentan estos menores a posteriori?
El reclutamiento tiene graves consecuencias inmediatas, pero también a largo plazo (de hecho, si no se hace un proceso de reintegración de calidad existe el riesgo de que los niños y niñas liberados/as vuelvan a reclutarse).
Por un lado, existen consecuencias físicas: como consecuencia de los combates o por abusos por parte de sus jefes, desnutrición, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados fruto de violaciones.
En segundo lugar, también se producen secuelas psicológicas: traumas emocionales al haber sido testigos directos de actos de violencia, a veces se les obliga a cometer actos violentos contra sus propias familias con el fin de cortar los vínculos familiares, con las consecuencias psicológicas y emocionales que ello conlleva.
Por último, se da el problema de la integración: es muy complicado volver a casa. Son niños y niñas que han crecido en un entorno jerárquico y de violencia, hay veces que no saben dónde está su familia y, una vez que la encuentran, pueden sufrir el rechazo familiar y social.
Hay que prestar especial atención a la situación de las niñas, ya que se enfrentan a vulnerabilidades definidas por cuestiones de género y los roles asignados a las mujeres en sus sociedades. Sufren abusos específicos como el secuestro, la violencia sexual, embarazos no deseados, complicaciones físicas y psicológicas relacionadas con el embarazo y parto sin atención médica, estigma y repulsa por parte de familia y comunidades.
¿Qué papel juega la violencia sexual en el reclutamiento, sobre todo, de niñas?
Lamentablemente, la violencia sexual es un tipo de violencia que se usa mucho en un contexto de conflicto, especialmente dentro de la organización y la vida en un grupo armado. Como se ha indicado anteriormente, atraviesa la vida de las niñas, desde el mismo reclutamiento (por amenazas contra ellas, pero también contra ellos y contra otros miembros de la familia…), durante el tiempo que están reclutadas (porque las convierten en esclavas sexuales o las obligan a casarse con altos mandos, porque utilizan las agresiones como método de castigo, por ejemplo), o cuando ya se les libera (por que tienen que lidiar con las consecuencias físicas, emocionales y sociales, dificultando su reintegración).
Este tipo de agresiones afecta especialmente a las niñas, pero hay que reconocer que también se puede dar este tipo de agresiones hacia niños. Por ejemplo, si se utiliza la violación como un elemento para dañar la moral del bando enemigo, podrían encontrar como más doloroso que las agresiones se hagan hacia los niños (entendiendo los roles que tradicionalmente se les asigna en cada contexto).
¿Cuál es el proceso de reintegración social de los menores que han sido utilizados como ‘soldados’?
Es una pregunta muy pertinente, puesto que, aunque, efectivamente, el primero de los pasos para el logro de la reintegración social de los niños y niñas víctimas de conflictos armados es el abandono del grupo armado, la verdadera batalla comienza a partir de este momento: superar el trauma que se deja atrás, física y mentalmente, y creer que delante les espera una vida mejor. Es por esto que, desde UNICEF (junto con otras organizaciones expertas en protección de la infancia en cada contexto), trabajamos en base a tres pasos: desarme, desmovilización y reintegración.
El desarme consiste en recoger, documentar, controlar y eliminar armas pequeñas, municiones, explosivos y armas ligeras y pesadas en posesión de los combatientes y a menudo de la población civil.
La desmovilización es la baja oficial y controlada de los combatientes activos de las fuerzas y grupos armados, lo que incluye una fase de «reinserción» en que se proporciona asistencia a corto plazo (médica, psicosocial y jurídica) y, en el caso de las niñas y niños. En algunas ocasiones, en este proceso de desmovilización se realizan ceremonias de liberación, que son actos simbólicos de abandono del grupo armado, en el que todos los actores (el grupo armado, la comunidad, los niños y niñas…), reconocen que esos niños abandonan la vida en el grupo y pasan a formar parte completamente de la vida civil.
La reintegración es el proceso por el cual las niñas y niños liberados vuelven a adquirir la condición de “niños” y “niñas”. Se incluyen acciones de reintegración social: formación reglada y/o profesional, vuelta con sus familias y/o integración en familias de acogida. Se trata de un proceso político, social y económico sin unos plazos establecidos y que tiene lugar sobre todo a nivel de las comunidades locales.
Una vez que se les libera, los niños y niñas acuden a un centro de transición, en el que podrán iniciar el proceso de cambio, y se les dará la atención inmediata que necesiten (médica, psicológica…). En este centro, cada niño y niña, establecerá, junto con trabajadores/as sociales, un plan individual para su recuperación y reintegración. En cada caso se hacen planes específicos adaptados a su situación, pero hay elementos que suelen ser comunes, como la reunificación familiar, la inclusión en programas educativos o de formación profesional, el apoyo psicososcial o el trabajo con las comunidades para su reintegración.
¿Qué urge en materia legal para acabar con esta problemática?
Actualmente contamos con una base de normativa internacional (y depende del contexto también puede haber normativa nacional) al respecto, incluyendo varias resoluciones de Naciones Unidas, el Derecho Internacional Humanitario, y los procesos de Justicia y Reparación. Si bien se puede hacer un análisis de como ampliar la cobertura legal, hay un primer paso a valorar que es el cumplimiento de las normas que ya existen.
Aunque este camino está aún por hacerse, hay pequeños avances que nos dan una luz de esperanza para el cambio, como la condena de la Corte Penal Internacional a Thomas Lubanga por reclutamiento de niños y niñas.
¿Cómo han influido las redes sociales en las nuevas vías de reclutamiento?
Las redes sociales forman parte de la vida en cualquier contexto, incluso en medio de los conflictos. En muchos casos los grupos y fuerzas armadas las pueden usar como herramienta de propaganda entre niños/as y adolescentes para promover que se unan a los grupos y fuerzas armadas.
Pero, por otro lado, también podemos ver el carácter de construcción que pueden tener. Las redes sociales pueden ser una herramienta muy potente de conexión de niños y niñas que están en la fase de reintegración, y conectar por ejemplo a niños y niñas con intereses comunes en formaciones profesionales para ayudarse mutuamente en el proceso de aprendizaje.

