«Crear una cultura solidaria es tarea de toda la sociedad, no solo de las ONG»

Rubén Fernández

Jorge Ruiz siempre notó el compromiso solidario en él. Ahora, como nuevo presidente de la Federación Riojana de Voluntariado Social, hace un repaso de su extensa trayectoria vital y de los retos a afrontar a lo largo de los próximos cuatro años de mandato.
Jorge Ruiz Chicote

Tras más de 28 años de experiencia en el Movimiento Scout y 22 dirigiendo y coordinando programas en YMCA, Jorge Ruiz Chicote asume la presidencia de la Federación Riojana de Voluntariado Social con una extensa trayectoria a sus espaldas. Profesor de formación, pero con un gusto por la educación «no formal», su compromiso con el voluntariado viene latente desde su infancia. Hoy nos hablará sobre cómo afronta esta nueva etapa y cuáles son los objetivos a desarrollar en los próximos cuatro años.

¿Cómo llegó al voluntariado? ¿Qué razones o experiencias le llevaron hasta el compromiso solidario?

Mi trayectoria en el mundo asociativo tiene dos vertientes: una que proviene del voluntariado, en la que durante casi 25 años pertenecí al Movimiento Scout; y otra del ámbito profesional. Fui técnico del Consejo de la Juventud de La Rioja. Y en una de mis últimas etapas he sido director en YMCA La Rioja, durante más de 22 años, donde he estado coordinando y dirigiendo tanto programas como acciones.

Desde joven entonces notó ese compromiso solidario, ¿no?

Sí, yo creo que siempre lo he llevado dentro. Soy profesor, pero nunca me ha gustado la educación formal, si no la «no formal». Es decir, fomentar esos aspectos del desarrollo de la persona que impliquen ayudarles en aquello en lo que yo pudiera ayudar. Mi experiencia ha sido muy potente dentro de ese mundo y me ha permitido seguir encaminándome hacia esa parte de la de la educación «no formal»; esa atención a las personas desde un ámbito mucho más disruptivo que lo que pueden ser los estándares de los colegios.

¿Qué le han enseñado sus organizaciones de origen?

Considero que mi organización de origen es Scouts, luego YMCA; de las que obtuve dos aprendizajes.

El primero, el desarrollo de acciones de voluntariado desde el propio voluntariado. Y el segundo está más ligado al ámbito profesional porque me da una visión de la asociación, ya que yo en YMCA entré como director de centro.

Usted ha comentado en una entrevista reciente que el voluntariado surgido tras la pandemia es distinto. ¿A qué se refiere?

No es que haya un voluntariado distinto, es que hay una manera diferente de hacer voluntariado. Yo vengo de un voluntariado de continuidad, fidelizado, y esa dinámica la pandemia la rompió. La gente era más reacia a tener un contacto tan próximo y estrecho con el voluntariado, por el propio temor del Covid.

Ahora hay un voluntariado de continuidad pero también de acciones puntuales. Siguiendo el modelo anglosajón: “Creamos una acción para algo y vamos todas las personas a esa acción”. Las entidades tenemos el gran reto de volver a recuperar ese voluntariado con un compromiso más fidelizado, que se convierta en un espacio de desarrollo para las personas.

¿Cuál es la situación actual del voluntariado en la comunidad riojana?

La comunidad de la Rioja cuenta aproximadamente con 7.000 personas voluntarias, pero sí que hemos notado un descenso tanto en el voluntariado como en la forma de hacerlo. Creo que tenemos que volver a recuperar esa fidelización en los ciclos del voluntariado, sobre todo apostando porque los dos polos del sector, jóvenes y personas senior, tengan espacios donde interactúen.

La intergeneracionalidad es un aspecto interesante y enriquecedor para todas las partes si se coordina de manera equilibrada. Los jóvenes tienen el ímpetu y las personas senior la experiencia, creando grandes sinergias.

¿Qué desea aportar la actual Junta Directiva que usted encabeza?

La nueva Junta está actualmente en un periodo de reflexión, viendo qué podemos poner sobre la mesa. Nuestro objetivo principal es elaborar un plan estratégico para desarrollar en los siguientes cuatro años y «modernizar» la Federación.

Hay que adaptarla a la nueva situación socioeconómica que tenemos y buscar maneras para que vuelva a ser un referente dentro del concepto de voluntariado de la comunidad. Se buscará tener cierta incidencia política en las decisiones que se lleven a cabo en el territorio con respecto al voluntariado y crear un espacio de desarrollo para los jóvenes y preadolescentes.

También queremos colaborar con las 43 entidades de la Federación para que se cree un ecosistema mucho más enriquecedor, ya que aunque todas trabajamos con voluntariado, no todas lo hacemos de la misma manera ni con el mismo perfil de personas voluntarias.

¿Qué acciones le gustaría llevar a cabo para promover el voluntariado entre la juventud?

Para promover el voluntariado en este sentido creo que los movimientos tienen que ir en torno a una idea: llegar a la juventud desde la propia juventud. Creo que es importante que haya jóvenes dentro de los órganos de estas entidades para que generen efecto multiplicador. Yo recuerdo cuando estaba más activamente dentro del mundo asociativo y veía cómo los órganos de gobierno estaban liderados por los jóvenes. Sin duda, eso hacía que fuese un movimiento más apegado a la juventud.

Además, desde las plataformas del voluntariado, especialmente la estatal, se ha trabajado durante años en destacar el voluntariado como un aspecto positivo y en valorar los departamentos de recursos humanos a la hora de buscar empleo. Este tipo de experiencia favorece el desarrollo de las soft skills [habilidades blandas] que siempre se buscan en el ámbito laboral. Poner esto en valor puede ser un elemento muy interesante para que la gente joven se acerque al voluntariado.

¿Por qué cree que es importante fomentar la cultura de la solidaridad?

España tiene una cultura solidaria, pero se debe ahondar mucho más en ese concepto. Las personas van a prestar su apoyo en las grandes catástrofes cuando se requiere. Sin embargo, y sin quitarle ningún tipo de valor a estos gestos, se debe potenciar un voluntariado de más implicación y compromiso a lo largo del tiempo y que permita ampliar ese concepto de solidaridad.

Crear esta cultura solidaria es una tarea de toda la sociedad civil, incluidas administraciones públicas, empresas privadas y universidades, no solo de las entidades del tercer sector. Se deben generar sinergias poniendo en el centro los problemas. Así sería mucho más fácil solucionar las cosas.

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