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Donde no abunda la solidaridad

Incluso en el voluntariado, hay realidades que quedan en un segundo plano en términos de participación, como el trabajo con personas que ejercen la prostitución, afectadas por el sida, drogodependientes o privadas de libertad.

Isabel Reviejo

Por Isabel Reviejo

Si has hecho voluntariado o te has planteado hacerlo, es muy probable que hayas pasado por un periodo de reflexión en el que te ha tocado valorar cuáles son las causas que más te motivan o en las que más puedes aportar. Entre tantos proyectos y modalidades, ¿cuál elegir? ¿Y con qué entidad colaborar? Miles de personas se hacen estas preguntas cada año y, en esta encrucijada, hay algunas causas que, por distintos motivos, acaban teniendo menos visibilidad que otras.

La mayor parte del voluntariado que se realiza en España pertenece a la categoría social. Según los últimos datos recogidos por el Observatorio del Voluntariado en su encuesta “La Acción Voluntaria en 2023”, este aglutina la actividad del 50,4% de las personas voluntarias del país. A gran distancia le siguen el voluntariado socio-sanitario (15,2%), el educativo (14,5%), y el de ocio y tiempo libre (12,9%).

Si nos acercamos al voluntariado social, podemos ver el amplio abanico de programas que lo integran. Entre ellos, los más populares suelen ser los relacionados con los menores, afirma Avelino Velasco, responsable del Observatorio del Voluntariado. Por el contrario, hay otras causas en las que la participación es mucho menor, como apunta el estudio “Así somos”, publicado en 2018. Entre ellas, el trabajo con personas que ejercen la prostitución (la causa con menos tasa de voluntariado, un 4,4%), con personas afectadas por el sida (5,3%), con personas drogodependientes (7,9%) y con personas reclusas o exreclusas (8,4%).

Esta preferencia, considera Velasco, muchas veces está relacionada con una dimensión “moral”: “Hay mucha empatía con la infancia, porque la infancia es inocente y nos conmueve; pero si le ocurre algo a alguien que está en la cárcel, hay quien piensa que ‘algo habrá hecho’. Esta lectura reduce la empatía y la implicación con estos grupos”.

Además, la labor con estos colectivos está estrechamente vinculada con las temáticas que se tratan en las iniciativas de voluntariado. En este sentido, encontramos que menos de un 20% de las entidades tienen programas destinados a aspectos tan transversales como la igualdad y la equidad étnico-cultural, la promoción del acceso a la educación y el acceso al empleo. Unos temas que son fundamentales para “grupos sociales como las personas víctimas de trata, con adicciones, las personas que han estado en la cárcel… que son las causas menos populares dentro del ámbito de inserción social”, explica el experto.

Desde Hacesfalta, plataforma de voluntariado y empleo en el tercer sector de la Fundación Hazloposible, Sara Sintes, técnica de Proyectos de ciudadanía, destaca que “la variedad y el número de oportunidades ofertadas por las ONG en cada categoría influye a su vez en los intereses” de las personas voluntarias. Además influyen aspectos decisivos como la flexibilidad, la creación de comunidad entre los integrantes del equipo y la sensación de estar logrando un impacto tangible.

La ruptura de ciertos tabús sociales, como la salud mental o la diversidad sexual, ha hecho que estos temas ganen presencia en el voluntariado, “donde cada vez más gente quiere conocer de qué maneras puede implicarse en ellos”, asevera. Asimismo, las organizaciones tienen un rol “fundamental” a la hora de sensibilizar a la población sobre las diferentes causas que necesitan su apoyo, “visibilizando problemáticas que quizás el público desconocía”.

El día a día en los márgenes

Para muchas organizaciones, trabajar con aquellas personas que a menudo quedan en un segundo plano, incluso en el voluntariado, es su día a día. Una de ellas es Basida, que nació inicialmente para ayudar a personas enfermas de sida y, a lo largo de los años, ha evolucionado para atender también a personas con problemas de adicción, enfermos crónicos y otras personas en situación de vulnerabilidad o exclusión social.

Al reflexionar sobre por qué las causas con las que trabajan reciben un menor porcentaje de participación, Cristina Alonso, secretaria de la Junta Directiva y coordinadora de Voluntariado de la entidad, argumenta que puede deberse a que las personas a las que ayudan son “colectivos tradicionalmente estigmatizados y con etiquetas sociales muy negativas”: “Existen claros prejuicios hacia estas personas a las que consideramos los descartados de nuestra sociedad, a los que vemos como personas irrecuperables”.

Acompañamiento a personas de Basida | Fuente: Basida

Los prejuicios se extienden también a las personas con sida, dado que, incluso hoy en día, “sigue existiendo ese miedo irracional” a esta enfermedad. Ante ello, el remedio es la información y la educación en valores. “La empatía surge del conocimiento; solo podemos empatizar con lo que conocemos”, expone la responsable de la entidad, donde el voluntariado lleva a cabo tareas que van desde el acompañamiento y la asistencia a personas enfermas, hasta las iniciativas de sensibilización, pasando por la gestión y administración o la organización de actividades culturales, deportivas o de ocio.

La falta de información es, también, uno de los factores clave que señala Elena Enjuto, educadora social de ACLAD Valladolid. Esta organización cuenta con programas enfocados en personas que ejercen la prostitución, sobre las cuales, a su juicio, recae el estigma por la “jerarquía de valores” creada por la sociedad patriarcal, que “clasifica entre mujeres buenas/normales y malas/anormales”. “Es una realidad que poco se conoce, y a veces ese desconocimiento produce cierto rechazo a intervenir”, manifiesta.

Además, la entidad trabaja también con otras personas en riesgo de exclusión, como aquellas con VIH o con adicciones, quienes atraviesan problemas cuya magnitud “es difícil de conocer si no te toca de cerca”. Lo hace con iniciativas que, entre otros aspectos, están encaminadas a mejorar su empleabilidad: “A día de hoy, tenemos servicios de mediación laboral, se realizan diagnósticos de empleabilidad, itinerarios de empleo y se están firmando convenios con numerosas empresas”.

Una actividad de la asociación ACLAD | Fuente: ACLAD

Cáritas Diocesana de Burgos es otro ejemplo de entidad que toca una de las causas menos concurridas del voluntariado: el trabajo con personas privadas de libertad. Con el programa “Volver a empezar”, las personas voluntarias las acompañan a lo largo de tres fases: en la primera, participan en talleres grupales dentro del centro penitenciario y proporcionan acompañamiento; en la segunda, están al lado de las personas reclusas que tienen la posibilidad de salir de permiso, pero no pueden hacerlo en su hogar de origen; y en la tercera, les apoyan en sus primeros días o meses fuera de prisión.

Así lo explica David Alonso, responsable del proyecto, quien opina que “las noticias que hablan de la cárcel y las personas privadas de libertad siempre lo hacen desde lo escabroso y lo sensacionalista, y no desde la desigualdad social que lleva a muchas personas a delinquir”. Eso —continúa— “no quiere decir que no tengamos que sancionar a las personas que se saltan las normas, simplemente que la forma de ‘castigar’ a las personas debe ser desde una reinserción social y no punitiva”.

“Por desgracia, la visión de la sociedad es de rechazo y de distancia, y por ello, es muy difícil que alguien elija este colectivo para hacer voluntariado”, aunque quienes se atreven a conocer esta realidad logran romper los estereotipos y “queden marcados para siempre”, afirma.

¿Empezamos?

Para aquellas personas que todavía no realizan voluntariado, ¿cuáles son los programas que resultan más atrayentes? Esto es algo que también recoge la encuesta “La Acción Voluntaria en 2023”, en la que los entrevistados puntuaron, en una escala de 1 a 5, su interés por diferentes programas. Como resultado, la actividad centrada en el cuidado, protección y mejora del medioambiente se alza como la causa más popular (con una puntuación de 3,9 sobre 5), en contraposición con otros trabajos de voluntariado que se quedan a la cola, como la lucha contra la vulnerabilidad y la pobreza (3,2) o la cooperación internacional (2,9).

El dato no deja de ser llamativo si consideramos que el voluntariado ambiental es el que, en términos generales, acapara una menor participación (10,5%) —frente a, como ya hemos visto, la preponderancia del voluntariado social—, junto con el comunitario (10,4%), el de cooperación al desarrollo (8,4%) y el deportivo (7,8%). “Esto puede estar relacionado con la presencia en medios, muy frecuente y constante, de los problemas relacionados con el medioambiente y la crisis climática”, argumenta el responsable del Observatorio del Voluntariado.

Por su parte, la experta de Hacesfalta subraya que “a menudo tendemos a interesarnos en primera instancia en causas que sentimos más cercanas o con las cuales estamos más familiarizados, pero el voluntariado es una experiencia a través de la cual acercarnos a otras realidades que desconocemos, para así conectar, ayudar y colaborar de cerca con causas menos conocidas”. Por ello, propone a quienes estén interesados en empezar que exploren los distintos tipos de acción social e incluso contacten directamente con las entidades que les llamen la atención, para “superar la barrera de visibilidad que afecta a algunas comunidades menos atendidas”.

Pero si hay alguien que sabe de primera mano el impacto que puede tener trabajar con estas personas más invisibilizadas son las propias organizaciones. Porque, en palabras de David Alonso (Cáritas): “El voluntariado de cárcel genera en la persona voluntaria un concepto de realidad más justo, de nuevas oportunidades y nuevas alternativas, donde la persona, y no el delito, es el centro. Te va a cambiar la mirada, haciendo de este mundo un mundo mejor”.

Enjuto (ACLAD), por su lado, anima a todas las personas que estén interesadas a acercarse a las organizaciones y “probar a conocer otras realidades”: “Estamos inmersos en una sociedad que cada vez nos hace más individualistas, y muchas de estas experiencias nos sensibilizan y resultan ser una gran satisfacción personal”.

Es, como sostiene Cristina Alonso (Basida), un “estilo de vida”. “Solo se puede entender lo que aporta el voluntariado a nivel personal cuando se hace, hay que probarlo y, cuidado, que una vez que se prueba es ‘adictivo’, pero merece la pena”, afirma.

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