Viajera incansable, Gabriella Civico representa el espíritu de la Europa de los pueblos. Licenciada en Políticas, nació en Reino Unido pero ha vivido en España, Portugal y ahora tiene nacionalidad belga. Actualmente, ostenta diversos cargos en el entorno del tercer sector, labores que compagina con el papel de directora del Centro Europeo del Voluntariado, una red integrada por organizaciones de distintos estados que impulsan la solidaridad en el Continente.
Hoy, Gabriella nos habla con preocupación del ascenso del odio en la Vieja Europa. De su efecto en la ciudadanía. Pero sobre todo, de la repercusión de estos discursos en los valores que sustentan los derechos humanos y en el concepto actual de voluntariado. Quizá la solidaridad, tal y como la entendemos, se encuentre en serio peligro.
¿Cómo empezaste a trabajar en este entorno, en el ámbito de la solidaridad?
He sido voluntaria desde la infancia. Me considero muy afortunada de haber crecido en un entorno familiar y educativo donde el voluntariado y la solidaridad eran muy valorados. Durante mi adolescencia, me involucré activamente en la defensa de los derechos de la juventud dentro de organizaciones juveniles, plataformas y redes, como el Consejo Británico de la Juventud, del que fui presidenta. También en espacios de representación a nivel europeo y mundial.
¿Y cómo fue el camino hasta ocupar la dirección del Centro Europeo del Voluntario?
Posteriormente, trabajé para organizaciones de la sociedad civil y, mientras trabajaba en el sector privado lucrativo, seguí siendo voluntaria en mi tiempo libre. La crisis financiera de 2008 me obligó a replantearme mi trayectoria profesional; me alegró mucho descubrir nuevas oportunidades en el tercer sector. Primero retomé mi trabajo en organizaciones juveniles y, después, en 2010, me incorporé al CEV.
¿De qué forma percibe el tercer sector en Europa este auge de corrientes que promueven el odio?
La sociedad civil europea, basada en los valores de la UE como los derechos humanos, la democracia y la igualdad, se encuentra bajo una presión extrema. A medida que estos valores se erosionan, se nos exige hacer más con menos. Tanto trabajadores como voluntariado de estas organizaciones comprenden que su labor es más necesaria que nunca y la motivación sigue siendo alta, pero los ataques personales y profesionales se intensifican desde diversos frentes, incluyendo a los responsables políticos, los medios de comunicación y la ciudadanía.
¿Hay preocupación por el ascenso de discursos contrarios a los valores democráticos?
Observamos cómo las redes sociales permiten que la información se comparta con gran rapidez y llegue a muchísimas personas. Cuando ese contenido es contrario a los valores democráticos, no se identifica como tal ya que a simple vista no es fácil reconocerlo. Los argumentos e ideas antidemocráticos pueden parecer razonables y lógicas. En el ritmo acelerado de la vida moderna, se comparten fácilmente contenidos sin un análisis previo, ni una evaluación más profunda. De esta manera, el discurso contra los valores democráticos aumenta de una forma silenciosa, amplificando la voz de los poderes antidemocráticos con gran facilidad.
Y eso… ¿de qué manera puede afectar al voluntariado europeo?
Nuestras comunidades se están volviendo menos cohesionadas. El lenguaje racista y despectivo hacia personas o grupos específicos se considera cada vez más aceptable. Tanto en público como en privado, personas de diferentes ámbitos y perfiles se sienten con el poder para usar discursos de odio que hace unos años habrían sido impensables en los contextos en los que ahora los vemos. Se crean confusiones, y hasta los niños en los colegios defienden sus “derechos” a emplear narrativas de odio bajo el paraguas de la libertad de expresión.
En este contexto, ¿los valores que sustentan al voluntariado pueden cambiar? ¿Verse sustituidos por otros contrarios a la solidaridad?
Debemos esforzarnos por garantizar que el voluntariado no se reduzca a trabajar sin remuneración, ni que sea instrumentalizado por entidades públicas y privadas para sustituir empleos remunerados en tiempos de crisis económica.
Asimismo, el voluntariado no debe ser considerado como tal en todas las causas. Me refiero a aquellas que limitan, en lugar de defender y ampliar, los derechos y las libertades. Ndemos por hecho que existe un entendimiento común en Europa acerca de los valores y los principios que sustentan los derechos humanos. Las ideas y actitudes racistas, xenófobas, sexistas y transfóbicas, entre otras, están en auge. No como ideas extremas y marginales, sino cada vez más visibles e integradas en la sociedad. Observamos una creciente polarización en muchos ámbitos de nuestra vida. La retórica antisistema, la desconfianza hacia los expertos y el liderazgo político carismático que promete soluciones simplistas a complejos desafíos sociales están generando una situación en la que nuestra brújula moral, que antes considerábamos compartida, salvo por algunas posturas extremistas, se está desdibujando.
En tu opinión, ¿cómo podemos proteger la solidaridad?
El discurso contra los valores democráticos aumenta de forma silenciosa, amplificando la voz de los poderes antidemocráticos. Necesitamos proteger y valorar nuestras estructuras democráticas con una clara separación de poderes entre: los organismos y las personas que elaboran las leyes; quienes las aplican; y quienes las interpretan e identifican cuándo no se respetan. De esta manera, podemos contribuir al respeto del estado de derecho y garantizar que las voces de la oposición se escuchen libremente sin temor a la represión.
¿Qué podemos hacer los movimientos sociales?
La solidaridad va más allá de brindar apoyo a personas necesitadas en el ámbito de los servicios sociales. Con el voluntariado y las acciones solidarias, debemos trascender el enfoque limitado a la prestación de servicios para satisfacer las necesidades de las personas vulnerables. Necesitamos crear un contexto social donde los valores de inclusión, diversidad y respeto por las demás personas sean centrales en nuestra vida cotidiana. Como voluntarios y voluntarias (formales y no formales), podemos ser un ejemplo transformador de ello.

