Ginebra.25/11/2025.- La violencia contra las mujeres sigue siendo una de las crisis que afecta a los derechos humanos más persistentes y menos atendidas del mundo. Según un informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las Naciones Unidas, apenas se avanza para ponerle fin a esta lacra.
Casi una de cada tres mujeres —unos 840 millones en todo el mundo— ha sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Esta cifra apenas ha variado desde el año 2000. Solo en los últimos doce meses, 316 millones de mujeres —el 11 % de mayores de 15 años— fueron víctimas de violencia física o sexual por parte de su pareja. La reducción de esta violencia avanza lentamente: apenas un 0,2 % anual en los últimos veinte años.
Por primera vez, este informe incluye estimaciones nacionales y regionales de la violencia sexual perpetrada por personas que no son la pareja. El documento señala que 263 millones de mujeres han declarado haber sufrido algún tipo de agresión sexual desde los 15 años, una cifra que, según advierten, está muy por debajo de la real, debido al miedo y la estigmatización.
La violencia sexual
El Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, señala: «La violencia contra las mujeres es una de las injusticias más antiguas y extendidas de la humanidad, y aun así sigue siendo una de las que menos atención recibe. Ninguna sociedad puede considerarse justa, segura o saludable mientras la mitad de su población vive con miedo. Poner fin a esta violencia no consiste simplemente en aplicar políticas públicas: es una cuestión de dignidad, igualdad y derechos humanos. Detrás de las cifras hay mujeres y niñas cuyas vidas han cambiado para siempre. Es indispensable empoderarlas para lograr la paz, el desarrollo y la salud. Un mundo más seguro para las mujeres es un mundo mejor para todos».
Este informe, que se presenta en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y la Niña, 25 de noviembre, es el estudio más exhaustivo sobre la prevalencia de este problema. En él se actualizan las estimaciones realizadas en 2018 y publicadas en 2021, a partir de datos recopilados entre 2000 y 2023 en 168 países. Las conclusiones del informe muestran con claridad la magnitud de esta crisis gravemente desatendida y de la gran falta de financiación para hacerle frente.
Reducen presupuesto para prevención
El informe advierte que los recursos destinados a estas iniciativas se están reduciendo. Y lo hacen justo cuando las emergencias humanitarias, los cambios tecnológicos y el aumento de la desigualdad incrementan los riesgos para millones de mujeres y niñas. Por ejemplo, en 2022 solo el 0,2 % de la asistencia oficial se destinó a programas de prevención de la violencia contra las mujeres La financiación ha seguido disminuyendo en 2025.
Muchas mujeres víctimas de violencia se quedan embarazadas sin desearlo y tienen un mayor riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual y de padecer depresión. Los servicios de salud sexual y reproductiva son un punto de acceso fundamental para que reciban la atención de calidad que necesitan.
El abuso empieza en la adolescencia
El informe pone de relieve que la violencia contra las mujeres empieza a edades muy tempranas y que los riesgos se mantienen a lo largo de toda la vida. En los últimos doce meses, 12,5 millones de adolescentes de 15 a 19 años —el 16 %— han sido víctimas de violencia física, sexual o de ambos tipos por parte de su pareja.
Aunque estas formas de violencia están presentes en todos los países, afectan de forma desproporcionada a las mujeres que viven en los países menos desarrollados. Zonas de conflicto o en lugares especialmente vulnerables al clima.
Cada vez son más los países que recopilan datos para orientar sus políticas, pero siguen existiendo deficiencias importantes, especialmente en lo relativo a la violencia sexual por parte de hombres que no son la pareja.
Para impulsar los progresos a escala mundial y lograr cambios reales en la vida de las mujeres y niñas afectadas, el informe pide que los gobiernos actúen con decisión y destinen recursos a ampliar los programas de prevención; refuercen los servicios de salud, asistencia jurídica y apoyo social a las víctimas; inviertan en sistemas y se cumplan las leyes que refuerzan a las mujeres y las niñas.
Romper el silencio
El informe insta a los gobiernos y a los grupos políticos a dejar de silenciar el problema y actuar sin demora para acabar con estas violencias. «Poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas exige valentía, compromiso y un esfuerzo colectivo. Debemos trabajar hasta lograr la igualdad de género para que el mundo sea más equitativo y seguro para todas las personas, y para que ninguna mujer y ninguna niña sufra violencia». ha manifestado Sima Bahous, Directora Ejecutiva de ONU-Mujeres .
Por su parte la Directora Ejecutiva del UNFPA, Diene Keita, ha advertido que: «La violencia contra las mujeres causa daños profundos y persistentes que afectan a su vida, su salud y su dignidad. Además, muchas sufren discriminación por ser pobres, tener una discapacidad o por otros factores, lo que las expone a un riesgo aún mayor». Keita sostiene que «Este ciclo devastador se extiende a las familias, las comunidades y las generaciones posteriores. Los datos muestran con crudeza las consecuencias de permanecer pasivos. No podemos esperar más: debemos actuar con urgencia, juntas y juntos, para poner fin a esta violencia y garantizar que todas las mujeres y niñas, en toda su diversidad, puedan ejercer sus derechos».
«Los datos muestran que muchas mujeres son víctimas de actos violentos perpetrados por sus parejas durante la adolescencia, y que muchos niños ven cómo sus madres son maltratadas, golpeadas y humilladas. La violencia forma parte de su vida cotidiana. Debemos poner fin a este patrón de violencia contra las mujeres y las niñas» sentencia, Catherine Russell, Directora Ejecutiva de UNICEF.

