«Las crisis confrontan nuestra propia vulnerabilidad»

Cayetano Manchón

Saturnino Peña, vocal del Comité Nacional de Cruz Roja y miembro de la Junta Directiva de la Plataforma del Voluntariado de España.
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En los últimos meses se ha comprobado que las emergencias sociales son la puerta de entrada a la tarea voluntaria. Así lo concluye el último estudio del Observatorio del Voluntariado, cuyos datos reflejan que el sufrimiento ajeno es un importante detonante de la empatía ciudadana.

De voluntariado y gobernanza sabe bastante Saturnino Peña, vocal de la Junta Directiva de la Plataforma del Voluntariado de España y del Comité Nacional de Cruz Roja. Tras una larga trayectoria vinculada a la solidaridad, Peña, que además es el presidente de Cruz Roja Alcorcón, nos habla de la tarea voluntaria en el siglo XXI. Defiende que “el voluntariado es un movimiento diario que no se detiene». Su motor es el corazón y la inteligencia de las personas en la búsqueda de una sociedad más justa.

Ante los datos del Observatorio del Voluntariado y desde tu experiencia, ¿por qué crees que las crisis activan tanto a la ciudadanía?

Yo creo que las emergencias tienen algo que nos interpela como seres humanos, que es la urgencia. Cuando vemos a personas que lo han perdido todo de un día para otro, pienso que se activa algo muy profundo en la sociedad. No solo la solidaridad; también la empatía.

Esto es algo que desde Cruz Roja observamos cada vez que ocurre una catástrofe: vemos que a las asambleas locales llega gente ofreciéndose y que nos manifiesta que no puede quedarse de brazos cruzados. En definitiva, se trata de una respuesta espontánea ante el dolor del desastre.

Por otro lado, creo que las crisis confrontan nuestra propia vulnerabilidad: nos damos cuenta de lo frágiles que son nuestras vidas y que nos podemos ver en esas situaciones.

¿Qué diferencia hay entre el voluntariado que surge en una emergencia y el voluntariado sostenido en el tiempo?

Yo creo que son dos realidades complementarias. El voluntariado que surge a raíz de una emergencia responde a un impulso legítimo y lleno de generosidad: personas que ven el sufrimiento ajeno y que quieren ayudar. Es decir, es un tipo de voluntariado espontáneo, masivo y con una energía enorme. Sin embargo, si no se gestiona bien, puede generar más problemas que soluciones.

Desde la gobernanza de Cruz Roja, y también como parte de la Plataforma de Voluntariado de España, creo que tenemos la responsabilidad de crear itinerarios que permitan, a esa persona que se acerca por primera vez en una emergencia, encontrar su lugar en el voluntariado de forma estable.

¿Qué iniciativas existen para educar a la población en autoprotección y preparación en Emergencias?

Cruz Roja lleva muchos años trabajando en lo que llamamos cultura preventiva, un ámbito al que cada vez le damos más importancia. Actualmente, contamos con un programa marco de prevención y reparación en este tipo de crisis enfocado, sobre todo, a los colectivos más vulnerables: personas mayores, personas con discapacidad, familias en riesgo de exclusión social…

Por otro lado, a nivel local, en nuestras asambleas trabajamos con los servicios municipales de Protección Civil y Emergencias para incidir en esa labor de concienciación o educación tan importante en estas situaciones.

Lo que necesitamos es que esta cultura preventiva deje de ser algo puntual y se convierta en algo transversal: en los colegios, en los barrios o en las comunidades de vecinos. En definitiva, pretendemos que la autoprotección sea un hábito, no solo una reacción.

El cambio climático aumentará la frecuencia e intensidad de catástrofes. ¿Estamos preparados?

Siendo honesto, diría que no lo estamos. Está claro que hemos mejorado muchísimo durante los últimos años, pero la propia experiencia nos demuestra que tenemos muchos aspectos que mejorar.

En este sentido, necesitamos invertir más en formación y capacitación de nuestro voluntariado, pero también en la preparación comunitaria. Necesitamos sistemas de alerta temprana que lleguen realmente a las personas más vulnerables, porque de nada sirve una alerta en el móvil si la persona mayor que vive sola no tiene smartphone o no sabe interpretarla. Necesitamos que la planificación de emergencias integre de verdad la perspectiva de vulnerabilidad.

Por otro lado, también es necesario algo que desde la Plataforma de Voluntariado de España reivindicamos constantemente: debemos reconocer el papel del voluntariado de emergencias como un pilar, no como un complemento.

En una emergencia, ¿qué papel deben tener personas voluntarias frente a personal técnico?

Esta es una cuestión clave y suele generar debate. Según mi experiencia, pienso que voluntariado y profesionales no estamos en lados opuestos, sino que formamos un mismo equipo con papeles complementarios.

Cada profesional aporta conocimiento técnico especializado, continuidad y capacidad de coordinación estratégica. Por su parte, el voluntariado aporta capilaridad, proximidad, conocimiento del territorio y una capacidad de despliegue que ninguna estructura profesional podría igualar por sí sola.

Más allá de la ayuda material, ¿qué importancia tiene el acompañamiento humano en los primeros días de una crisis?

Para nosotros es fundamental. Además, son acciones que a menudo marcan la diferencia. Es decir, cuando una persona lo pierde todo, no solo necesita un techo y una manta, sino saber que no está sola y que alguien la escucha y se preocupa por ella. En este sentido, hay que hacer hincapié en que estas personas no son solo un número en un listado de afectados y afectadas.

El voluntariado ofrece consuelo, orientación, compañía y escucha. Por ejemplo, en Cruz Roja contamos con equipos de intervención psicosocial que trabajan en los primeros auxilios psicológicos. Lo que se pretende es ayudar a las personas afectadas a recuperar una mínima sensación de control sobre sus vidas en situaciones de caos absoluto.

Las emergencias son emocionalmente muy exigentes. ¿Cómo se cuida a las personas voluntarias para evitar el desgaste y la sobrecarga?

Este es un tema al que en Cruz Roja le damos una importancia capital. No podemos cuidar si no cuidamos primero a las personas que cuidan.

En este sentido, contamos con protocolos de apoyo psicosocial para nuestros equipos antes, durante y después de las intervenciones.

Sin embargo, el cuidado va más allá de lo psicológico. Tiene que ver con cómo organizamos el trabajo, con respetar los tiempos de descanso, con no sobrecargar siempre a las mismas personas o con reconocer el esfuerzo realizado.

 ¿Qué le recomendarías a una persona que quiera iniciarse en este tipo de voluntariado para que lo realice de forma segura y eficaz?

Lo primero que le diría es: gracias por querer ayudar. Ese impulso es valioso y necesario. Sin embargo, por el hecho de ser tan valioso, merece ser canalizado bien para que de verdad llegue a quien más lo necesita.

Mi primera recomendación es siempre acudir a organizaciones reconocidas y con experiencia en gestión de emergencias: Cruz Roja, por supuesto, pero también Protección Civil, otras organizaciones de la Plataforma de Voluntariado de España o las entidades que cada ayuntamiento tenga como referencia.

Lo segundo es no improvisar. Sé que es difícil cuando ves imágenes devastadoras y quieres actuar ya, pero lanzarse a una zona de emergencia sin formación, sin coordinación y sin los equipos adecuados puede poner en riesgo tu propia seguridad y dificultar el trabajo de los equipos de rescate.

Y lo tercero, y esto es algo que me gustaría que calara en la sociedad: no esperes a que ocurra la emergencia para prepararte. Si realmente quieres ayudar, hazte voluntario o voluntaria ahora.

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