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Nómadas de la Navidad: personas que viven las fiestas en la calle

Sin casa, sin empleo y sin expectativas. Lo único que hay es soledad. Más de 37.000 personas viven la Navidad en la calle en España.

Yolanda Fernández Blanco

  • Más de 37.000 personas en España vivieron la Navidad en la calle

Yolanda Fernández Blanco

Sin casa, sin empleo y sin expectativas. El sinhogarismo es aún más duro en momentos como la Navidad, un periodo donde bajan las temperaturas, que está enfocado en el arraigo, la familia y en la calidez de los lazos afectivos. Son fechas que impactan de forma decisiva sobre la salud física y mental de las personas que no tienen un techo que las proteja. La realidad es que el número de familias sin hogar aumenta cada año en España.

Unas 28.552 personas viven sin hogar en nuestro país, un 24,5% más que en 2012, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Sin embargo, las organizaciones sociales advierten de que son muchas más. HOGAR SÍ estima que, en realidad, son alrededor de 37.000, ya que el INE sólo contabiliza a quienes pernoctan o reciben asistencia en los centros de atención a personas sin hogar.

“La calle mata. Las personas en situación de sinhogarismo llegan a esta situación tras un proceso muy largo y en este pierden hasta treinta años de esperanza de vida“, alerta Gema Castilla, directora de alianzas estratégicas, comunicación y relaciones institucionales de HOGAR SÍ. El hecho de vivir en la calle supone la privación de derechos fundamentales más allá de una vivienda digna. La alimentación deficiente y dormir a la intemperie desembocan en el empeoramiento de su salud.

La inseguridad es otra amenaza, ya que están expuestas a cualquier tipo de agresión. Más del 80% de las personas sin hogar ha sufrido, por lo menos, un delito de odio en España, según las estadísticas del observatorio HATEnto.

Más allá de un término

La ‘Estrategia Nacional para la lucha contra el sinhogarismo en España 2023-2030’ es un logro como compromiso de actuación por parte del Gobierno. No obstante, sólo está orientada a la erradicación del sinhogarismo de calle para 2030, lo que excluye a las personas sin hogar que habitan en infraviviendas y viviendas masificadas, entre otras.

La aprobación del término “sinhogarismo” en la Real Academia Española (RAE) es otro gran paso. Supone el reconocimiento de la problemática, lo que permitirá afrontar el problema desde sus causas estructurales. Al final, “esta vulneración de derechos es un fenómeno estructural, es decir, el sistema falla cuando no está garantizando un derecho que viene recogido en la Constitución”, apunta Gema Castilla.

Sin embargo, el diccionario todavía recoge términos estigmatizantes, por ejemplo, “indigencia” como sinónimo de sinhogarismo. El problema radica en que no son solo palabras, sino que fomentan la discriminación y la naturalización de la presencia de personas viviendo en la calle.

Un estereotipo extendido es que hay personas que viven en la calle porque quieren, pero el sinhogarismo no es una elección personal. La falta de una red de apoyo y un conjunto de circunstancias variadas llevan al sinhogarismo. Además, las estadísticas oficiales muestran que la mayoría son hombres, aunque las asociaciones aseguran que hay sinhogarismo femenino invisibilizado.

El precio de la vivienda, uno de los problemas principales

Si bien ha sido un año de avances, esta problemática estructural continúa aumentando. Son cada vez más jóvenes los que viven sin hogar. La Estrategia Nacional calcula que hay un 36% más de personas de entre 18 y 29 años sin hogar en 2022 respecto a 2012.

Los precios disparados en el alquiler, la desigualdad y la ausencia de soluciones eficaces son los principales agravantes. Para afrontar estas trabas, es imprescindible la actuación eficaz del gobierno. “La regulación del alquiler y la fiscalidad son los grandes desafíos pendientes”, recuerdan desde HOGAR SÍ.

Una de las personas usuarias de HOGAR SÍ muestra las llaves de su casa | Imagen cedida por HOGAR SÍ

Los ingresos de las familias vulnerables han disminuido, junto a la posibilidad de acceder y mantener una vivienda digna, a partir de las sucesivas crisis que han sacudido el país en los últimos años. A pesar de que el Parlamento Europeo determina desde 2020 que la «carencia de hogar se considera una de las formas más graves de pobreza y privación que debe eliminarse mediante políticas específicas e integradas”.

Red de alojamiento ineficiente

A todo esto, se suma la deficiencia de la red de alojamiento. Si bien las plazas han aumentado, siguen siendo inferiores al número de personas sin hogar que las necesitan. Como consecuencia, hay un porcentaje de personas que se quedan sin alojamiento y se ven obligadas a vivir en la calle.

Los datos demuestran que la cobertura de alojamiento es insuficiente, pero también ineficaz. “Mientras que el 96% de las personas sin un hogar señalan que los albergues no les son útiles para recuperar su proyecto de vida, más de la mitad de las plazas que ofrece el sistema (54%) son en este tipo de centros”, revela Castilla. Es decir, la red de alojamiento no responde a las necesidades de las personas.

La Estrategia Nacional señala a España como uno de los países de la Unión Europea con menor porcentaje de viviendas de alquiler social con respecto al número total de viviendas; un 1,1% frente al 34% de Holanda. Un aspecto que reivindican desde HOGAR SÍ: “El sistema no está siendo capaz de gestionar una vivienda social para garantizar este derecho y carecer de vivienda implica además la vulneración de otros derechos como el del acceso al empleo, la salud, la intimidad o la seguridad”.

El acceso a una vivienda es el primer paso para obtener un empleo y, así, llegar a recuperar su vida. El motivo es que no disponer de una vivienda dificulta la búsqueda de empleo. Sin embargo, menos del 3% del hospedaje público es en vivienda, incluso, aunque los modelos de vivienda son más eficaces y suponen un menor coste.

Garantizar la vivienda asegura el resto de derechos

La erradicación del sinhogarismo es posible con la intervención del Gobierno y de las organizaciones para facilitar una vivienda, ya que garantizar este derecho básico permite acceder al resto de derechos. En cuanto una persona sin hogar vive en un domicilio y cuenta con apoyo profesional y personalizado, consigue rehacer su vida de forma autónoma.

Mujer en la calle | Imagen cedida por HOGAR SÍ

Además, los modelos de vivienda ofrecen mejores resultados y con un coste menor que la actual red de alojamientos temporales. Así lo demuestra Finlandia, pionero en la aplicación del Housing First (la vivienda primero), es decir, ofrecer apoyo y una vivienda de larga duración a las personas sin hogar. Juha Kaakinen manifiesta la eficacia de este programa en la revista Barcelona Societat como director ejecutivo de Y-Foundation, fundación que ha impulsado el Housing First en Finlandia.

Mientras que el modelo de alojamiento temporal proporciona una solución progresiva y lenta con un bajo porcentaje de éxito, el alojamiento de larga duración permite a las personas recuperar su proyecto de vida de forma eficaz y definitiva. Los datos hablan por sí solos.

El sinhogarismo se ha reducido a la mitad entre 2008 y 2022 en Finlandia, lo que convierte a este país en el único de la UE con una disminución significativa durante las últimas décadas, tal y como señala el informe ‘Finlandia, el enfoque de atención a las personas en situación de sinhogarismo’ del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.

Más allá de la intervención del Estado, organizaciones y empresas; los individuos también pueden ayudar. Al ver a una persona sin hogar, pueden pararse y preguntar si necesitan algo. “A veces será una botella de agua y otras una pequeña conversación”, comenta Gema Castilla. La colaboración con organizaciones también puede mejorar la vida de estas personas al hacer donaciones o incorporarse como voluntariado o asociado. Hay elección y solución: actuar desde el conjunto de la sociedad.

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