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Una marea de solidaridad hace frente al vertido de pélets

"Cuando bajé el primer día y vi la playa, me recordó a cuando aparecieron las primeras galletas de chapapote"

Rocío Ovalle y Jonás Candalija

Por Rocío Ovalle y Jonás Candalija

“¡Mantened la línea! Si pisamos fuera, corremos el riesgo de enterrar los pélets bajo la arena y entonces será demasiado tarde”. Itziar Castro, coordinadora de ADEGA, arenga a la veintena de voluntarias y voluntarios que lucha contra un enemigo casi invisible bajo la lluvia en la playa de Queiruga, en A Coruña. Como si de una guerra se tratara, ejércitos de personas voluntarias distribuidas por toda la costa hacen frente a la invasión de microplásticos en más de una treintena de playas en Galicia, Asturias y, en menor medida, Cantabria, en la peor crisis medioambiental que ha sufrido el noroeste de España desde la catástrofe del Prestige, hace casi veinte años. España entera gritó Nunca máis para que no se repitiera una crisis que movilizó a miles de personas, que hicieron frente a una amenaza sin precedentes. Pero se ha repetido.

Como un campo de minas, la línea de defensa frente a la marea de microplásticos formada por centenares de personas voluntarias que trabajan por todo el litoral se mantiene firme y se afana por hacer de muro de contención en la llamada “crisis de los pélets”.

¿Qué ha pasado?

La crisis de los pélets comenzó el pasado 8 de diciembre, cuando el Gobierno central fue alertado por el servicio de emergencias de Galicia (112) del vertido de millones de microplásticos en alta mar. El Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo de Fisterra determinó que los pélets formaban parte de uno de los contenedores perdidos por el buque Toconao, de bandera liberiana, a su paso por aguas cercanas a Viana do Castelo (Portugal). Uno de los cinco contenedores que cayeron al mar estaba cargado con más de 26 toneladas de pélets repartidos en 1.050 sacos de 25 kilos cada uno.

Las mismas costas que se tiñeron de negro tras el vertido de fuel del Prestige, se tiñen ahora de un blanco casi invisible, que se funde con la arena de la playa y convierte la tarea de descontaminación en un trabajo minucioso. Como si de buscadores de oro se trataran, grupos de cuatro o cinco personas voluntarias criban metro a metro la costa en busca de estas pepitas contaminantes, de las que aún se desconoce su toxicidad, y que amenazan la fauna y flora del litoral.

¿Qué son los pélets?

Los pélets de plástico son un tipo de microplásticos que se utilizan como materia prima para la fabricación de productos de plástico, como botellas, tapones, envases, contenedores, bolsas, etc. Estos pélets suelen medir entre 2 y 5 milímetros y pueden generar graves consecuencias en el medio ambiente, afectando directamente a los animales e impactando en las redes tróficas de los ecosistemas marinos y en la salud de los seres humanos.

Impacto ambiental

El vertido de millones de partículas diminutas de plástico, que se mimetizan con la arena y quedan enterradas o adheridas a la flora del litoral, amenaza la biodiversidad. Las organizaciones ecologistas, que llevan años alertando del riesgo para la salud de los microplásticos, han sido las primeras que han movilizado a la ciudadanía para hacer frente a la amenaza.

Voluntariado de ADEGA en la recogida y limpieza de pélets en la playa de Queiruga | Jonás Candalija

Organizaciones como Greenpeace o Ecologistas en Acción han alertado en los últimos días del riesgo para la vida marina y humana de estas bolitas blancas de apariencia inofensiva, que pueden descomponerse en microplásticos y nanopartículas aún más pequeñas y pueden ser consumidas por los peces que luego son capturados por los pescadores y consumidos por la población. La amenaza sobre la cadena alimentaria es ya una realidad de la que poco a poco vamos conociendo sus riesgos.

La forma de los pélets atrae a muchas especies de aves, peces y crustáceos, que los confunden con ovas, por lo que los ingieren y los trasladan así a la cadena alimentaria, con el consiguiente riesgo para las personas. Por el momento, el vertido afecta a diez espacios protegidos de la Red Natura 2000, al Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas y al Parque Natural de Corrubedo, así como incontables zonas de costa y arenales, también a lo largo de la costa cantábrica.

Impacto socioeconómico

El vertido masivo de pélets frente a la costa no es sólo una catástrofe medioambiental, también puede tener un impacto negativo en la economía de las localidades costeras, cuya forma de vida gira en torno al mar y la pesca.

Los marineros y mariscadoras siguen saliendo a faenar con normalidad, aunque con la sombra de que la alarma generada sin información suficiente por ahora afecte a los hábitos de consumo de pescado, según explica Rogelio Queiruga, marinero y presidente de la Plataforma en Defensa de la Ría de Muros-Noia, además de conocido divulgador sobre la sostenibilidad del sector de la pesca.

Los microplásticos pueden afectar a la calidad del agua y la productividad de los ecosistemas marinos, lo que puede reducir la cantidad de peces y mariscos disponibles para la pesca. “Hay mucha preocupación, vemos un paralelismo con el Prestige, no tanto a nivel de impacto o toxicidad, sino en el sentido de que no se aprendió a actuar. Cuando bajé el primer día y vi la playa llena de pélets, me recordó a cuando aparecieron las primeras galletas de chapapote”, declara el marinero.

Rogelio Queiruga en una manifestación | Imagen cedida por Queiruga

Para denunciar la gestión de la crisis del vertido, el próximo domingo 21 de enero hay convocada una manifestación en Santiago de Compostela bajo el lema En defensa de nuestro mar. Los colectivos convocantes han subrayado su independencia de cualquier posicionamiento o intencionalidad política, partidaria o electoral.

Además, los microplásticos pueden dañar los apeos de pesca y las embarcaciones, lo que aumenta los costes de producción y reduce la rentabilidad de la pesca. El científico del CSIC, Fernando Valladares, se mostraba contundente en Más Vale Tarde: “Esto es una bomba de relojería a medio plazo, aunque en el corto no lo veamos tan peligroso”. Afirma que estas partículas, cuando empiezan a entrar en los tejidos y en los órganos, son asentamiento de tumores cancerígenos.

Respuesta de las autoridades

La crisis de los pélets ha provocado una nueva tormenta política en España enmarcada en las próximas elecciones autonómicas en Galicia (18 de febrero). La Xunta de Galicia activó finalmente el nivel 2 de emergencia, lo que ha permitido la asignación de más personal y recursos para la limpieza de los microplásticos en las costas.

“Hubo un primer momento de no saber; llegaban noticias y nos dedicamos a buscar información sobre qué era eso de los pélets. Por parte de las instituciones sigue habiendo una desinformación total. Los pélets llegan en diciembre y la alarma social se da en enero, pero en las playas quienes nos estamos organizando somos la sociedad civil”, señala Mariló Ramos, coordinadora de Greenpeace en la provincia de Pontevedra.

El gobierno español ha iniciado una investigación sobre el vertido de microplásticos, mientras la Comisión Europea ha propuesto una serie de medidas para reducir la presencia de microplásticos en el medio ambiente, incluyendo la reducción de la liberación no intencional de microplásticos.

Respuesta de la ciudadanía

La errática respuesta de las autoridades a la crisis contrasta con la respuesta de la ciudadanía, que no ha dudado en ser la primera en movilizarse para hacer frente a la amenaza medioambiental. Ya existen mapas colaborativos con los que se localizan las áreas afectadas por el vertido. Asimismo, grupos de WhatsApp espontáneos organizan al voluntariado para distribuirse por todas las playas en busca de este escurridizo enemigo.

Asociaciones como Noia Limpa, ADEGA o Surfrider han llevado a cabo reuniones de coordinación para repartirse la limpieza de las playas de manera organizada, al tiempo que conciencian sobre la amenaza de los microplásticos para el litoral, porque no sólo los pélets son un peligro. Millones de residuos diminutos desperdigados por la costa y arrastrados por la marea se confunden con la arena, contaminando el ecosistema.

Participar en estas limpiezas es una manera de contribuir desde primera línea a la sostenibilidad medioambiental del litoral. En el caso de la crisis de los pélets, la rápida actuación de cientos de personas voluntarias ha impedido que millones de microplásticos queden enterrados en la arena, pasen a la cadena trófica o regresen al océano con las mareas.

¿Qué podemos hacer?

La actual crisis de los pélets es sólo la punta del iceberg de un problema que ha permanecido sumergido durante muchos años: la contaminación de los océanos. Un estudio de Greenpeace afirma que el 70% del plástico está en el fondo marino, el 15% en diferentes niveles del agua y 15% en las playas. Para solucionarlo, se están desarrollando diversas líneas de investigación con el objetivo de minimizar el impacto y limpiar las aguas y las costas de este enemigo casi invisible.

Una de ellas es el uso de membranas que pueden filtrar los microplásticos del agua. Además, se están desarrollando tecnologías de limpieza con el uso de nanocables que pueden atraer y eliminar los microplásticos. Otra técnica en desarrollo es el uso de compuestos químicos que pueden aglutinar los microplásticos y hacerlos más fáciles de recoger y eliminar.

En medio de esta crisis, también hay espacio para el arte. María Candamo, artesana de la localidad costera de Louro (A Coruña), utiliza los residuos que recoge en el mar para elaborar piezas de artesanía. El proyecto ‘Lixo atelier’ lleva su firma. “Utilizo los residuos que recojo en las playas para darles una segunda vida. Que la gente vea que algo que estaba contaminando ahora es una joya es un mensaje que puede calar”, detalla la joven.

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