En este momento, en el que la situación geopolítica parece tan marcada por la deriva imperialista de Rusia y Estados Unidos, el desconcierto de las europeas —que llevamos casi un siglo más desubicadas que una drag en Génova 13— y la amenaza de una nueva guerra abierta en el golfo Pérsico, una se pregunta: ¿qué coño está pasando aquí?
«¿Sabías que Hitler ganó las elecciones?» Este fun fact, del todo inexacto —bastante habitual en charlas de barra de bar—, es uno de los millones de ejemplos sobre cómo un titular puede borrar la historia.
No es que seamos unas mentirosas o estemos totalmente desinformadas; simplemente: ¿para qué explicar en doce frases lo que podemos resumir en una? La capacidad de síntesis es una maravillosa habilidad que nos ha llevado a grandes logros modernos, como el clickbait: tesoro inmaterial de la humanidad, aún no declarado por la UNESCO.
Por aclarar, en las democracias parlamentarias no “ganas” por conseguir el mayor porcentaje de votos, sino por mayoría absoluta o alianzas parlamentarias. Los nazis no ganaron ninguna elección; se abrieron paso a través de negociaciones hasta la cancillería alemana.
Tristemente, si analizamos los últimos movimientos de Washington, tanto en la ocupación venezolana como en el despliegue de tropas en el estrecho de Ormuz, encontramos un curioso punto en común: sus acciones no están motivadas por una supuesta lucha contra la tiranía ni por la “defensa preventiva” de los valores occidentales. Lo que prima en ambos escenarios es el precio del crudo.
Creo que, una vez más, estamos siendo testigos del poder de un titular para desactivar la historia. En este momento, con el despliegue de tropas norteamericanas en Irán, no hace falta ninguna invasión ni convertir otro país del golfo Pérsico en un páramo, como ya hicieron con Afganistán. Solo con el titular y una pequeña entradilla el imperio agonizante del águila calva ha conseguido aumentar significativamente el valor de los recursos fósiles robados a Venezuela, retirar la confianza de los mercados en el petróleo que circula por el estrecho de Ormuz y sedimentar la posición de EE. UU. como vocero de las energías fósiles frente a China y Europa.
Pero, una vez más, el clickbait gana y las bolsas danzan al ritmo de un titular de prensa centrado en armas nucleares, cuando —la realidad de la noticia— trata de algo tan simple, ordinario y cotidiano, como el precio de encender una bombilla.

