El Consejo General del Poder Judicial abrirá diligencias contra el juez Adolfo Carretero por su actuación durante el interrogatorio a Elisa Mouliaá. Tras 900 denuncias contra el magistrado y un reguero de críticas en medios y redes era de esperar.
Me pregunto qué hubiese pasado si no trascienden las escenas del impúdico interrogatorio. Inquieta la actitud grosera de todo un señor juez durante la vista, pero sobre todo inquietan los valores y creencias que transpira un encargado de impartir la Justicia. Huele a rancio. Suena viejo. Todo parece extraído de una película casposa de otros tiempos.
Y en estas fabulaciones me hallaba cuando caigo en que el mundo de 2024 ya no existe. La historia, por más que nos extrañe, no evoluciona de modo líneal hacia un futuro de mayores libertades, más fresco, más humano. Qué va. Hoy está de moda el saludo fascista. Con la llegada de Trump, acompañado de los hombres más poderosos del mundo, hemos visto que las conquistas vuelan. En un suspiro, los que ayer eran críticos hoy se arrodillan ante el nuevo emperador de Occidente que con un movimiento de pulgar arrasa con todo.
Qué lúgubre se nos está poniendo el año. Y eso que está recién nacido. Entre tanta desdicha y regreso al pasado me quedo con la imagen de Marian Budde, la obispa de Washington que ha plantado cara al poder. Sigamos su ejemplo, porque en los tiempos que corren solo nos queda la verdad que dicta el corazón. Siempre -menos mal- nos quedará el activismo.

