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Volunturismo: la solidaridad como atracción turística

Tras las buenas intenciones, el volunturismo entraña riesgos para quienes buscan hacer voluntariado fuera de España

Jonás Candalija

Llega la Semana Santa. Viajar a destinos exóticos, sumergirse en culturas distintas, ayudar a comunidades necesitadas y encima ejercer la solidaridad suena muy noble. Sin embargo, detrás de la fachada de buenas intenciones se esconde una realidad algo más turbia. ¿Qué ocurre si en el otro lado sólo existe un negocio lucrativo? ¿Qué pasa si la propuesta solidaria no beneficia en realidad a esos colectivos tan vulnerables? Es la cara oculta del llamado volunturismo.

El objetivo de quienes pagan un buen dinero por viajar a otros países para hacer voluntariado es aliviar la pobreza, recuperar el medio ambiente o mejorar la vida de las personas. Suelen ser jóvenes occidentales con afán de ayudar. Y hay muchas empresas que han visto en ello un buen nicho de mercado. Ofrecen paquetes turísticos que incluyen actividades de voluntariado como participar en la construcción de escuelas, cuidar animales o enseñar inglés en países de África, América Latina o Asia.

Más allá de la motivación altruista y solidaria de quienes se embarcan en un proyecto de este tipo durante sus vacaciones, la falta de formación específica en cooperación internacional, así como de experiencia en el trabajo sobre el terreno, conlleva el riesgo de convertir las buenas intenciones en un negocio de la pobreza y un espectáculo de la desigualdad, sin impacto real en la vida de las personas con las que se trabaja.

Olga García, coordinadora de Programas en Intered y vocal de Voluntariado de la Junta de Gobierno de la Coordinadora de ONGD, hace hincapié en esta problemática: “El conocimiento y la formación son las herramientas más útiles para entender el mundo en su globalidad, con sus problemas estructurales. Las problemáticas de algunos países vienen de la mala praxis del mundo occidental, que ha sido tradicionalmente saqueador de materias primas, colonizador y cuyas prácticas de consumo no son sostenibles para el planeta ni para la equidad entre países”.

En esta línea, Moisés Benítez, director de Voluntariado de Cruz Roja Española, enfatiza: “el voluntariado internacional es una oportunidad para aprender, crecer y contribuir al bienestar global. Sin embargo, debemos ser conscientes de los riesgos de ese volunturismo, como la falta de sostenibilidad, la apropiación cultural y la dependencia a corto plazo. Es crucial que nuestro voluntariado esté bien formado y comprometido con principios éticos y de respeto hacia las comunidades locales.”

Voluntariado en Guatemala Centro Salud San Juan Cotzal | Fotografía de Farmamundi

Pintar una escuela o jugar con niños en un orfanato puede parecer útil, pero ¿es una acción sostenible en el tiempo? ¿Qué pasará cuando el proyecto termine y regresen a sus casas? En este sentido, esta supuesta acción solidaria puede ser realmente perjudicial cuando sustituye al empleo local, socavando la economía de la comunidad a la que se quiere ayudar. ¿Por qué pagar a un albañil local cuando hay volunturistas que pueden reconstruir la escuela gratis?

Poniendo el foco en la infancia, Selma Fernández, coordinadora de programas de fapmi-ECPAT España, explica cómo su organización ha desarrollado un Código de Conducta para la protección de la infancia y la adolescencia en los viajes y el turismo, a través del cual informan, sensibilizan y capacitan «sobre la problemática de la violencia hacia la infancia y la adolescencia, trabajando directamente con empresas de este sector en el desarrollo de políticas de protección a la infancia”.

Postureo solidario

Jim Butcher, profesor de la Universidad Cristiana de Canterbury en el Reino Unido, es autor de varios libros y artículos sobre este asunto. Su enfoque crítico cuestiona los beneficios morales, políticos y económicos de esta práctica. “Sin estrategias políticas para el cambio social, nos quedamos con el objetivo de intentar cambiar el mundo a través del prisma del consumo y el estilo de vida. El volunturismo generalmente implica una especie de colonialismo verde«, manifiesta.

Hacer turismo de este tipo no lleva asociada la idea de cambiar el mundo, pues son dos cosas totalmente diferentes que quiere dejar claras Butcher. «No hacemos turismo ni ofrecemos ningún favor al combinarlos, que es precisamente lo que hace el volunturismo«, determina y, luego, añade: «Yo promovería el voluntariado genuino».

En esta línea, Pablo Sánchez, director de la ONG ‘The Health Impact’ advierte del riesgo de reproducir relaciones colonialistas. “Un ejemplo es la popularización del turismo solidario en las redes sociales, utilizando imágenes en busca de un supuesto “atractivo turístico» de la pobreza, sin cuestionar sus causas subyacentes, ni promoviendo un cambio social real en la vida de las comunidades”. Además, advierte que ello puede contribuir a difundir un ‘aura colonial’, perpetuando las diferencias sociales y geopolíticas.

La vocal de la Coordinadora de ONGD se muestra tajante en este aspecto: “Quien realiza un voluntariado internacional debe ser consciente de que le van a acoger personas que tienen sus mismos derechos. Por ejemplo, si aquí no puedes ni debes fotografiar a menores de edad y subirlos a redes sociales, allí tampoco puedes hacerlo”.

Voluntariado internacional

La Ley 45/2015 de Voluntariado en España establece un marco legal para regular el voluntariado internacional. Su objetivo es promover y facilitar la participación solidaria de la ciudadanía en acciones de voluntariado, tanto dentro como fuera del territorio del Estado. Es decir, reconoce la importancia de la cooperación internacional y la acción voluntaria más allá de las fronteras nacionales.

La norma no limita el voluntariado a un ámbito específico, incluyendo acciones concretas y a corto plazo. En este sentido, las personas voluntarias pueden tener diversas motivaciones e intereses personales, pero siempre “con la aspiración de transformar la sociedad”. Una definición muy alejada de las repercusiones negativas que el negocio a costa de la solidaridad tiene sobre las comunidades a las que se pretende ayudar.

Voluntariado en Bolivia repartiendo filtros potabilizadores de agua (2028) | Fotografía de Boris Hadjur (Ayuda en Acción)

En este sentido, Pablo Benlloch, doctor en Derecho por la Universidad Rey Juan Carlos, y reconocido experto en el ámbito del voluntariado y la legislación, en su artículo titulado ‘Una Nueva Oportunidad para Repensar el Voluntariado: ¿Hacia una Nueva Configuración Legal de la Acción Voluntaria Organizada?’, analiza “las debilidades del modelo legal existente y propone reformas ligadas a una nueva regulación de los voluntariados especiales, adaptada a las necesidades específicas de ciertos contextos”. «En ningún caso, el voluntariado se puede convertir en una oportunidad de negocio» sostiene Benlloch.

La Coordinadora de ONGD, por su parte, ofrece algunos consejos para antes de embarcarnos en una experiencia de voluntariado internacional. En palabras de Olga García, “este voluntariado debe tener una finalidad clara y una duración oportuna para que dé fruto. Tiene que ser consciente, en una relación de iguales. Tampoco puede suponer una competencia desleal a los servicios ofrecidos en el territorio, ya que cada pueblo debe ser el protagonista de su propia hoja de ruta”.

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