Divorcios difíciles: la infancia en el centro del conflicto

Una pareja divorciándose

Blanca Duque Serrano

Aurora Raya, una joven de 27 años, tenía cinco cuando sus padres se divorciaron. En una etapa en la que era tan pequeña el impacto emocional fue muy grande, no sabía gestionar la situación, y menos comprenderla. «Para mí lo más difícil fue entender que se habían separado. No sabía por qué mi papá no volvía a casa, y durante años pedía a los Reyes Magos que regresara», confiesa señalando un comportamiento habitual de cualquier niña. La dinámica familiar cambió de un momento para otro, desde entonces tenía que hacer su maleta y trasladarse de una residencia a otra para poder estar con los dos, algo que le resultaba complicado y doloroso.

La experiencia de Aurora no es única o excepcional. Según Norberto Barbagelata, psiquiatra, psicoterapeuta, docente y co-director del Grupo Zurbano de Terapia Familiar, las hijas e hijos de las familias que se enfrentan a divorcios difíciles, desarrollan un daño emocional profundo, ya que las familias suelen implicar a sus menores en el conflicto. «Un padre que habla mal del otro frente a sus hijos genera una división interna muy dolorosa, porque los niños aman a ambos progenitores», detalla.

Aurora se crio con comentarios y discursos de conflicto entre sus progenitores. «Mi familia materna hablaba mal de mi padre, y yo no sabía cómo reaccionar. Sentía que debía elegir entre ellos, y eso me generaba mucha confusión». Actualmente, es capaz de deducir cómo eso influía en sus comportamientos: «Durante mi adolescencia, inconscientemente rechacé a mi padre porque había absorbido las críticas hacia él».

¿Qué es un divorcio difícil?

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en España se han registrado 80.065 rupturas matrimoniales, de las cuales el 95,8% corresponden a divorcios, 4,2% a separaciones y un porcentaje menor a nulidades.

Barbagelata define los divorcios difíciles como aquellos en los que las emociones negativas, como el rencor y el odio, sustituyen al vínculo de amor que se originó al principio, por lo que esos sentimientos no permiten que la pareja avance y solucione la situación emocional, y por tanto familiar. «El divorcio puede ser una etapa normal del ciclo vital familiar, pero hay un grupo de la población que se atasca en el proceso emocionalmente y que se reorganiza de una manera patológica», explica para hacer ver cómo una unidad familiar se instala en un conflicto.

Evitar responsabilizarse de la ruptura

«Mis padres me decían que querían lo mejor para mí, pero luego en sus acciones eso no se veía; en muchas ocasiones era todo para pelearse, tirarse los trastos a la cabeza”, denuncia Aurora. Este tipo de relaciones y acciones crea un malestar continuo, porque, como declara Norberto: «Nada une más que una pelea».

Lo que realmente sucede es que las personas progenitoras están centrando todas sus energías en molestar a la otra y, para ello, sin querer, se olvidan de priorizar el bienestar de sus hijas e hijos. «Muy pocas veces pensaron en mí realmente. Ellos estaban centrados en hacerle daño a la otra persona y me usaban a mí para conseguirlo», indica Aurora.

El psicoterapeuta advierte sobre la importancia de no responsabilizarse de la situación. Para Norberto, el divorcio es un fracaso de la pareja y una etapa que puede vivirse en la historia de una relación. Sin embargo, no considera que sea algo que deban gestionar las hijas e hijos. «Los problemas de pareja pertenecen a la pareja, no a los hijos», sentencia mientras continúa explicando que «un niño de ocho años tiene que estar pendiente de hacer amigos, ir a la escuela o aprender a socializar, no de gestionar las peleas».

Atravesar un divorcio difícil afecta directamente al día a día. La situación en la casa de Aurora afectó principalmente a su estudio. «He sacado siempre malas notas, las únicas asignaturas en las que destacaba eran artísticas y ahora he entendido el por qué. En su día yo pensaba que era mala estudiante, pero ahora entiendo que no tenía la cabeza para estar en estudios ni en nada porque estaba con lo de mis padres», comenta mientras recuerda cómo las profesoras llamaban a casa para señalar que se encontraba ausente en clase o que se «distraía con una mosca».

La terapia familiar sistémica

Tras 52 años de experiencia, Barbagelata ha puesto en práctica distintos métodos de intervención con familias. Actualmente, desde el Grupo Zurbano emplean la terapia familiar sistémica, con la que buscan tratar las relaciones evitando la individualidad. Esta estrategia tiene muy presente la coparentalidad, un punto clave.

«Uno se divorcia siempre de un marido o de una mujer, jamás se debe divorciar de los hijos, o sea, él va a seguir siendo el padre y ella va a seguir siendo la madre». Con estas declaraciones Norberto muestra la importancia de hacerles ver a las niñas y niños que sus padres son buenas personas y van a trabajar por mantener su relación paternofilial.

La terapia familiar sistémica busca que los padres aprendan a comunicarse; no trabaja el pasado, sino que construye las bases para continuar con su vida a la par que crían a sus menores en común.

La clave del éxito

Superar un divorcio difícil requiere que ambas partes contribuyan en el duelo de la relación. Esto implica aceptar la pérdida, dejar atrás el rencor y redirigir las energías hacia la construcción de nuevas etapas de vida. “El odio consume la energía psicológica que necesitamos para sanar y seguir adelante”, explica el psicoterapeuta.

En caso contrario, pueden existir familias que continúen una vida marcada por un divorcio difícil que nunca termina. “A día de hoy, siguen saliendo cosas del pasado, siguen saliendo rencores, enfados y problemas no resueltos cuando se tenían que haber resuelto hace ya mucho tiempo”, afirma Aurora.

Los tipos de divorcios son tan distintos como parejas existan. Norberto Barbagelata informa de que no existe una fórmula exacta, y que por eso es tan necesario escuchar y abordar cada caso de una manera personalizada. Además, señala que todas las parejas que acuden buscando ayuda desde el primer momento, tienen un porcentaje de éxito muy alto de que no tendrán un divorcio difícil. «Están dejando claro que van a actuar pensando en el bien de sus hijos por encima de los conflictos de la relación», explica.

Crecer en un ambiente familiar complicado y trabajar en ello voluntariamente también tiene buenos resultados. Aurora tiene muy presente todo lo que ha aprendido de relaciones, de errores y de aciertos. Considera que todo forma una parte de ella que le mantiene en constante alerta para trabajar una relación sana.

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