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«El problema es que las niñas no están preparadas para fallar»

Alejandro López

Tamara Benito combina su pasión por las telecomunicaciones con su tarea voluntaria en Power to Code, donde ayuda al empoderamiento de la mujer dentro del sector de las ciencias.
Tamara Benito, voluntaria en Power to Code

Como una peligrosa matrioska, el ámbito de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) es un mundo de hombres dentro de otro: disciplinas en las que solo el 16% de profesionales españoles son mujeres. Tamara Benito Matías es una de ellas. De su pasión por las Telecomunicaciones y la Robótica nace su interés por el voluntariado en Power to Code, una asociación que, a través del programa Technovation Girls, visibiliza el papel de la mujer en el sector y las acompaña en sus primeros pasos.

¿Qué te motivó a unirte a Technovation Girls y trabajar en la promoción de las carreras STEM en mujeres?

Cuando entré en la carrera de Telecomunicaciones me di cuenta de que había muy pocas mujeres. Participaba en varias charlas y siempre decían: «No puedes ser lo que no ves». En ese sentido, ‘Technovation’ es una iniciativa para chicas de entre 8 y 18 años que intenta que se familiaricen con el entorno STEM. Tienen que descubrir un problema de su entorno más cercano o de la sociedad en general, y resolverlo a través de la tecnología: desarrollando una aplicación para móvil, a través de Inteligencia Artificial… Se les da a conocer que, la ciencia en general, es útil para las cosas que necesiten resolver. Lo pueden ver de primera mano y siempre guiadas por mentores.

Has incidido mucho en la filosofía «No puedes ser lo que no ves». En el voluntariado, ¿cómo consigues aplicarla?

Yo llevo un equipo en mi trabajo y mi primera norma es: «Si tú no puedes hacerlo, no puedes decirle a nadie que lo haga». El hecho de ser una mentora mujer hace que puedan ver que no es un proceso tan complicado. Les dices cómo hacerlo y aplicarlo a su proyecto, se lo enseñas físicamente.

No solo te has dedicado a la mentoría. También has formado parte del jurado que evalúa el resultado de sus proyectos. ¿Prefieres acompañar en el proceso o juzgarlo al final?

A mí me gusta participar en el proceso. Al final es muy fácil ver algo que ya está hecho y decir si te gusta o no. En 2018 empecé como mentora y te llena mucho más participar en ese camino. Viendo sus dificultades y también porque día a día descubren algo nuevo y te dicen: ‘Anda, pero si esto lo sé hacer’.

¿Qué retos percibes a la hora de conseguir que se sientan empoderadas dentro del sector STEM?

Los retos más difíciles… Intentan conseguir que las cosas sean rápidas y fáciles y en una carrera STEM o en desarrollo de aplicaciones todo requiere paciencia. También tienen un poco de trauma con el fracaso, cuando en una ingeniería el fracaso es precisamente un éxito, de dónde aprendes. No tienen un objetivo claro y le tienen mucho miedo a la equivocación. Y eso en los hombres no lo percibo tanto.

Yo dirijo un taller de Robótica en la iniciativa «Una Ingeniera en cada cole» de la organización AMIT. Los niños prueban y le dan a botones, mientras que la gran mayoría de niñas prefieren preguntar: «Pero si lo hago así…» Y no pasa nada, puedes equivocarte. No hay ningún problema. Volvemos a intentarlo. En ese sentido les cuesta un poquito más.

¿Puede estar ahí el origen de la brecha de género en el mundo STEM?

Creo que la educación es fundamental. En «Una ingeniera en cada cole», al visitar colegios partimos de cursos con niños muy pequeños, a partir de tercero o cuarto de primaria. El profesorado me dice que les enseña las distintas profesiones… Yo les enseño una foto de un médico y saben lo que es y lo que hace. Pero les enseño un videojuego, un dron o un satélite y saben lo que es… pero no saben quién lo ha hecho. El problema de base es la educación. Si una persona se está reglando por películas que ve fuera o la cultura de su alrededor, y no le dan visibilidad a ese tipo de carreras… Al final las mujeres deciden ir a por lo que siempre ven.

También existen estereotipos, prejuicios y sesgos que asocian las disciplinas STEM a un mundo exclusivo de hombres. Desde vuestra asociación, ¿cómo rompéis esa barrera?

Al final todo se reduce a lo mismo: te das a conocer tú misma. Hoy en día es mucho más fácil gracias a los medios de comunicación. Por ejemplo, ves a la nueva astronauta: está ahí y no es un bicho raro como Sheldon de «The Big Bang Theory». Le das normalidad al asunto.

Yo he estudiado una carrera STEM, me dedico a lo que me gusta y si no me gusta, cambio. La gente tiene mucho miedo en el sentido de que, si elige algo, cree que ya no puede cambiar. Pero la ciencia te permite cambiar completamente tu forma de trabajar, cosa que no te permiten otros trabajos.

Muchas mujeres no llegan a contemplar el mundo STEM como una posibilidad real. Se autoimponen límites. ¿Hay niñas que llegan con esa mentalidad?

Muchas. Lo bueno del programa es que también hacemos visitas a empresas. Estuvimos en Iberia y mujeres que se dedican a pilotar nos dieron su punto de vista. O ingenieras que están dentro del hangar desarrollando… Las niñas ven que son normales y naturales, que puede ser algo de su día a día. El programa no solo se centra en acompañar dentro de un programa de emprendimiento en el que desarrollas tu aplicación, también te permite visualizar el mundo STEM desde muchas perspectivas, focalizándote en el mundo de la mujer.

La gran mayoría de las niñas vienen de padres que ya conocen la tecnología, que disponen de un portátil o saben lo que es una aplicación. No es necesario saber programar, el programa está muy guiado así que no tienen por qué tener un nivel alto para entrar. Hay colegios en los que no hay esas capacidades de hardware, entonces les ayudamos a adquirir conocimientos que serían inalcanzables. Queremos abarcar más por esa línea, aunque de momento no llegamos tan allá.

Vosotras, como asociación y voluntarias, les enseñáis el mundo STEM. ¿A ti que te han enseñado esas niñas?

Cuando empiezas a trabajar en las carreras de ciencias te vuelves un poco cuadriculado. Pero ellas son como aire fresco. Tú resuelves una cosa de una manera porque siempre lo has hecho así, pero como para ellas es algo nuevo… son como un paño limpio, sin bagaje que les coaccione, es impresionante.

¿Qué te ha aportado a nivel personal el este voluntariado?

Da muchos quebraderos, yo me lo pregunto muchas veces. Pero solo con ver a las niñas y las pasiones que tienen… Ver su cara y que al final sirve para algo, que han cambiado. No es que esté mal su educación, pero si la combinas con una ingeniería… La tecnología es el futuro, es como el inglés. No te lo ponen de requisito, lo dan por hecho.

Ellas, como todavía no saben lo que es la ingeniería, hay veces que la descartan. Y hubo una que cambió, que iba a estudiar para ser profesora de infantil y al final lo cambió por una ingeniería nueva. Ser profesor es muy válido, pero puedes serlo junto con una ingeniería que te abre muchos otros caminos.

¿Qué le dirías a una chica que quiere estudiar una carrera STEM, pero que no se atreve a dar el paso?

Ánimo. Vas a fallar seguro, pero de los fracasos aprendes. El problema es que no están preparadas para fallar. Entonces… no pasa nada. Descubrirás un mundo nuevo que te cambia totalmente. Te cambia la mentalidad.

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