«Hay que hablar de la muerte para que sea más fácil superarla»

Irene Ortiz

Alejandro Sutil lleva dos años haciendo voluntariado en la Asociación Alhelí, una entidad que ayuda a las personas a enfrentar el duelo por la muerte de un ser querido
Alejandro Sutil, voluntario en la Asociación Alhelí
Alejandro Sutil, voluntario en la Asociación Alhelí

Alejandro Sutil siempre había querido hacer voluntariado, pero nunca se imaginó que esta experiencia fuera posible tan cerca de casa ni que resultase tan gratificante. A sus 25 años, trabaja como maestro sombra en un colegio de Málaga, es decir, ayuda a la integración socioeducativa de menores con necesidades especiales. El espíritu solidario que lo caracteriza le impulsó a hacer algo más y, hace dos años, encontró su causa en la Asociación Alhelí, donde acompaña a personas a enfrentar un duelo por la pérdida de un ser querido. Lo descubrió casi por casualidad y hoy, además de voluntario, es técnico de proyectos en la entidad.

¿Qué es el duelo?

El duelo es el proceso que vivimos cuando perdemos a un ser querido. También cuando perdemos a una mascota, por ejemplo. Lo que tratamos desde la Asociación es el duelo patológico, que se da cuando una persona no es capaz de procesar ese duelo y se estanca en ese sentimiento de tristeza.

¿Crees que la gente tiene miedo a hablar de la muerte?

Sí, mucho. Es un tema triste y complicado, porque no suele ser algo de lo que te apetezca hablar. De hecho, muchas personas sienten que no son comprendidas cuando comparten su duelo con personas de su alrededor. La gente se suele cerrar a hablar sobre ello y eso que es un proceso por el que pasaremos todos. Hay que estar formados para que luego nos sea más fácil superarlo. De hecho, en las actividades que organizamos desde la Asociación hay mucho de sensibilización y concienciación de la importancia que tiene hablar sobre el duelo.

¿Cómo podemos normalizar la muerte? ¿Cuáles son las claves para hacerlo?

Es complicado. Al final yo creo que la clave está en realizar campañas de sensibilización para los jóvenes y conseguir que tengan una repercusión en el futuro.

¿Abordáis también el suicidio?

Sí. En la Asociación hay una psicóloga que está especializada en el duelo por suicidio. Estos casos se caracterizan porque cuando pierdes a una persona por suicidio, quien sufre la pérdida suele ser más tentativa de realizar el mismo acto.

Nosotros trabajamos tanto la prevención de las conductas suicidas, como lo que llamamos posvención, es decir, todo el vacío que le queda a una persona que pierde a alguien por suicidio, por cómo se ha producido la pérdida y por la pérdida en sí misma. Al final, es un hecho bastante chocante y difícil de comprender.

¿Por qué crees que es tan importante acompañar a alguien que acaba de perder a un ser querido?

Porque la gente se aísla. Al sentir que nadie les comprende, tienen esa tendencia a aislarse y a no querer relacionarse. Empiezan a tener malos hábitos, a dejar de hacer deporte, desarrollan apatía… No ven una salida. Enseñarles que sí que la hay y que sientan que le importas a otra persona, les ayuda bastante. Y no solo es importante el acompañamiento, el hecho de estar; sino, sobre todo, el trato, el cómo les hablas.

La gente es muy agradecida con eso. Hay mucha gente más mayor que yo que ya son como mis amigos y me agradecen mucho todo lo que hago por ellos.

¿Hay un perfil que predomine más entre las personas beneficiarias de la Asociación?

Sobre todo hay mujeres; poco a poco empiezan a venir más hombres. Es verdad que a los hombres les cuesta más expresar sus sentimientos; trabajan mejor en las sesiones individuales. En las grupales suele haber más mujeres. Y predominan más las personas de más de 40 años.

También tenemos a un grupo de jóvenes, el cual se creó este año, porque empezamos a darnos cuenta de que cada vez eran más los que necesitaban esta ayuda.

Cuando dices que cada vez hay más hombres, ¿crees que esto es señal de un cambio hacia la ruptura de estereotipos, como la idea de que «los hombres no lloran»?

Sí, yo creo que poco a poco se están consiguiendo cambios. El trabajo que hacemos desde la Asociación al final consiste en ayudarlos a que expresen sus emociones en un grupo. Cuando dan ese primer paso y ven que les ayudas, se abren más.

Personalmente, ¿qué te hizo conectar con este tipo de causa?

La verdad que la conocí de casualidad. Fue la suegra de mi hermano la que empezó a hablarme de ello, porque ella forma parte de la Asociación. Un día me comentó que les hacía falta gente y fui a probar. Yo siempre había querido hacer voluntariado, pero nunca pensé en hacerlo aquí en Málaga, siempre había pensado en un voluntariado internacional.

Nunca había sido consciente de este problema hasta que no empecé a tener contacto con la Asociación. Y una vez empecé a ayudar, me gustó mucho y me encantó la experiencia.

¿Algún recuerdo memorable que quieras compartir?

Pues tengo muchos. Quizás recuerdo muchos momentos bonitos con un paciente que se llama Andrés, que vino a la Asociación para enfrentar un duelo y también porque se sentía solo. Siempre me ha valorado mucho que esté con él. De hecho, una vez me hizo un regalo y me emocionó bastante que me tuviesen tanta estima.

Cuando ayudas como voluntario, la gente suele ser muy agradecida. Tengo muchos recuerdos de conversaciones bonitas; a veces son tristes, lloras y compartes el dolor con ellos, pero se convierten en bonitas porque ves cómo les estás ayudando y cómo van avanzando.

¿Cuál es, para ti, la receta para retomar la vida en el proceso de duelo?

Yo creo que lo principal es apoyarte en las personas que te quieren, aunque es complicado porque hay gente que se siente sola… En ese caso es buscar ayuda, no tener miedo de pedirla y también tener mucho tiempo para pensar y reflexionar sobre todo lo que te está pasando. A veces creemos que podemos abordarlo todo y solos no podemos.

Hay que ponerle mucha fuerza y esperanza y, sobre todo, pedir ayuda y dejarte ayudar.

¿Cómo definirías tu experiencia de voluntariado?

Es una experiencia muy bonita que te llena mucho como persona.

¿La recomendarías?

Sí, por supuesto.

Al final yo creo que, como te decía antes, hay mucha gente como yo que quiere hacer un voluntariado internacional porque en el colegio o en el instituto te dicen que hay muchos niños en África pasando hambre, que no tienen recursos… Pero luego hay un montón de gente que necesita ayuda y que vive al lado tuya, que puede ser tu vecino, y no nos damos cuenta.

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