Las emergencias movilizaron el año pasado a centenares de personas voluntarias
Las tragedias, dicen, desatan lo peor y lo mejor del ser humano. Esta semana hemos tenido la oportunidad de comprobarlo en la tragedia ferroviaria de Adamuz. Basta un ejemplo: mientras algunas empresas de transporte disparaban los precios entre Madrid y Andalucía para sacar beneficio de la tragedia, un ejército de gente anónima derramaba su solidaridad por el sur de España.
En la tarde del domingo, decenas de personas del pueblo de Adamuz se desplazaban hasta la zona del siniestro para socorrer a las víctimas. Desde el alcalde hasta el último vecino. La mayoría de la vecindad puso su granito de arena en la medida que pudo. Toda la localidad y los pueblos vecinos se unieron a la tarea de socorrer al pasaje del tren y esa ayuda fue vital en una noche de enero marcada por el frío, la oscuridad y el desconcierto que reinaba sobre las vías del tren.
Según la directora de la Plataforma del Voluntariado, Mar Amate: «la tragedia de Adamuz, de nuevo evidencia que España es una nación solidaria y que hay una mayoría dispuesta a implicarse cuando se trata de actuar en una crisis humanitaria o durante una emergencia».
Lo cierto es que desde el primer momento, centenares de personas se pusieron a disposición de quienes lo necesitaban. Desde organizar ropa de abrigo, agua o comida hasta dirigirse al lugar del siniestro para atender heridos, pasando por acoger a gente en sus propias casas.
Solidaridad sin acentos
En la jornada del lunes, el presidente de la Plataforma Andaluza del Voluntariado, Armando Rotea, se puso a disposición de la Consejera andaluza y del director de Emergencias y Sanidad de la Junta de Andalucía para ofrecer el músculo de la red de voluntariado. Por su parte, la Plataforma del Voluntariado de Córdoba recibió decenas de llamadas de personas ofreciéndose para desempeñar cualquier labor necesaria como voluntarias.
Pilar Pineda, presidenta de la Plataforma de Córdoba, relata la avalancha de solidaridad que recibió su organización en los primeros momentos: «La respuesta ha sido increible. Ha contactado mucha gente con nosotras y les hemos transmitido que la ayuda más importante que se podía prestar en ese momento era la donación de sangre«, ha señalado Pineda. Dicho y hecho. Tras el anuncio, los centros de donación de sangre de distintas capitales andaluzas se llenaron de donantes. Según el el Servicio Andaluz de Salud (SAS), el lunes se recogieron 2.990 bolsas de sangre. Más del triple que en cualquier jornada normal. Hospitales de ciudades como Málaga están registrando hoy mismo enormes colas de personas dispuestas a dar su sangre.
En la Estación de Atocha la ayuda también ha surgido de forma inesperada. Tras conocerse la imposibilidad de muchas personas para volver a sus casas han aparecido conductores voluntarios, dispuestos a ofrecer sus vehículos para trasladar a quienes se hubieran quedado en Madrid sin posibilidad de transporte. Es decir, se ofrecieron a conducir centenares de kilómetros para que gente desconocida pudiera volver al hogar.
El dolor humaniza
Mar Amate, asegura que este fenómeno no es nuevo. Desde luego, no sorprende a la red de voluntariado que ha visto muchas veces como la ciudadanía responde ejemplarmente al dolor ajeno. La directora de la PVE señala cómo ha quedado patente la empatía en una emergencia reciente: «Durante la dana, el 7,4% de las personas de nuestro país se implicaron como voluntarias en esa emergencia. De ellas, más del 60% se incorporaron durante las dos primeras semanas. Y lo más importante, muchas de esas personas se han quedado en el voluntariado de forma estable».
Desde la Plataforma del Voluntariado señalan que la permanencia es una pieza clave para asentar el voluntariado en nuestro país. Amate explica que las ONG deben hacer un esfuerzo importante para mantener a todas esas personas que sienten la necesidad de expresar su solidaridad. Respecto a la ciudadanía, la palabra clave es coordinación. «Ante una emergencia, lo que pedimos a quienes nos contactan es que atiendan las indicaciones de la autoridades en la zona. El siguiente paso es que contacten con las organizaciones sociales. Eso es una elección personal, la que cada persona prefiera, pero es importante colaborar a través de una organización para canalizar la ayuda de forma organizada y para que el apoyo sea realmente eficaz».
En España, hay 4,4 millones de personas voluntarias, según muestra el último informe del Observatorio del Voluntariado. Es decir, la solidaridad implica de manera estable al 10,5% de la población, cifra que se consolida en los últimos años.
El ejemplo de la dana
En este estudio destaca el apartado relativo a la solidaridad durante la dana. El informe explica la actividad que se desplegó en Valencia durante la emergencia y hasta qué punto la ciudadanía de todo el país se activó en aquellos días. Las cifras muestran que, el 7,4% de las personas de nuestro país se movilizaron como voluntarias en la emergencia. De ellas, más del 60% se incorporaron durante las dos primeras semanas y las principales actividades que realizaron fueron limpieza de calles (57,6%), reparto de alimentos (37,9%) y retirada de enseres de las calles (36,2%).
El estudio muestra que las personas que ya eran voluntarias antes de esta tragedia fueron quienes mostraron mayor implicación y quienes mantuvieron su compromiso durante más tiempo. Además, se acercaron a la situación a través de organizaciones sociales, en lugar de actuar “por libre”.
En general, la participación ciudadana durante la dana implicó al 51,8% de la población. De ellas, el 30,9% realizó donaciones en especie, el 21% hizo donaciones económicas; y el 7,4% se sumó haciendo voluntariado. Frente a ellas, el 48,2% de la población permaneció indiferente ante la tragedia.

