La sociedad actual vive de espaldas al medio rural a pesar de ser el origen de todo; un espacio lleno de cultura, arte y conocimiento. Es por ello por lo que, el vicepresidente y fundador de la Asociación Corripa situada en Asturias, Alberto Uría, lucha, junto a otras personas voluntarias, por volver a poner el foco en este entorno y reconectar al ser humano con la naturaleza, el campo y lo rural. A través de la educación ambiental, buscan frenar la despoblación y cambiar la mirada que se tiene sobre estos paisajes.
¿Cuáles son los proyectos actuales en los que estáis inmersos?
tenemos dos proyectos que están abiertos al público y son visitables. Está el Jardín de polinizadores silvestres y la senda de Humboldt, que pone en valor a los pioneros de la ciencia y a las mujeres. Es una senda de 5 kilómetros que restauramos en mitad de un monte y donde hicimos distintos inventares de biodiversidad, sobre todo en murciélagos e insectos.
También hacemos labores de recuperación del patrimonio rural. Hay unos colmenares tradicionales que estamos restaurando, como también unas corripas, que son unas estructuras que servían para conservar la castaña.
Luego tenemos un proyecto muy bonito en el que colaboramos con 60 ganaderos y ganaderas de toda la provincia de Lugo para hacer distintos proyectos de conservación de la naturaleza y de puesta en valor de la ganadería extensiva. Además hacemos educación ambiental, formación e investigación.
¿Y las personas voluntarias en qué proyectos están inmersas?
Participan, sobre todo en temas de plantación de jardín, de arbolados a lo largo de la senda… También hacemos charcas para anfibios o cabañas de insectos. Y en investigación, solemos hacer actividades de puertas abiertas para que todo el mundo pueda conocer el trabajo y la realidad a la que nos enfrentamos.
¿Cómo se urgente era ponerse manos a la obra?
Era muy urgente en todos los niveles. Lo rural de este país es totalmente desconocido. En la mayoría de modelos hay una especie de mosaico agroganadero lleno de paisajes formados por teselas, que son las piezas de un puzle gigantesco que sirven de refugio, comida y hábitat para un montón de especies de animales y plantas.
Por desgracia, el despoblamiento rural es algo que nos une a todos porque la gente se va a las ciudades. Se está el perdiendo el valor cultural de lo rural porque la gente está dejando de verlo como el origen de todo. Estamos perdiendo biodiversidad a marchas aceleradas. Necesitamos volver a lo rural y a mirarlo con respeto. Y cuidar de la naturaleza, que está peor que nunca.
¿Hacia dónde caminaríamos si se perdiera todo esto?
De hecho, ya se se están perdiendo los usos tradicionales de lo rural, algunos patrimonios culturales de ciertas regiones. Es muy triste ver cómo se están abandonando aldeas enteras, valles y comarcas. Además, se están perdiendo hábitats de montaña y están desapareciendo algunas praderas. Todo eso está haciendo que los paisajes naturales estén en retroceso. Estamos perdiendo cada vez más el paisaje y el futuro.
Los animales no son ajenos a ese despoblamiento. Si la gente desaparece de lo rural, los ambientes van a dejar de ser diversos, para ser monoespecíficos y con una naturaleza más pobre en especies.
Hacéis formaciones en educación ambiental. ¿Consideras que ahora se tiene más en cuenta el medio ambiente?
Firmemente creo que no, porque ahora la gente solo quiere vivir en las ciudades y abrazar las nuevas tecnologías. Claro que hay mucha gente a la que le encanta pasear, la naturaleza o participar en voluntariados, pero es algo muy minoritario por desgracia.
La inmensa mayoría de la sociedad actual vive de espaldas a la naturaleza, al campo y a lo rural porque solo quieren ciudad, luces, comodidades o tecnologías. Nunca el ser humano en la historia ha estado tan desconectado del medio del que procede, que es la naturaleza. La educación ambiental y la formación son para dar herramientas a quien quiera acercarse a esto, pero también para retroalimentar a la gente que ya tiene ese sentimiento.
¿Qué respuesta os dan las personas de las zonas donde dinamizáis el territorio?
Transmiten ilusión. Para mí la gente del mundo rural es la verdadera protagonista. Creo que les debemos dignidad. Durante muchas generaciones, se ha echado por tierra a la gente que quería vivir en aldeas o en lugares más remotos y ha llegado el momento de que, como sociedad, les demos valor. Al final, que estén ahí es fundamental para que tú un domingo des un paseo y disfrutes. Si se van, los caminos se cierran. Falta algo que hay en otros países europeos y que tiene que ver con ese agradecimiento a la gente que está cuidando de ese paisaje que tanto te gusta.
¿Qué les dirías a las personas que quieren ayudar y no saben por dónde empezar?
Les diría que se impliquen y participen. Es decir, implicarse supone desde coger un teléfono y llamar a una entidad pequeñita que hay en una sierra de su pueblo, a ir a un voluntariado un domingo por la mañana para aprender y conocer a las personas y la naturaleza.

