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El empleo favorece la salud mental de quienes migran a la fuerza

Un estudio de Cruz Roja destaca la importancia del empleo y la ocupación remunerada para salvaguardar la salud mental de las personas que sufren una migración forzosa. No es el único factor, hay muchos otros, y todos ellos se recogen en el trabajo. El estudio aglutina más de mil casos de personas que viven este proceso, y analiza testimonios de migrantes, solicitantes de protección internacional, profesionales, personal técnico y voluntariado con el objetivo de crear un plan de acción que minimice las consecuencias psicológicas.

El empleo y la ocupación remunerada es lo que más puede proteger a cualquier ser humano frente a los riesgos y afectaciones derivadas de la migración forzosa. Así se señala en el informe de Cruz Roja “Atravesando fronteras, abriendo puertas, cerrando heridas: un proceso dialógico sobre la migración forzosa y la salud mental y psicosocial de las personas que llegan a España (Andalucía)”, con un título tan extenso y ambicioso como su propósito.

Se han analizado 1.025 casos, han participado más de 100 personas entre migrantes, solicitantes de protección internacional, profesionales, personal técnico y voluntariado, con el método de investigación de acción participativa (IAP)… Además se han realizado 18 entrevistas, 6 grupos de discusión y 27 sesiones de trabajo. Y aunque se ha realizado en Andalucía, sus conclusiones se pueden extrapolar a cualquier situación de migración forzosa.

El estudio, en principio, trata de empoderar a las personas situándolas como centro de su contexto próximo, el de la sociedad de acogida. A partir de ese momento, se busca crear un sistema que permita también adaptar la intervención de Cruz Roja, sensibilizar a la sociedad, con material basado en las experiencias reales. Su plan de acción incluye propuestas alternativas para la mejora de la salud mental y psicosocial de las personas migrantes, con pequeñas y grandes acciones del día a día y a través de la atención directa, la sensibilización, la formación transcultural, la acción intersectorial y la abogacía de los derechos humanos.

Otros factores para una integración más sana

El trabajo otorga al empleo y la ocupación remunerada un lugar de privilegio para salvaguardar la salud mental de las personas migrantes. No hay que obviar, sin embargo, la importancia de muchos otros factores que hacen posible una integración más sana: especialmente importantes son el apoyo familiar, la vinculación emocional con la familia y los hábitos de vida saludables.

También pueden tener una influencia muy positiva las prácticas espirituales, la educación y la formación, las habilidades sociales, y el apoyo de la red social. E igualmente habría que destacar la importancia de concesiones que se hacen desde fuera, como el reconocimiento del talento y el de la capacidad de liderazgo. Otra de las premisas que se señalan como claves para que las personas migrantes crezcan y puedan reiniciar su vida con mejores expectativas de salud mental es la disposición de espacios libres de violencia y relaciones seguras.

Para la integración de la diversidad y minorías racializadas, el informe revela la necesidad de abordar las diferentes vulnerabilidades entrelazadas como sexo, género, etnia, orientación afectiva y sexual, y otros aspectos de identidad. “Cuanto mayor es la vulnerabilidad derivada de la migración forzosa, género u orientación afectiva y sexual, mayor es la afectación clínica y menor la presencia de factores de protección”, se apunta.

Como es lógico, la buena salud mental para quienes padecen una migración forzosa tiene mucho en común con la de cualquier otra persona: comparte los beneficios de practicar deporte, cuidar la alimentación, dormir bien, disfrutar de una sexualidad sana dentro de unas relaciones libres de violencia, sentirse querido o querida en el entorno de acogida, y gozar del sentimiento de pertenencia a un grupo. Si bien es cierto que en alguno de esos conceptos sus necesidades son más acusadas por la mayor dificultad para satisfacerlas.

Motivos y tiempos para enfermar y para curar

La salud mental de la persona migrante y de su familia se resiente desde el mismo momento en que se ve expuesta y huye de su país de manera forzada para cambiar sus condiciones de vida. El motivo puede ir desde los conflictos armados y los desastres naturales, hasta las persecuciones por género, con exposición a diferentes tipos y niveles de violencia. El periodo de mayor afectación suele transcurrir entre 6 meses o 1 año antes de la huida.

También el viaje afecta de diferente manera a las personas: son más vulnerables quienes viajan en familia, especialmente si hay menores (por la preocupación que conlleva cubrir sus necesidades). Una vez alcanzan su destino los problemas de salud mental se derivan, habitualmente, del contexto. Son problemas de comunicación, económicos, laborales… y van ligados a la nacionalidad y el sexo.

Pese a todo, la migración forzosa no es patologizante, no implica enfermar para toda la vida. Quienes la sufren pueden llegar a tener una vida normalizada con el correspondiente acompañamiento psicosocial o psicológico.

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