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Las piscinas, en el punto de mira a causa de la sequía

Solo en Málaga hay más de 79.000 piscinas, mientras que muchas personas sufren restricciones de agua por la situación de excepcionalidad debido al cambio climático

Mar Bassa

Se lleva hablando de sequía desde hace algunos años, pero ha cobrado más fuerza en este último, desde el verano de 2023. Llueve poco y muchos de los embalses no están, ni de lejos, en condiciones de abastecer la demanda del agua de la población española. Muchos de ellos están a la mitad de su capacidad, pese a que la situación mejoró gracias a las pocas lluvias de marzo. En España, casi 12 millones de personas conviven con algún tipo de restricción en su municipio. Los motivos pueden ser por escasez, contaminación o porque se da prioridad a otros usos. A pesar de ello, en las zonas más afectadas se dio luz verde al llenado de piscinas.

Es el caso de Málaga y el Campo de Gibraltar, las más castigadas en Andalucía. Tras poner pegas en un primer lugar, semanas después el comité de gestión de la sequía de las cuencas mediterráneas, que afecta a las provincias de Cádiz, Málaga, Granada y Almería, dio permiso para el llenado de piscinas privadas que en principio quedó en el aire. Sin embargo, la Junta de Andalucía comunicó la obligatoriedad de contar con un sistema de recirculación del agua.

También se aprobó permitir duchas en establecimientos deportivos y piscinas de la costa de Málaga; las duchas de las playas de la capital y de la Axarquía para personas con movilidad reducida en las playas. Sin embargo, muchas de las duchas de la Costa del Sol no funcionan y avisan por megafonía que se debe a la “situación de sequía”.

Priorizar al turismo por encima de quienes residen en España

El experto en sequía de Greenpeace, Julio Barea, sostiene que la autorización del llenado de piscinas es “un ejemplo más de mala gestión” de las fuerzas políticas. En Málaga se puede llenar cualquier piscina —hay más de 79.000—. “Las piscinas gastan, pero os aseguro que los campos de golf gastan mucho más”, ha remarcado el experto en sequía.

La malagueña Yaiza Ceballos ha expresado su malestar con esta medida: “El llenado de piscinas lo han hecho para atraer al turista y para ganar votos de la gente que tiene piscina, mientras que las duchas de las playas están cerradas, lo importante es tener contento al turista frente a los ciudadanos de Málaga que tenemos restricciones”. También ha mostrado desacuerdo en el agua de los campos de golf, que están destinados sobre todo al turismo. “Va a llegar un punto en el que no vamos a tener para beber, las lluvias que cayeron hace unos meses no fueron para tanto, no puede ser que en casa intentemos
ahorrar el máximo de agua y luego pase esto y se malgaste el agua”, ha dicho.

Ceballos, que vive en Benalmádena, denuncia que “no es justo” que el vecindario tenga restricciones de agua mientras que se permite el llenado de piscinas para “contentar a unos pocos”, ya sea de uso privado como en casas o como en los hoteles. De nuevo, pone el foco en el turismo, algo que “se prioriza” en Andalucía. Incluso más que el bienestar de las personas residentes.

Situación en Cataluña

Algo similar ocurre en Cataluña. Las lluvias de marzo y de abril supusieron un respiro para la cuenca, que pasó en dos meses de un volumen de almacenamiento del 14,5% al 23,8%. El Govern de Catalunya, bajo el estado de excepcionalidad de sequía, autorizó el llenado de piscinas siempre y cuando no estuvieran vacías. “Solo pueden llenarse las que no se han vaciado y se han mantenido a lo largo del año”, ha indicado Barea.

El Decreto Ley 4/2024, de 16 de abril, por el que se adoptan medidas urgentes para paliar los efectos de la sequía en el ámbito del distrito de cuenca fluvial de Cataluña de la Generalitat, dice que se permite el llenado de piscinas siempre que, “mediante la aplicación de medidas de ahorro adicionales, como el cierre total o parcial de las duchas, se logren ahorros de agua equivalentes al volumen de agua empleado en el relleno de la piscina”. No se podrían llenar si la localidad se encontrase en estado de emergencia, situación de la que han logrado salir los municipios después de las lluvias de mayo y junio.

Las lluvias de marzo, un alivio

Tal y como indica el informe mensual de seguimiento de la situación de sequía y escasez del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, los primeros meses del año hidrológico 2023/24 permitieron superar la situación de escasez en la cuenca del Duero y en la mayor parte de la cuenca del
Ebro. Por el contrario, las cuencas intracomunitarias de Andalucía y Cataluña, Guadalquivir y Guadiana acumulaban varios años secos y problemas de escasez, manteniendo un carácter seco.

Las lluvias de marzo en buena parte de la Península supusieron un “alivio importante” para algunas zonas, con especial relevancia en Guadiana y Guadalquivir, y en la parte más occidental de las cuencas intracomunitarias andaluzas. Por otro lado, el registro de lluvias de las cuencas internas de Cataluña no fue suficiente para revertir los graves problemas de escasez ya existentes. Las precipitaciones de abril permitieron una mejoría moderada.

Julio Barea ha indicado que las medidas políticas llevadas a cabo y la gestión son “muy malas”, ya que “se esperan a que haya sequía” para tomar las medidas. “Esas medidas son parches, no son otra cosa, y hasta ahora les ha funcionado más o menos bien”, ha señalado.

Propuestas para paliar la sequía

Julio Barea remarca que cada año suben más las temperaturas y que el cambio climático es evidente: “Las sequías van a ser más largas y más prolongadas, los patrones de lluvias están cambiando, en muchos sitios está lloviendo al año lo mismo, pero no de forma distribuida, sino que llueve en dos, tres o cuatro días». También ha cambiado el consumo del agua: “Vivimos como si fuéramos un país rico en agua, como Noruega, Finlandia o Suecia, y no lo somos y lo vamos a ser mucho menos”, lamenta.

Una de las propuestas es recortar y ahorrar en la agricultura, que es, según el experto, “el mayor consumidor de agua de nuestro país”. También pide controlar todas las “extracciones ilegales de agua que se están produciendo”, porque “nadie quiere hacer nada”. Julio Barea pone de ejemplo el cierre de los pozos del Parque Nacional de Doñana.

Desde Greenpeace animan a luchar contra el “grave estado de sobreexplotación y contaminación” que sufren nuestras aguas y “prestar especial atención” a las aguas subterráneas, al ser reservas estratégicas y “aún muy desconocidas” y mejorar el control del “uso ilegal” del agua. Por último, “superar la política hidráulica tradicional” y abordar una “verdadera transición hidrológica” que responda al actual contexto de cambio climático.

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